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martes, agosto 9, 2022

La utopía del amor fraternal: ¿Un trasplante fortuito o una frustración histórica?

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Ángel María Ocampo Cardona*

A propósito del nuevo libro del escritor y académico caldense Julián Chica Cardona, Filadelfia y el Filósofo, viene al caso recordar la utopía del Amor de los Hermanos. Según el Diccionario de la Real Academia Española, Utopía es un “Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización”. O la “Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. Ejemplos de utopías en la historia son La República de Platón, La Ciudad de Dios, de San Agustín, La Utopía de Tomás Moro, La Abadía de Thelema, en Gargantúa de François de Rabelais, La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella y La Nueva Atlántida, de Francis Bacon.

Pero hay una utopía cuyo derrotero en la historia del pensamiento universal, ha trabajado muy bien el escritor caldense Julián Chica Cardona en su obra citada, recientemente publicada por la Gobernación de Caldas en conmemoración del centenario del natalicio del pensador Danilo Cruz Vélez: La utopía de La Ciudad del amor fraternal.

El libro Filadelfia y el Filósofo es en sí un ensayo entre histórico, literario, filosófico y poético que le permite al lector avanzar por la ruta comprensiva de esa utopía que nació como una idea para dotar a la humanidad de la armonía natural eternamente buscada y eternamente frustrada, y que desde los tiempos de Alejandro Magno (389-356 a.C.), ha procurado asentarse territorialmente en un lugar físico, en el insaciable pero siempre malogrado afán de convertirse en realidad. De la mano de Chica Cardona vamos haciendo el recorrido desde el origen mismo de la utopía de la Ciudad del Amor Fraternal, pasando por la primera Philadelphia asentada al suroriente de la Decápolis o Federación de las Diez Ciudades Griegas, continuando con la primera Philadelphia asentada en el Nuevo Mundo, en el contexto de la colonización de América del Norte bajo el liderazgo de William Penn, de cuyo nombre se derivó Pensilvania (los bosques de Penn), en las décadas finales del siglo XVII, hasta llegar a la Filadelfia fundada por colonos paisas en el Estado Soberano de Antioquia de la segunda mitad del siglo XIX, o sea la actual población del noroccidente de Caldas.

Incertidumbre

Considerando que la incertidumbre estimula la búsqueda de nuevas verdades, el escritor Chica Cardona ha decidido con buen acierto, dejar en el lector la perplejidad sobre la motivación que llevó a los colonos y fundadores paisas a bautizar la población que se desprendió de Aranzazu en la segunda mitad del siglo XIX, con el nombre de Filadelfia. Porque es difícil creer que unos campesinos pobres y desplazados de las tierras mineras de la provincia de Antioquia, y por lo tanto excluidos de los beneficios de la cultura, para quienes el primer impulso era la subsistencia material y no las especulaciones intelectuales e ideológicas, estuvieran lo suficientemente informados sobre lo que sucedía en América del Norte con la fundación, desde 1682, de la ciudad de Philadelphia en el Estado de Pensilvania. Una gesta dirigida por un grupo de colonos ingleses movilizados al ardor de un sueño cuáquero de establecerse en un territorio alejado de jerarquías eclesiásticas y empeñados en la observancia de una religión carente de cultos exteriores. Aunque bien vale la pena imaginar que muchos de los nombres de las fundaciones realizadas en el marco de la gesta colonizadora de los antioqueños, fueron impuestos por quienes desde el Olimpo Radical, alentaban y daban orientación a los movimientos migratorios en busca de territorios baldíos. Olimpo Radical en el que sí se movían mentes lúcidas y cultas de la nueva ilustración del siglo XIX, seguramente practicantes de los ritos masónicos que impulsaban el establecimiento de una sociedad igualitaria y culta, y que por tanto estarían interesados en perpetuar al menos en forma meramente nominal, en estas tierras selváticas de Sonsón, la utopía señalada por los norteamericanos que en septiembre de 1787 realizaban su Convención Constitucional en la ciudad de Filadelfia, del Estado de Pensilvania.

El escritor Chica Cardona se luce bien en su obra como poeta, filósofo, historiador y ensayista. En sus palabras preliminares, se perciben trazos de fina poesía y encumbrada imaginación ensayística como este: “Los adoquines de mármol de la ostentosa Roma se tiñeron con la sangre de los Césares y ahora son un recuerdo fatuo, mientras la idea Philadelphia continúa reinventándose vigente en su esencia de salvaguardar esa razón ontológica del lazo de la sangre y construir con ella la utopía”. Como perspicaz estudioso de la historia universal, se solaza en el esclarecimiento de ese hilo conductor que lleva desde los reinados de Alejandro Magno, pasando por las gestas faraónicas de la era Ptolemaica y por el establecimiento de la ciudad de Philadelphia en la región de Galilea, hoy conocida como la Ammán de Transjordania hasta la llegada del cristianismo en el período del esplendor romano, que transforma la utopía del amor de los hermanos vinculados por la sangre a la utopía de la Ciudad de Dios, fundada en el amor de los hermanos vinculados por el Espíritu.

Historiador

Como sagaz historiador del devenir colombiano, Chica Cardona contribuye a mejorar la común comprensión que se tiene de la relación entre los sucesos de la Independencia, protagonizados en Antioquia por el General José María Córdova, los posteriores acaecimientos de la Guerra de los Supremos, liderados en la misma región por Salvador Córdova, la subsiguiente emigración de antioqueños hacia el sur siguiendo la ruta de los exiliados de dichas guerras, hasta la legendaria fundación de El Sargento (hoy Aranzazu), a cargo de un soldado desconocido que escapó de las penurias de esas confrontaciones civiles y que finalmente se escindió para dar lugar a la utopía caldense de la Ciudad del Amor de los Hermanos.

Y como filósofo, Chica Cardona ostenta su brillante vocación de pensador, hurgando en los orígenes de la idea Philadelphia, siguiendo la ruta de las sucesivas transformaciones de la utopía a través de los distintos períodos evolutivos del pensamiento filosófico, hasta llegar al florecimiento de una época de esplendor intelectual en su tierra natal, la Filadelfia del norte de Caldas, donde los frutos sazonados de esa evolución espiritual se encarnan en el músico y poeta José Macías y en el filósofo de estatura internacional, Danilo Cruz Vélez.

Remate

Justo para rematar su libro homenaje al insigne pensador filadelfiano, cuyo natalicio ha llegado este año a su primer centenario, Chica Cardona incluye en las páginas finales de su obra, el discurso en alabanza de la provincia, pronunciado por Cruz Vélez en 1977, en el centenario de su ciudad natal, y en el cual se recala en esa otra utopía que se deriva de la Ciudad del Amor Fraternal, trasplantada fortuitamente en Caldas o frustrada históricamente en el mundo: La de la ciudad como capital del progreso. “La gran idea del siglo XIX que hizo creer a los hombres que por fin iban a conquistar la felicidad por medio de la ciencia y la técnica modernas, que han hecho posibles la civilización industrial y lo que llamamos ahora la sociedad del consumo (…) Entonces fue cuando la ciudad comenzó a absorberse el campo y a crecer desmesuradamente, hasta hipertrofiarse en la megalópolis actual. Pero dicha promesa no ha podido cumplirse. Lejos de ofrecerle la felicidad al hombre, la ciencia y la técnica modernas han traído, al lado de un cierto confort, una gran zozobra (…)”.

* Filadelfia y el Filósofo. Julián Chica Cardona. Edit. Gobernación de Caldas – Secretaría de Cultura. Manizales, 2021.

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