La historia insólita de cuando un tranvía trabó sus propios rieles

Los manejadores del negocio del tranvía desde Medellín ceden en venta toda su participación a los pereiranos y estos dejan apagar el encanto y lo archivan.

Jairo Arango Gaviria

Pereira figura en la historia del transporte colombiano, como campo de desarrollo de uno de los proyectos más ambiciosos y realmente operativos, sobre rieles, usando electricidad para su movilización.

Fue en 1926 cuando se constituyó la Sociedad Anónima “Compañía de Tranvías de Pereira”, con domicilio en Medellín llevando aportes de capitalistas antioqueños y algunos de Pereira. El municipio maneja en cesión por sesenta años la explotación del servicio de Tranvía en Pereira, mediante construcción costeada por la dicha sociedad. No había unanimidades, pero la modernización y necesidades del servicio, lo impusieron.

Registran quienes han escrito esta historia, que al igual que otros de estos sistemas, el tranvía gozó de elegantes postes de hierro, deslumbrantes chispas de cobre endurecido para la red de suministro eléctrico, rieles brillantes, durmientes metálicos, equipos de su estación y lustrosos elementos para el pulido ensamblaje de sus carros inicialmente rojos, que abarcaron varias rutas.

Cada carro tenía un costo de once mil dólares, cuando se emparentaban y equivalían nuestro peso y el dólar. Ingenieros americanos y colombianos, cada cual, en su especialidad, ejecutan las obras necesarias.

Para los lugareños estas ejecuciones eran espectáculo especial, muy distinto, por cierto, a las películas de empelotados y biringos que los pobres teatreros pereiranos siguen ofreciendo.

De sudor y acero

El suelo de Pereira, cicatrizadas sus heridas, lució entonces su telaraña de sudor y acero. Contó esa red con una línea principal, partiendo de la Plaza de Ferias, calle treinta y ocho con carrera séptima, avanzaba por ésta hasta su cruce con la calle 24.

Siguió por la carrera octava y por ésta hasta la calle diez; girando hacia el sur y en posesión de la carrera novena iba en busca de terminal hasta la calle primera del entonces estrecho territorio local.

Una variante partió de su cruce con calle veintiuna; avanzando hasta la carrera catorce, pasando por la Estación del Ferrocarril de Caldas, yendo a la calle 19.

Por ésta y en posesión de la carrera décima avanzaba hasta la calle diez y seis, frente a la Plaza de Mercado y el Pabellón de Carnes, tornando a la arteria principal de la octava.

Uno de los carros, debidamente adaptado, transportó carne desde el Matadero Municipal hasta el distribuidor de carnes. No dejan de mencionarse lugares y puntos de referencia como “San Jerónimo”, “Ranchoelata” y otros puntos referenciales del servicio cercanos al Puente Mosquera, sobre el Río Otún, desde un día, a las diez de la mañana , cuando rodó el primero de los carros del Tranvía de Pereira que por aquellos tiempos era aplaudido por los pereiranos y quienes h

De Medellín

Se operó por motoristas uniformados traídos de Medellín, distinguidos muchachos antioqueños que fueron muy apreciados por nosotros y de quienes aprendieron su actuación, poco tiempo después los buenos nuestros.

Y tan mágicamente como apareció y se fue armando todo el rompecabezas de los vagones o carros, los rieles con sus rutas y toda la fama de lujos con silletería importada y venias del respetable, un día los manejadores del negocio del tranvía desde Medellín ceden en venta toda su participación a los pereiranos y estos dejan apagar el encanto y lo archivan. Insólito.

El tranvía de Pereira sin escándalos por tragedias o accidentes (que si los hubo desde luego) dejó de circular por decisión oficial y oficiosa de quienes seguramente proyectaban otras alternativas que fueron viniendo entre ruedas de caucho y asfaltos imbatibles. Toda la historia en un solo volumen titulado “Cuando hubo tranvía en Pereira”, próximo a circular en librerías.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -