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jueves, octubre 6, 2022

La espada de Bolívar

Petro esperó hasta el momento de la posesión y con la investidura de presidente solicitó que llevaran a la tarima la emblemática espada.

 

Albeiro Valencia Llano

Su historia está ligada al nacimiento de la guerrilla del M-19 y tiene que ver con la agitación política que vivió el país en las elecciones presidenciales de 1970, para suceder a Carlos Lleras Restrepo. La maquinaria liberal-conservadora, a nombre del Frente Nacional, había escogido a Misael Pastrana Borrero; era el seguro ganador porque representaba al Gobierno. Pero llegaron otros candidatos para dañar la fiesta: Gustavo Rojas Pinilla por la ANAPO; Belisario Betancur, por una coalición de liberales y conservadores disidentes y Evaristo Sourdis, por un ala del conservatismo. La ANAPO hizo una excelente campaña; los dirigentes lograron despertar el fervor, el entusiasmo y la pasión, entre los sectores populares de aldeas, veredas, pueblos y ciudades.

El movimiento anapista se tomó el país en medio del frenesí populista de la “dialéctica de la yuca”. Los sectores tradicionales veían con horror la posibilidad del triunfo de Rojas y el presidente Lleras Restrepo anotó que “el General recorre el país en compañía de truhanes con lenguaje de alcantarilla”. El 19 de abril, día de las elecciones, se veía llegar el triunfo de Rojas. En horas de la tarde, cuando avanzaban los escrutinios éste ganaba por más de cien mil votos; el pánico se apoderó de los sectores oficialistas. El ministro de Gobierno, Carlos Augusto Noriega, ordenó que se suspendiera la transmisión de datos por radio; la censura se impuso y el pueblo entendió que se estaba cocinando una conspiración. Los colombianos se acostaron pensando que había ganado Rojas y se despertaron con el triunfo de Pastrana.

El mismo Rojas no pensaba en la posibilidad de su victoria; solo el día de las elecciones entendió el poderío de la ANAPO. Como consecuencia impulsó la creación de una fuerza “capaz de hacerse respetar con las armas en la mano”. En esta coyuntura fueron apareciendo los creadores del Movimiento 19 de Abril: Jaime Bateman, Álvaro Fayad, Carlos Pizarro, Iván Marino Ospina, Gustavo Arias, Lucho Otero, Israel Santamaría y Carlos Toledo Plata, entre otros. La salida a la luz del movimiento estuvo precedida de una ingeniosa y osada campaña publicitaria, en la gran prensa: “Contra las plagas y los parásitos M-19”.

El 17 de enero de 1974 un comando asaltó la Quinta de Bolívar, en Bogotá, y se llevó una de las espadas del Libertador. Como respuesta explicaron que “serviría como símbolo en la nueva lucha por la libertad que hemos emprendido”. Ese día había salido el último aviso: “Hoy llega M-19”. Ni el general Rojas, ni su hija María Eugenia, sospecharon la dimensión histórica que podía tomar este movimiento político.

Una guerrilla diferente

Este grupo guerrillero irrumpió con mucho vigor en 1974, por su discurso nacionalista y por su accionar político-militar, con eventos tipo Robin Hood; asaltaban bancos y repartían mercados en los barrios más populares. Y empezaron a operar en las ciudades con acciones espectaculares, similares a las de los Tupamaros, como una guerrilla urbana. Con un discurso novedoso rompió con el esquema marxista tradicional y fue permeando los grupos de izquierda y los intelectuales; se alejaron del pensamiento anapista y se instalaron en la acción militar. Las operaciones heroicas, de película, multiplicaron el prestigio del movimiento. En 1976 un comando secuestró y luego asesinó al presidente de la CTC, José Raquel Mercado; cuando comenzaba el año 1979 otro comando, a través de un túnel, irrumpió en la guarnición militar del Cantón Norte de Bogotá, y se apoderó de más de 1.500 armas; luego, en febrero de 1980, otro grupo se tomó la embajada de República Dominicana, en Bogotá, acción que aprovecharon para conseguir algunos recursos económicos y para convocar al diálogo nacional.

Durante estos años la espada peregrinó bastante, pasó por las manos de Álvaro Fayad y de Jaime Bateman, estuvo escondida en la casa de León de Greiff y en la de su hijo Boris; años después viajó a Cuba y Panamá, pero debido a la Asamblea Nacional Constituyente, regresó a Colombia, vía Venezuela, y por último Antonio Navarro Wolff la entregó al presidente César Gaviria, en 1991 y permaneció en una bóveda del Banco de La República.

La última jugada de Duque

El 24 de julio de 2020 el presidente ordenó el traslado de la Espada de Bolívar a la Casa de Nariño y el pasado mes le mostró a Gustavo Petro, quien no la conocía; desde ese momento el presidente electo tuvo la idea de lucirla el 7 de agosto, como un símbolo lleno de historia. Sin embargo, Duque puso varios impedimentos, como la necesidad de asegurar la reliquia; pero esto no fue obstáculo porque la compañía de seguros La Previsora la estimó en mil millones de pesos y la póliza costaría sólo dos millones de pesos, que pagaría el Ministerio de Cultura.

Todo estaba funcionando muy bien, pero, el día antes de la posesión, el presidente Duque no autorizó la salida de la espada argumentando un posible robo, aunque ese 7 de agosto la Plaza de Bolívar sería el lugar más protegido de Colombia. Como respuesta, Petro esperó hasta el momento de la posesión y con la investidura de presidente solicitó que llevaran a la tarima la emblemática espada.

El jefe de la Casa Militar y los edecanes fueron a buscar al expresidente Duque en la Casa de Nariño, más o menos media hora duró la discusión, pero, con una plaza llena y millones de personas siguiendo el evento por televisión, al expresidente no le quedó más remedio que cumplir la orden de Gustavo Petro. Dicen que en ese momento Duque hizo una extraña petición: empuñar la espada por última vez, antes de que se la llevaran.

Así terminaron las aventuras de la Espada de Bolívar, que según Petro “sólo se envainará cuando haya justicia en Colombia”.

Albeiro Valencia es docente pensionado de la Universidad de Caldas. Doctor of Philosophy (Ph.D.) in History de la Universidad Estatal de Moscú M.V. Lomonosov; Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Santiago de Cali; egresado de la Normal Superior Miguel de Cervantes Saavedra de Guacarí (Valle del Cauca).

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