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viernes, julio 1, 2022

Carta de las mujeres de este país, se presenta en Pereira

Es tendencia

El eje roto del alma

Todas las lágrimas

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Gabriel Posada*

El martes 30 de julio en la biblioteca pública Ramón Correa Mejía del centro cultural Lucy Tejada, se presentará el libro de poemas “Carta de las mujeres de este país” del escritor bogotano Fredy Yezzed, obra Mención de Poesía en el Premio Literario Casa de las Américas 2017, (La Habana, Cuba).

El evento en asocio con el colectivo Magdalenas por el Cauca lleva por nombre “Son otros los que hacen la guerra” y será presentado por la poeta Yorlady Ruiz López.

El libro se lanzó el pasado 20 de junio en la Casa de poesía Silva en Bogotá y en su itinerancia por todo el país los poemas han sido leídos en su mayoría por mujeres víctimas de la violencia en Colombia.
En Pereira junto a Fredy Yezzed la lectura estará a cargo de Carolina Hidalgo (poeta) y Elizabeth Bedoya Macera (madre de Juan David Vargas Bedoya y Yeison Vargas Bedoya, asesinados en el año 2005 y 2008, hechos actualmente revisados por la JEP).

“Carta de las mujeres de este país es un libro donde las madres, esposas, hijas y hermanas le escriben a los desaparecidos de Colombia, y por extensión, a todos los desaparecidos de Latinoamérica. Nos revela con gran belleza, imaginación y hondura ese país que no muestran los medios de comunicación, ese país dolorido, ese país humillado por la guerra. Es un libro que honra y acompaña a las mujeres, quienes son las que construyen, como sobrevivientes, la Verdad, la Justicia y la Memoria. Son poemas que palpitan llenos de amor, esperanza y compasión. Nos dice a través de un entramado epistolar que la poesía no puede ser indiferente frente al dolor de nuestros hermanos, que la poesía es el otro”.
(Freddy Ñañez, jurado Premio Literario Casa de las Américas)

Junto a la presentación del libro de Fredy Yezzed se presentará el poemario “Metamorfosis I” del poeta Eduardo Bechara Navratilova.
Muy invitados a esta cita con la palabra para transformar y sensibilizar sobre realidades del país y mediar entre el horror y la belleza, sobre la atrocidad que la violencia ha dejado sobre los vivos y las marcas de espaviento sobre los muertos, la poesía como otra forma del arte nos invita a pensarnos desde otras dimensiones para la paz y la convivencia.
* Colectivo Magdalenas por el Cauca

 

 

El autor
Freddy Yezzed nació en Bogotá en 1979. Poeta, escritor y activista de Derechos Humanos. Después de un viaje de seis meses por Suramérica en 2008, se radicó en Buenos Aires, Argentina.

Tiene publicado: La sal de la locura, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010; 5ta ed. Bilingüe español-francés, Nueva York Poetry Press, Nueva York, 2018), El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (Ediciones Del Dock, Bs. As., 2012; 4ta ed. AG Ediciones, Montevideo, 2018) y Carta de las mujeres de este país, (Nueva York, 2019), por el que recibió la Mención de Poesía en el Premio Literario Casa de las Américas 2017, La Habana, Cuba.

Es licenciado en Lenguas Modernas de la Universidad de La Salle y profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es profesor de Escritura Creativa en La otra figura del agua: clínicas y talleres literarios.

 

CARTA DE LAS MUJERES DE ESTE PAÍS
Aquí estamos, con la espuma en la mano frente a los trastos,
escuchando el sonido de la sangre. A través de la ventana, la luz de la luna
ilumina los metales y las pompas de jabón.

Estamos ya viejas y recordamos cosas frágiles. Todas nosotras estábamos allí.
Nos dejaron vivas para que pudiésemos decir las manzanas podridas.
También para que susurremos mientras gotean nuestros dedos:
“No nos arrebataron el amor”.

Quisiese que el dolor se fuese como se va la grasa por el sifón.
Pero el dolor está ahí como un hijo creciendo adentro nuestro.
El dolor nos dice: “Hijas mías, mirad cómo han mudado de alas”
Hay brillo en las cucharas y los tenedores, pero el recuerdo, el rayo,
el apellido de nuestros hombres aún sigue latiendo entre las manos.

Mientras lavamos una olla, un sartén, un colador, hay una que imagina
bañar y acariciar el pecho, las manos, los pies de su hombre.

Son otros los que hacen la guerra, pero somos nosotras
las que cargamos las carretillas de lodo de un cuarto al otro.
Entre nosotras y el grifo de agua, la luna y nuestros difuntos cantando.
No nos marcharemos sin más. Vamos a lo profundo del ministerio.

Buscamos en el humilde jarro de nuestro pozo las palabras más sencillas
para decir con exactitud la costilla rota, su mano tronchada, sus ojos abiertos y quietos.
Cuánta pena hay en esta tarea diaria de lavar los platos, los vasos, nuestras sílabas.
La guerra tiene el nombre de un varón, pero la memoria, las vocales temblorosas de una mujer.

Nadie mejor que nosotras lo sabemos: “Todos somos culpables en la pesadilla”.
Y no hablar, lo creemos casi doblando las rodillas, es morir frente a los hijos.
Ninguna se oculte en la casa limpia, ninguna diga nunca, ninguna deje de desollar el alma.
Aquí estamos las mujeres de este país sacándole brillo a nuestros muertos.
Aquí estamos las mujeres de este país edificando con espuma
el amor. Aquí estamos las mujeres de este país
con la luna entre las manos.

Para estar informado

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