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martes, noviembre 29, 2022

La fuerza de la construcción colectiva

“Ten paciencia no te apresures, hay años que hacen preguntas
y años que dan respuestas…no todo es ya, ni ahora…
la vida toma tiempo”

Juan Arévalo

James Llanos
Curador

Los colectivos trabajan despacio, pero caminan más seguros; en éstos, pesa mucho el trabajo desprendido de conceptos críticos, lo importante es el logro producido del encuentro y de las palabras transportadas al papel, pues ahí es donde se construyen formas. Una obra colectiva se lee como una sola, la diferencia estriba en los matices. El trabajo colectivo y colaborativo realiza una especie de aceptación del otro, sin presiones, ni prejuicios, las condiciones se desvanecen, se despierta el sentido de la amistad, se rompe el límite de las edades, nace la risa y la compañía, sin límites. Así nace la construcción de una obra en el taller, lo que cambia es el entorno, por ello en el colectivo se aprovecha para mejorar el concepto o la técnica, la complementación, ¡algo pasa!

Un dibujo o una obra pesa, como pesa la cabeza de un recién nacido (los médicos aconsejan tener en cuenta esto, al punto que, cuando uno carga al hijo por primera vez, siempre lo hace con la mano que dibuja debajo de la cabeza y la otra apoyando el cuerpo, esto, para el caso de los artistas). Es por ello que las manos del artista son dos extremidades amigas, cumplen el mismo papel que los colectivos, en lugar de ser opuestas, se complementan. Dibujar es tan importante, porque describe lo que más pesa en la interpretación de un artista, es como caminar largo, donde el ritmo lo imponen las manos, que son la extensión del cerebro, la huella invisible se hace real; cuando se camina, en este ejercicio, se plantean objetos, sombras, composiciones o proyectos. Cuando se piensa, se camina por la cintura de la creatividad, ésta a veces es densa y muchas veces es liviana, entonces los colectivos se complementan y las manos, como en los colectivos, la una no niega a la otra, simplemente existen, porque son contrarias y esto es lo que hace la ecuación estética.

Las obras por dentro o por fuera del espacio, son un reto para auto-caracterizarlas como buenas o malas; finalmente es un chance que uno se da de jugárselo para enfrentar al espectador. La ignorancia fluctúa constantemente frente a la obra de arte. ¿Un artista pinta para él o para el público? Unos dicen que pintan sin pensar en el espectador; entonces ¿Qué representa exponer para un artista? Finalmente, las muestras son la desnudez del pensamiento, de los delirios, los sueños o simplemente la interpretación de los demonios, un paisaje urbano o rural, este hecho tiene mucho contenido y esto puede con todo el peso de nuestro espíritu, esta estética es una “acción social”, que reúne la unidad de una serie de rituales, que salen del inconsciente para generar una obra, que discurra en teoremas e interpretaciones, que lleven al espectador a otras esferas, y al artista, a la reinvención constante.

El momento de la alteración transporta, todos los artistas experimentamos en una travesía productiva cuando pintamos o dibujamos, una provocación que resulte algo totalmente desconocida, es probable que los estados de conciencia cambien sus actividades, estos cambios son perdurables y reiterativos que a veces también, llevan a cosas ordinarias.

Posteriormente, en la carretera, concebimos con imágenes visuales, obturamos información espacial con sus complejos mapas del tráfico. Los artistas tienen la capacidad de pensar creativamente, cuando caminan o conducen, perdiendo el sentido del tiempo, y si alguien nos habla, perdemos esta dimensión, es por ello que es mejor bajarse de esta caminata y entablar una charla con uno del mismo gusto, para conjugar un sentido artístico, de lo contrario, estaríamos en la complejidad de perder el tiempo.

 

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