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viernes, julio 19, 2024

La mirada sorpresa de “Páginas quemadas”

No escribo para ganar premios. Además, no siempre  las mejores novelas son las que resultan ganadoras. Tusquets Editores.

 

 

Alberto Rivera

Antonio Moscoso pasa sus días en una oficina cultural de Bogotá como burócrata. Su oficio es quemar los manuscritos de los concursos literarios que desechan jurados que leen a medias.

Ha llegado allí tras una estancia en la cárcel por un motivo que solo conocerá el lector si se atreve a entrar en una novela perfecta, que ocupa un sitial algo olvidado de la literatura colombiana, que por supuesto no merece.

Un buen día, Antonio Moscoso descubre, entre los manuscritos que suele leer, el relato de su propia vida. Especulando y con ganas de saber cómo será su final, este flaneur bogotano emprenderá una pequeña aventura en donde encontrará en dos mujeres, un suicidio y un asesinato el pasado que lo condena.

Usted es un hombre de teatro, dados los numerosos montajes que ha hecho, ¿por qué resulta escribiendo cuentos y novelas?

La literatura crea lazos familiares. La dramaturgia y la novela son primos hermanos. La una me llevó a la otra.

 

 

 

 

 

 

 

Este libro se quema en las manos…. ¿Por qué el título?

Por esa misma razón.

Es un texto muy bien logrado, bien escrito, con una narrativa sin ambages de ningún tipo… ¿cree que ha logrado su gran libro?

Quisiera creer que es así. El tiempo lo dirá.

Antonio Moscoso tiene un trabajo complejo, ¿de dónde salió la idea?

En una ocasión envié un proyecto literario a un concurso convocado por una entidad oficial. Los resultados no lo favorecieron. Tiempo después vine a enterarme de que el sobre en el que había enviado el proyecto ni siquiera  había sido abierto. Esto me causó una gran indignación. También supe que los manuscritos que no son premiados, si nadie los reclama, son quemados. ¿Será este un destino justo para las obras de tanto escritores  cuyos poemas, cuentos y novelas son ignorados o rechazados por un jurado que asume un poder absoluto? Para ir directamente al grano: Páginas quemadas se llamaba en un principio Venganza.

Dos mujeres, un suicidio y un asesinato, llevan a Moscoso a vivir una aventura estupenda… es un tema especial a trabajar…

No tan estupenda. Yo diría que es trágica. El amor, el fracaso, la soledad y la muerte son temas obsesivos que abordo en mis novelas. La felicidad raras veces produce buena literatura.

¿Puede convertirse en una obra de teatro esta novela?

Es posible. Habría que intentarlo. Tiene recursos narrativos que podrían ser trabajados para llegar a una adaptación teatral. Y a propósito: mientras escribo una novela voy viendo las acciones y acontecimientos como escenas teatrales. Incluso, cuando es del caso, me paro del asiento y las actúo para experimentar en carne propia los alcances de su verosimilitud.

 

 

 

 

Ha sido finalista en concursos literarios, qué ha faltado para ser ganador…

He ganado algunos premios, entre ellos el Premio Único del Concurso Internacional de Novela Imaginación en el Umbral  de 1999 con Cerco de amor. Pero ese tema me tiene sin cuidado. No escribo para ganar premios. Además, no siempre  las mejores novelas son las que resultan ganadoras.  Hay concursos amañados que premian a algún autor o autora para encumbrar su prestigio. Eso se verá reflejado en las ventas.

La siempreviva, que usted escribió, es una de las cinco obras de teatro colombiano más importantes del siglo XX, qué opina de ello…

Espero que lo siga siendo en el XXI.

¿A qué se dedica Miguel Torres hoy en día, qué está preparando para sus lectores?

Estoy atravesando un limbo literario. Ojalá que no vaya para largo.

¿Qué decirle al público joven que llega a sus textos?

Que se apresuren a leerlos antes de que los arrojen a la hoguera.

 

Hoja de vida

Miguel Torres nació en Bogotá y desde muy joven se vinculó a la actividad teatral. En 1970 funda el grupo de teatro El Local. Ha realizado numerosos montajes teatrales, entre ellos La cándida Eréndira, El círculo de tiza caucasiano, Bodas de sangre, El proceso y La siempreviva. Es autor de las obras de teatro La siempreviva, seleccionada como una de las cinco obras más importantes del teatro colombiano del siglo XX, En carne propia (Primer Premio, Concurso Bogotá Historia Común, 1998), la versión teatral de su novela El crimen del siglo, y de los libros de cuentos  Los oficios del hambre (1988), y Ladrón durante el alba (Beca de creación Colcultura, 1993). Con el guión adaptado de La siempreviva obtuvo el Premio Nacional de Guion en 1999. También ha publicado las novelas Páginas quemadas (2010), Amor ciego (2018, Premio Único del Concurso Internacional de Novela Imaginación en el Umbral, 1999), El crimen del siglo (2006, finalista del VIII Premio de Novela La Mar de Letras 2010, Barcelona), El incendio de abril (2012, finalista del Premio Nacional de Novela 2014, Colombia),  La invención del pasado (2016, finalista del Gran Premio de la Asociación de Escritores del Caribe 2017, Guadalupe), Breve historia de un amor sin fin (2019) y La polvera (2021).

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