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Pereira
martes, agosto 16, 2022

La palabra hexagonal

Diego Efe

«Pájaros de hielo»… ¿puede haber un título más romántico, trágico y bello para un poemario? Desde el encabezado, la forma hexagonal del libro y el contenido entreverado con poemas y pinturas, veo fuerza literaria. Pero no una fuerza ciega, sino una materialidad sensible transformada en verso y arte gráfico para lectores y coleccionistas. Un nuevo poemario que ve la luz gracias a la Editorial Dóblese, y esto, luego de una breve pausa de la editora Kyt Ache quien ahora regresa con una propuesta trasgresora y estéticamente prometedora.

De ahí que, frente a esta novedad, sea justo preguntarnos, ¿hay poesía en Pereira?, la respuesta es obvia, sí. Pues el inmortal Dante fue quien dijo, que donde hubiese virtud, verdad y perfección, allí habría poesía. ¡Exacto! Con determinación se puede afirmar que en la ciudad aún hay poetas, aún hay musas, aún hay nuevas formas de creación que emergen intermitentemente para contribuir a elevar el nivel cultural de este tinglado social. Acá el único desdichado eterno es Platón, quién no desea poetas en la polis, sin embargo, sin estos visionarios no tendríamos un país culto y sensible, no podríamos transmutar las facturas en poemas, o convertir la velocidad en un silbido apacible.

Ambos, poetas y ciudades, nunca han sido extraños entre sí, de igual forma que Pereira no es extraña para Kyt Ache y El Lorco, ni mucho menos puede serlo ahora que presentan el poemario «Pájaros de hielo», una obra que invita a aprehender el mundo de los sentidos, y nos anima con su lectura a insuflar ruah a esos pájaros de hielo para que cobren vida y vuelen hacia el interior del alma.

Y ya que me permito metáforas, considero a los poetas pereiranos como bedeles que caminan con una tea encendida en medio de la noche: iluminan lo oscuro, e imponen con sensibilidad, como diría Friedrich Hölderlin, la legislación de la belleza. ¿Y por qué la poesía debe legislar? Pues para transformar lo artificial en natural, o la nada en algo, ya que, al darle lengua a un mudo, lo que antes se llama “furor y locura” ahora puede ser llamado poesía. La autora, con estas fulgurantes líneas de su poemario, ya deja asentado que su trabajo tiene vivacidad y pálpito: “Bienvenida la palabra agria y espesa, poesía, dulce y ligera nos corrige y nos corrompe.”

Así entonces y para ser precisos, lo poético siempre será el género, y el poeta, el individuo, o hablando en plata, Kyt Ache es la poeta, y El Lorco, el artista. Dos espíritus comprometidos con las formas, los colores y los sonidos verbales que contemplan un reveur, empaquetado en un enjambre hexagonal de palabras e imágenes, para dejarnos ver como un ebrio, versos que vacilan, pierden su contorno y transforman su aspecto.

“Vuelan mariposas,

me confunden en sus alas,

voy volando,

queriendo alzarme hasta la luna,

naufragar en las babitas de dios”.

Babitas divinas que constituyen el misterio de la creación, ya que al superar lo obvio, jugar con la métrica, y romper con lo establecido, se fundan nuevas formas literarias que perduran. Porque lo que la poesía es, y lo que la poesía hace por nosotros, no es lo mismo. ¿Y cómo serlo luego de leer, verbigracia, unos títulos como Salmón, Dioses, o Paisaje de una transeúnte nocturna? ¡Imposible! Estos versos en «Pájaros de hielo» comunican una experiencia, paradójicamente, intransferible. ¿Me contradigo? No. Pues la creación de Kyt Ache nace de una experiencia intimista, que, arrojada al lumen del lector, hace nacer otras experiencias.

Los pájaros cantan, y el significado del sonido producido por ellos no es fácil de interpretar. En muchas especies aladas los sonidos están asociados a la atracción, al cortejo, en otras, son muestras de inteligencia superior. «Pájaros de hielo» cumple esta doble función, atrae y es inteligente, y he aquí, que, sin ampulosidades, se puede decir que esa es la poiesis poética y lo viral del verso. Finalmente, reitero, este nuevo poemario emitido por la Editorial Dóblese, es una experiencia que nos muestra la belleza de la palabra, y nos plasma el enigma de la imagen que necesita ser interpretada, pues a decir del escritor Rigoberto Gil Montoya: “El poeta se presenta errabundo, descomplicado y actor de primer orden en la jerarquía social de los lugares… y este entiende la vida como la quiso experimentar”.

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