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sábado, octubre 1, 2022

La aventura de los libros, Notas de lectura de las “Cartas a un joven poeta”

Mauricio Ramírez Gómez

Hay libros que nos confrontaron en el pasado que al releerlos vuelven a hablarnos en tiempo presente. Uno de ellos es “Cartas a un joven poeta”, de Rainer María Rilke, que acaba de ser reeditado en edición bilingüe por la editorial ‘Los Impresentables’, en traducción de Laura Reinthaler. El encanto de esta nueva edición radica en que incluye las cartas que el joven Franz Xaver Kappus le dirigió a Rilke y que motivaron las respectivas respuestas de este.

Pocas circunstancias hay en las que se experimente tanto la soledad como la creación literaria. Es un territorio de dudas, no solo sobre cómo decir sino sobre qué decir que no haya sido dicho. Rilke, en su claridad angélica, le recomienda a su joven amigo que no rehúya estar solo, “pues en el fondo y precisamente en las cosas más profundas e importantes estamos infinitamente solos”. La soledad a la que invita Rilke implica comprender que el otro es inexpugnable y que solo atraemos a quienes sienten curiosidad por escuchar desde el otro lado de su piel nuestra propia experiencia. Separados de los otros por la barrera que supone su propia existencia, solo tenemos las palabras para hacerlos concientes de que vivimos y sentimos, como lo hacen ellos, pero de diferente manera. La invitación del poeta a su discípulo es a ser auténtico, asumir con valentía su soledad y descubrir en ella el milagro. “Acérquese a la naturaleza –le dice-, intente decir, como un hombre primigenio, qué es lo que ve y vivencia, lo que ama y pierde”. Y es por eso también que le advierte que no escriba si su respuesta no es “tengo que hacerlo”. Agrega: “escudriñe en usted buscando una respuesta profunda (…), construya su vida según tal necesidad; su vida debe llegar a ser, hasta en las horas más insignificantes y nimias, un símbolo y prueba de esta urgencia”.

Para reafirmar ese llamado a la búsqueda de la propia experiencia, de lo auténtico, Rilke le sugiere a Kappus no escribir sobre el amor, ese lugar común de los primeros poemas. Pero no se refiere al sentimiento, cuya vivencia es exclusiva de cada ser, sino a las convenciones con las que la sociedad lo ha revestido. Dice Rilke: “evite aquellas formas demasiado habituales y comunes: estas son las más difíciles, pues se requiere una fuerza grande y madura para aportar algo propio donde ya existe un legado abundante y en parte brillante. Salvaguárdese de los motivos comunes recurriendo a aquellos que le ofrece su vida diaria: retrate sus tristezas y deseos, sus pensamientos pasajeros y su fe en algún tipo de belleza”. En efecto, nada puede un poeta decir sobre el amor, en general, que no se haya dicho, pero solo él puede testimoniar su propia vivencia del amor. No obstante, el poeta advierte a su discípulo que para conseguir que ese testimonio sea primigenio es necesario llenarse de experiencias, enriquecerse con lecturas, comprender que la vida tiene un curso que no siempre es aconsejable alterar. “No investigue ahora buscando respuestas que aún no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas aún. Se trata de vivirlo todo. Viva en este momento esas preguntas, que, quizá sin notarlo, un día lejano esté viviendo gradualmente en la respuesta. Puede ser que usted lleve dentro de sí la posibilidad de componer y formar, como una forma de vida especial y bienaventurada. Edúquese para ello, pero acepte lo que viene con gran confianza, si proviene de su voluntad, de alguna angustia interior, tómelo para sí sin odiar nada”. Vivirlo todo es aceptar que la existencia puede ser absurda, como quería Camus.

El elemento clave de la poética que plantea Rilke en este libro, es que no puede haber arte donde no haya una búsqueda profunda del artista dentro de sí y una aceptación de que vive en el ‘infierno de la incomunicación’. No es una negación del otro, sino una afirmación de sí mismo, como condición para reconocer lo auténtico en los otros. Su consejo es sencillo: “Simplemente esté atento a lo que surja de usted y póngalo por encima de todo lo que vea a su alrededor. Sus sucesos más íntimos merecen todo su amor; tiene que trabajar en ellos de alguna manera y no perder demasiado tiempo ni demasiado valor explicando su postura a las personas”.

Gracias a esta nueva edición de las “Cartas a un joven poeta”, vuelve Rainer María Rilke a invitarnos a escudriñar en nuestro interior.

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