La aventura de los libros, Recuerdo de Fidel Cano

Mauricio Ramírez Gómez

Uno de los hechos fundamentales en la configuración de la identidad cultural de una sociedad es el rescate de la memoria y la obra de aquellos personajes que incidieron poderosamente en la historia. En el caso de Colombia, en medio del panorama a veces desalentador que ofrece su pasado, aparecen personajes que por la importancia de su labor intelectual y política, se convierten en los exponentes ideales de su nacionalidad, aún contra el olvido deliberado de las generaciones posteriores y de la suya propia.

Tal es el caso de Fidel Cano, quien a pesar de recordársele por la fundación del periódico El Espectador, no se le ha apreciado en sus justas dimensiones: la de pionero del periodismo en Colombia y la de acérrimo defensor de la libertad de expresión. Resulta inconcebible que su obra periodística y su labor intelectual permanezcan inéditas, apenas dispersas en los periódicos que fundó o en los que colaboró durante su vida, sin que se conozca ningún intento de recogerlas en un libro.

Dentro de la bibliografía de y sobre Fidel Cano el libro que ofrece mayores datos es “Periodistas liberales del siglo XIX”, publicado en 1937. En esta obra, una antología de artículos de prensa de destacados periodistas del partido liberal colombiano, el compilador –anónimo- escribe una breve nota introductoria a unos pocos artículos de Cano. En ella, a pesar de que no se profundiza en la narración de hechos, ni en la valoración crítica, se ofrecen datos útiles para seguir el rastro a la vida y obra de Fidel Cano. Sin omitir que se citan en su totalidad dos elogios de este autor, escritos por Luis de Greiff Obregón y Helena Cano Nieto.

Con todo, no se hallan menciones ni recopilaciones de los artículos aparecidos en otros periódicos como La Palestra (1872); La Idea (1874); La Unión (1881); La Consigna (1882), La Correspondencia (1883); El Trabajo (1884), El Espectador (1887): y La Disciplina; La Revista Industrial (1879), La Miscelánea (1886-1904) y Letras y Encajes. Así como tampoco se halla una descripción detallada de la labor política e intelectual de don Fidel: Presidente de la Municipalidad y Fiscal del Circuito de Rionegro; Inspector de Instrucción Pública de Oriente; Vocero del General Julián Trujillo en la Legislatura de 1871; Secretario de Hacienda y Fomento (1880); Rector de la Universidad de Antioquia (1881); Director de la Imprenta Oficial (1883); Diputado a la Asamblea de Antioquia (1911-1912); Senador (1915); Candidato presidencial; Miembro de Número y Presidente de la Academia Antioqueña de la Historia y Rector del Colegio de Mejía en El Retiro. También destacado traductor de Víctor Hugo y otros autores franceses.

Entre los pereiranos, suele ignorarse el parentesco de don Fidel con don Delfín Cano Uribe, uno de los primeros médicos que tuvo la ciudad y padre de Julio, Rafael, Jesús y otros hijos de su unión con Camila Montoya. Delfín nació en Anorí (Antioquia), futo del matrimonio de Joaquín Cornelio Cano Arango con Catalina Uribe, hija del alcalde del pueblo. Fallecida Catalina, don Joaquín Cornelio contrajo segundas nupcias con María de los Ángeles Gutiérrez, en el municipio de San Pedro (Antioquia). De esa segunda unión de Joaquín Cornelio nació Fidel Cano Gutiérrez. Es seguro que los hermanos Delfín y Fidel pasaron juntos por el recién fundado caserío que sería después Pereira, enrolados en los ejércitos liberales que combatieron en la guerra civil de 1876. Es entonces cuando Delfín decide radicarse en esta nueva fundación.

Entre los múltiples interrogantes que surgen sobre la relación de Fidel Cano con Pereira cabe destacar si existió una influencia o intercambio de lecturas entre don Fidel y su sobrino, el poeta pereirano Julio Cano Montoya, quien por sus poemas da muestras de estar al día en la lectura de autores franceses, románticos y parnasianistas.

Es necesario que exista una historia de la prensa que, a la manera de un espejo, le permita al periodismo actual hacerse una idea más concreta de sus responsabilidades en la construcción de una sociedad democrática. No se puede vivir del pasado, pero sin él, todo intento de edificar nuevos valores puede tornarse engañoso. El periodismo colombiano requiere de esfuerzos que le permitan ejercer su labor sin desconocer la tradición a la que pertenece.

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