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sábado, julio 2, 2022

Alfredo Gartner Valencia

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Alfredo Cardona Tob?n

A? las diez de la mañana del? 21? de enero de 2019 se oficiaron las honras f?nebres de Alfredo Gartner Valencia en la catedral de la Virgen de la Pobreza de la ciudad de Pereira.? Un sacerdote? exalt? su memoria, record?? al hombre festivo enamorado de la vida, al amigo que en cada abrazo, que en cada carcajada trasmit?a alegr?a, optimismo y la fuerza vital? de aquellos que tienen el alma noble y el coraz?n puro.

 

La catedral estaba llena y con la imagen de la Virgen de la Pobreza en el fondo del templo reposaba la urna con? las cenizas del amigo, cuya existencia, como la de todos los mortales, estaba marcada por? el llamado de la sangre; por eso? Alfredo Gartner hab?a heredado el gusto de? vivir de sus ancestros caucanos, el amor por la tierra de los abuelos paisas y el coraz?n sin arrugas del alem?n que un d?a lejano, dej? atr?s las campi?as europeas para adentrarse en los socavones marmate?os? tras el oro y dejar en las entra?as de una criolla la impronta de los Gartner.

 

Le dol?a su pa?s, le dol?a su tragedia y sufr?a con los sucesos de Balboa donde todos conoc?an los victimarios menos las autoridades encargadas de preservar la vida de los ciudadanos. Por eso milit? en las huestes de? Luis Carlos Gal?n, cuando? el intr?pido santandareano? hizo frente a la maquinaria perversa que sigue manejando al pa?s; y? Alfredo, sin esperar cargos ni beneficios, llev? la voz? del l?der a los rincones pereiranos y traseg? los caminos de Risaralda con los mensajes del Nuevo Liberalismo. Fue una campa?a dif?cil, erizada de peligros; en uno de los recorridos acompa?? a Gal?n hasta el reducto rebelde de la vereda de Batero pese a las amenazas de los seguidores de? César Gaviria, que impidieron al helic?ptero descender en la zona urbana de Quinch?a. Lo triste fue que esa misma gente se declar? galanista cuando el? aguerrido? capit?n estaba a las puertas de la presidencia.

 

M?s que cafetero o ganadero,? Alfredo Gartner ten?a como oficio ser balboense,? pues su desvelo continuo era trabajar por los intereses de su pueblo natal: fue miembro de la Cooperativa de Caficultores, perteneci? a las Juntas veredales de La Aurora y Cocohondo, y con su hermano Germ?n y el t?o Emilio form?? la tripleta de los Gartner que escribi? buena parte de la historia contempor?nea del municipio y represent? los intereses más caros del occidente risaraldense.

 

No fueron f?ciles los setenta y cuatro años que Alfredo Gartner estuvo en este mundo: qued? hu?rfano de padre y madre desde muy tierna edad;? creci? en internados de Manizales sin las sonrisas maternas ni el calor protector de su padre, y aprendi? con poca ayuda a hacerle frente a los vaivenes del destino, gradu?ndose con honores en la Universidad de la vida. Aunque hered?? alguna fortuna, los malos negocios y sobre todo los desastres de la roya y de la broca que afectaron los cafetales, sumados a los bajos precios internacionales del grano, menguaron su? bienes; pero ello no lo amarg?, esos golpes de fortuna no mermaron su car?cter festivo, no silenciaron el chiste oportuno ni tampoco las sonoras carcajadas con que celebraba las ocurrencias de sus amigos, que fueron muchos, que fueron un mill?n, como podráa decirse al ver la catedral repleta acompa?ando sus cenizas.

 

Fue generoso y atento a lo que suced?a? a sus amigos y parientes para tenderles una mano, para acompa?arles en los ?xitos y fracasos. Estaba al tanto del enfermo, de quien sufr?a una pena o gozaba una alegr?a. All? estaba Alfredo en las buenas y en las malas, en la desgracia y en? la dicha…

 

La muerte lo agarr? a mansalva; hace? apenas dos meses estaba haciendo planes y planteando un negocio de clonaci?n de embriones de pl?tano, pero de repente apareci? el enemigo que ven?a corroyendo su organismo desde años atr?s: en sus pulmones? estaba el tabaco agazapado preparando el golpe artero que le cort? la existencia.

 

En los ?ltimos d?as? Alfredo estuvo acompa?ado de una legi?n de amigos, que aunque no pod?an estar físicamente a su lado oraban por la recuperaci?n del compa?ero. Qu? grato morir como muri? Alfredo: sin agon?a larga, cerca de María Teresa, la mujer que lo am? desde ni?a y cerca de su ?nico hijo Andr?s Felipe,? calco de su alegr?a y? heredero de su? don de gente.

 

Por los arcanos del destino Andr?s Felipe tuvo un extraño presentimiento que apresur? un viaje a la Argentina; quer?a darle a su padre un viaje maravilloso, mostrarle el pa?s? que hab?a sentido en los? tangos y milongas, en el futbol y en los paisajes que de ni?o vio en Peneca y en Billiken, unas revistas llenas de color y belleza donde se paseaba el indio Patoruz? con su Patorucito. Fue un paseo m?gico por? la Patagonia, por las Cataratas de Iguaz? y? el Gran Buenos Aires con sus teatros y sus museos.

 

En el sur se evidenci? el deterioro de la salud? Alfredo Gartner y al llegar a Pereira se agudizaron los s?ntomas de la enfermedad.? El desenlace fue r?pido, a ojos vista se hizo patente la partida del camarada que pidi? que los despidieran con sonrisas y? recalc?, como ?ltimo consejo a sus compa?eros, que? huyeran del demonio personificado en el humo del cigarrillo.

 

Parti? a la edad de 74 años. No tantos para la familia de ra?ces longevas. Todav?a ten?a tiempo para ver los nietos que no alcanz? a acariciar. Se nos fue Alfredo a destiempo, no tendrá placas ni estatuas? porque no fue un pr?cer ni tampoco un h?roe, pero? en vez de? placas y estatuas tuvo el honor? de quedar? enquistado en el coraz?n de todos los que lo conocimos. Paz en su tumba y en su honor una sonrisa, o mejor una sonora carcajada.

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