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martes, noviembre 29, 2022

La aventura de los libros, Un testimonio sobre la creación literaria en Pereira

Mauricio Ramírez Gómez

A lo largo de la historia, la creación literaria en Pereira ha sido un ejercicio azaroso y difícil, en buena medida por la escasa posibilidad de dedicarse al perfeccionamiento de una obra y las casi nulas opciones de impresión y circulación de los libros. Si bien estas circunstancias son vigentes, se han modificado positivamente, gracias a la aparición de los estudios en literatura, así como a la creación de instituciones, colecciones y eventos literarios. Para hacerse una idea de lo que significaba ser escritor en Pereira, durante la primera mitad del siglo XX, ofrecemos el siguiente testimonio.

En 1957, Lisímaco Salazar recibió una carta proveniente de Manizales, de un hombre llamado Rubén Botero y Botero, quien solicitaba una reseña y una muestra de la obra de Salazar, para incluirlas en el libro “Quién es quién en Caldas”. El libro no parece haber sido publicado, pero resulta apreciable la valoración que Salazar hizo de su vida y lo que hasta ese momento constituía su obra, entonces inédita en libro. En su respuesta, Salazar le escribe a su interlocutor lo siguiente:

“Nací en el municipio de Pereira en una de sus veredas, a 15 kilómetros de la ciudad, el 26 de mayo de 1899, hijo de un par de campesinos llamados Braulio Salazar Vega y Zoila Rosa Ruiz Ruiz. Estudié dos meses en una escuela privada del campo y dos en la escuela pública de la ciudad. De allí que pueda llamárseme un autodidacta. Hice versos desde la edad de siete años. Todos los de mi infancia los consumó el fuego. A los once años abandoné el hogar paterno y anduve por Sonsón, primero, con los arrieros de aquellos tiempos, por Rionegro Y Medellín, después, con los negociantes de sombreros de Suaza y guarnieles de Envigado. A los 17 años me hice impresor y publiqué un periódico en dieciseisavo, al que titulé El estro y el que era de puros versos, al estilo de “El idilio” que veía la luz en Cali. Fue mi maestro en estos ajetreos de la imprenta y del periódico, Ignacio Puerta, manizaleño de pura cepa y la imprenta denominada ‘Nariño’, sino la primera, sí la segunda que se trajo a esta ciudad. Allí publiqué mis primeros versos.

(…) A los 26 años contraje matrimonio con doña Aura Gutiérrez S. y del matrimonio hubo ocho hijos. Escribí y publiqué en muchos periódicos los versos que hoy componen mi primer libro “Senderos”, obra que aún no se ha publicado, aun cuando la Asamblea de Caldas de 1947 ordenó que se hiciera y la secretaría de hacienda votó la partida. Fui concejal, secretario del concejo y jefe de estadística en el municipio de Montenegro del 32 al 36. Fui presidente del concejo municipal de Pereira, en el 44 o 45. Fuera de estas pequeñas posiciones, he sido miembro de la Sociedad de Mejoras, modesto inspector de policía, secretario auxiliar de la secretaría de obras públicas, secretario de federaciones sindicales, presidente de sindicatos obreros, tesorero de juntas de ornato, en fin, hasta ahora que me encuentro en el Poder Judicial como Auxiliar del fiscal del Juzgado Segundo Superior. En mi juventud fui director de otros tres periódicos a los que titulé “Los derechos”, “Colombia intelectual” y “Bandera roja”. Este último vio la luz pública en Montenegro. Tengo algunos versos inéditos, entre ellos un poema inconcluso, “La ecléctica” y otro menos largo bautizado con el indígena nombre de “Miguelino Quirúbira”, pues como que fue escrito en las selvas del Chocó. Precisamente, hace ocho años marché a aquellas tierras en donde compré una finca, y cuando ya tenía un principio, la violencia me arrojó de allá, perdiendo todos mis haberes. En este tiempo en que estuve ausente perdí unos manuscritos de un libro de más de doscientas páginas intitulado “Autobiografía kilométrica” y a un drama en tres actos, “Los paisas”, le botaron varias hojas. Estoy dedicado a escribir unas estrofas en octasílabos sobre el lenguaje castellano. La primera parte de este trabajo se publicó en El Diario por los años de 1945 y 1946”.

Cerca de veinte años después, Lisímaco comenzó un intercambio de correspondencia con Alonso Gaviria Paredes, hombre que andaba empeñado en reunir libros y noticias sobre los autores pereiranos. Fue él quien motivó la colaboración de Salazar en el recién creado periódico La Tarde, con las columnas que se reunieron en su libro “Pedacitos de Historia”. En una de sus cartas, fechada en 1976, Gaviria Paredes le solicita a Lisímaco una relación de sus obras, a lo que este respondió:

“Estimado señor: La obra poética mía se reduce a “Senderos”, libro que fue publicado por la Imprenta Departamental de Caldas en 1965, en cumplimiento de una Ordenanza de la Honorable Asamblea. Este es el único libro mío que ha salido a la luz pública y que conforma una ínfima parte de los versos que he escrito en el camino de mi vida, publicados en revistas y periódicos. Le puedo decir que tuve debilidad por el teatro y que de esta clase de literatura tengo escrito en verso “La ecléctica”, obra en diez cantos. Que también escribí “El corazón de la estrella”, una especie de opereta o zarzuela en cuatro actos y cuatro cuadros, pieza completamente musical, escrita con motivo del Centenario de Pereira, hace de ello doce años. Fue imposible montarla a los escenarios porque era preciso buscar un virtuoso del pentagrama para que adaptara parte de las estrofas y de los coros a melodías y entonaciones que la obra necesita. En prosa tengo una comedia en tres actos que se denomina “Los paisas” y otra en un solo acto que se llama “Pa’eso sirve la plata”. Todas estas cosas mías las he organizado, sacando en limpio y empastando, de lo que ya tengo cinco tomos, los que han de quedar como herencia de mis hijos y de mis nietos que ya son bastantes”.

De los textos mencionados en estas cartas y en un escrito antes citado, se conservan “Senderos”; “Autobiografía kilométrica” (publicada con el nombre de “Con arrestos de guapo”), “El corazón de la estrella”; “Homónimos, sinónimos y parónimos”; “La prueba indirecta”; “La ecléctica”; “Moronas”; “Diario”; “Lente multiforme”; un volumen de poemas; un volumen con sus ensayos y un par de trabajos periodísticos. Se suman a esto “Pedacitos de historia” y “Relatos”. Se desconoce el paradero de las obras “Los paisas” y “Pa’eso sirve la plata”. Y definitivamente perdidas quedaron “Privolvos y suvolvos”; “El ángel de la guarda”; “En el país de los ensueños”; “El pelo” y “Titiriglieso”.

Al igual que muchos de los escritores pereiranos de la primera mitad del siglo XX, Lisímaco Salazar logró el reconocimiento literario de sus coterráneos por fragmentos publicados en revistas y periódicos, pero su obra sigue estando inédita casi en su totalidad.

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