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Pereira
domingo, enero 29, 2023

A la Florida en bicicleta

Alan González Salazar

Esta mañana el sol abrirá los caminos que circundan la montaña y –en lo profundo del cielo sin nubes- uno buscará imitar el salto del pájaro sobre la rama última del árbol, el empeine del pie desnudo, saltos de diez mil leguas, esto hemos de buscar quienes salimos en bicicleta hoy domingo, buscamos adentrarnos en la montaña, hacia la cuenca alta del río Otún, a contracorriente, ¡se trata aquí de la conquista de la propia altura! ¡La montaña del alma! Del esfuerzo y el ritmo, del control consciente del dolor, de la conquista del cuerpo, en fin, de la disciplina, es una suerte de ascesis, de apertura de la capacidad pulmonar en cada pedalazo, un reencuentro con la vida y con el aire ¡Son las preguntas a golpes de sangre del corazón!

Cuando se deja atrás la ciudad y su ruido metálico y es de nuevo el seseo del agua, de la espuma, del viento entre las ramas, de la tierra ondulante de la cordillera que inventa y sorprende con paisajes siempre nuevos, gran parte de ellos ya poblados de fincas –que más parecen fortines- cuyos cultivos se tienden y tapizan las laderas, imponiéndose así al ánimo, le es imposible al espíritu no entregarse a la sensación de inmensidad, a la sensación de vastedad y –como el trayecto ha sido intervenido por la administración pública- se puede uno detener en cualquier balcón de estos que han ideado para contemplar el río y dejarse mecer por el paisaje y bueno, si no se hace mucho ruido, tal vez se corra la suerte de pasar a través de los ojos del barranquero, del anillo de fuego de sus ojos, para volver al mismo lugar, ya desnudo de prejuicios ¡Esta es un agua que lava el alma y arrastra en su cauce la luz!

¡Qué alegres se ven las familias que suben al corregimiento de la Florida! ¡Cómo prosperan los negocios de bebidas y de alimentos al borde del camino! ¡Cuántos murales y mosaicos y esculturas! Muchos de estos campesinos viven del cultivo de cebolla China o cebolla larga, cilantro, del café de ladera, de la papa y criaderos de trucha; hay gallinas y gallos que cantan por doquier y una plaga bíblica de moscas, de animales que torturan en los mataderos y pasan de inmediato a la mesa de los comensales.

Para muchos bañarse en las aguas del río San Juan tiene un valor ritual, anímico, de preparación del cuerpo para las labores de cada semana, por eso se abandonan con sus mujeres al sol y dejan los niños correr.   

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