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martes, junio 18, 2024

Capítulo abierto dedicado a Ismael Romero Pacheco

Para lograr el verdadero impacto y despertar ese interés en el oficio como lector, se requiere inculcar la lectura como un goce infinito. Panamericana Editorial.

Jefferson Echeverría

Dejando de lado los formalismos, siento el deber humano de dedicarle este capítulo a Ismael Romero Pacheco como una forma de agradecimiento humilde y sincero. Los motivos son varios, pero el más esencial se debe al optimismo que me produjo explorar su creativa obra llamada Voces híbridas: leer y escribir en tiempos de WhatsApp. Créame, durante el viaje que emprendí en sus ocho capítulos, cada experiencia apoyada en una gran variedad de métodos ingeniosos y de prácticas eficaces, ha logrado renacer en mí, un docente que aún sigue asumiendo la ardua responsabilidad de formar lectores activos, un sentimiento de vocación que por momentos se iba desvaneciendo por culpa del desencanto. 

En una época donde todas las verdades parecen absolutas por el simple hecho de acceder a una pantalla, donde mantener una concentración es casi una labor titánica debido al sinfín de elementos distractores que nos ofrecen las redes sociales y donde, al parecer, las prioridades de un sistema educativo anquilosado en un modelo incompetente se concentran más en graduar que en formar lectores activos e integrales, nos queda encaminar este barco llamado sociedad con las poderosas armas de la lectura y de la escritura. Sí, es un desafío, más cuando las garantías únicamente dependen de nuestro ingenio para crear métodos que resulten óptimos y que produzcan en los estudiantes un interés sincero, autónomo y humano por leer y escribir el mundo que los rodea. 

Aportes significativos

Aunque el panorama parezca desolador y solo nos limitemos a un aparente sentido de resignación, no por eso podemos desvirtuar aportes significativos que varios maestros como usted han asumido con auténtica vocación. Son varios los puntos a reconocer a medida que se abordan temas tan significativos a lo largo de cada capítulo de su obra; sin embargo, me tomaré la molestia de mencionar los que considero, a criterio personal, son los que más interés me produjeron a lo largo de la etapa de reconocimiento como lector. 

Comparto plenamente la percepción que usted trata sobre la lectura. En efecto, cuando conjugamos el verbo leer, siempre solemos asociarlos a la convención de abrir un texto y recorrer, ya sea en silencio o en voz alta, equis cantidad de páginas o, por el contrario, en aborrecer su contenido por causa de algún desinterés manifiesto. No obstante, el ejercicio de leer no siempre se extralimita a una acción particular. Si bien es una extensión imprescindible en el oficio de descubrimiento, trayectoria e impresión textual, resulta imprescindible poder abordar distintas razones que amplíen su dimensión como acto integral. Por ejemplo, desde que llegamos al mundo y recibimos las primeras señales de existencia, empezamos a leer con los sentidos cada elemento que nos vincula al presente: los sonidos, los lugares, las caricias, las demostraciones de amor, se convierten en esas fuentes de cercanía con la realidad que, en principio, nos vincula a través de las emociones y muchas veces logra registrarse en nuestra memoria. 

Concebimos también la lectura como una práctica universal, pues gracias a sus conjuros infinitos, logramos visitar otros mundos posibles. Sus palabras, destinadas a la inmortalidad, nos permiten explorar otras realidades y emprender viajes a lugares imaginarios desde la tranquilidad de nuestras casas o en la soledad de un bosque. Hasta podemos darnos el lujo de representar vidas posibles bajo el poder inigualable de la ficción, porque en sus múltiples estados de conexión con otras épocas, se encuentra indudablemente el de interpretar esos mensajes a veces evidentes, otras veces secretos, que se nos ofrecen a modo de revelación. Pero al ser esta práctica tan fascinante, tan llena de múltiples travesías, de experiencias emotivas, las primeras señales de confusión surgen como un primer enigma sin resolver al momento de preguntarnos, si es tan maravillosa la lectura ¿por qué suele ser ignorada por nuestras generaciones actuales?

Práctica fundamental

En su obra hay una posición interesante que trata de explicar dicho enigma. En primera medida, usted puntualiza una práctica fundamental que todos debemos recitar como si fuera un poema breve o un microrrelato: es necesario leer para vivir. Esta percepción encaja perfectamente en alguien que todavía no concibe la lectura como una necesidad y no le encuentra sentido alguno a este arte. Ni siquiera los académicos más acérrimos, quienes siguen empeñados en considerar la lectura como un modelo cuadriculado, casi inquisidor, han logrado comprender que en esta nueva era es necesario rescatar las obras con estrategias que vayan más allá de una imposición textual y tormentosa. 

Para lograr el verdadero impacto y despertar ese interés en el oficio como lector, se requiere primero inculcar la lectura como un goce infinito, ese mismo que promovió alguna vez el gran Borges. En segunda medida, se destaca que, en esta época donde hay mucha información, pero a la vez se comprende menos, qué mejor forma de evitar restricciones en los libros acercando a todos a una exploración fervorosa de los géneros literarios sin importar las edades, pues, bien lo manifiesta usted en un brillante apartado: “no existen libros por edades sino edades para leer”. 

En cuanto a la escritura, es fascinante cómo replantea este ejercicio mediante recursos prácticos, que quizás para las mentes más ilustres de la academia (en ese afán por preservar la escritura como una fuente sagrada y remota de la que sólo puede estar al alcance de aquellos genios dotados de una amplia riqueza sintáctica y estructural) parezcan poco ortodoxos. Aunque la gramática es un factor determinante en la comunicación escrita, y nunca debemos prescindir de sus reglas, no siempre puede ser la única forma de generar un acercamiento a los jóvenes en su iniciación a este oficio. Me llamó la atención un error que usted menciona y por el que muchos docentes caemos al momento de revisar cualquier escrito de nuestros estudiantes: solamente nos limitamos a corregir puntuación, palabras mal escritas o coherencia en las oraciones, y de últimas, cuando el texto está repleto de círculos y tachones multicolores, nos concentramos en valorar las sensaciones, en reconocer ese esfuerzo narrativo que se está construyendo en esa hoja. 

El escribir desde la experiencia propia no siempre debe estar supeditado a una estructura lineal, sino más bien alternativa, orientado por estrategias llamativas que se vislumbran en su obra y que pueden ejercer una brillante influencia pedagógica. Un chisme, un cuento refrito, una noticia, una metáfora imposible, una canción, un horóscopo, muchas veces logran un alcance favorable que transforma la concepción de todos aquellos que perciben la escritura como una práctica solamente destinada para novelistas, dramaturgos, periodistas o poetas. Una impresión que puedo destacar de esta parte en específico, es que todos nacemos siendo poetas, sólo que muchos no nos damos cuenta, sin embargo, las palabras que decimos se escriben en las páginas del viento y llegan en forma de susurros a otros oídos para así escribir capítulos eternos en ese gran libro de la inmortalidad.     

Es un amigo

Dentro de esa amplia gama de actividades y experiencias, me produjo consuelo ver que usted, al igual que muchos docentes, no conciben la tecnología como un enemigo al cual silenciar o censurar; todo lo contrario, puede ser un aliado indiscutible siempre y cuando se utilice con responsabilidad y propósito pedagógico. Usted menciona una serie de aplicaciones y páginas cuyos enfoques posibilitan la escritura interactiva. Al no ser ajenos a estas herramientas se logra una comunicación flexible ya sea a través de un tuit, una publicación literaria en una red social, un anuncio o, algo que lo tomaré como ejemplo para futuras clases, un aviso clasificado, mencionando como referencia las actitudes y aspectos de los personajes que están descritos en una novela o un cuento. 

Leer y escribir también es invitar, por esta razón, considero importante que este libro sea leído tanto por docentes que desean extender la magia de la lectura y de la escritura en sus estudiantes, como por aquellos héroes que promueven esta práctica maravillosa en su quehacer diario como una manera de confrontar la realidad a través del viaje y la creación de otros mundos posibles. 

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