La aventura de los libros, La tumba del cronista Luis Tejada

Mauricio Ramírez Gómez

La memoria es el sedimento que el tiempo deja en las orillas del presente para que ensayemos interpretaciones del pasado. A veces, escarbando en ese sedimento, hacemos hallazgos que nos explican sucesos que hasta entonces concebíamos de otra manera o simplemente permanecían ignorados. Sucede así con los muertos. A pesar de ocupar un lugar de privilegio en la historia de la literatura colombiana, poco es lo que en Pereira sabemos sobre la permanencia del cronista Luis Tejada en la ciudad, lo cual no pasaría de ser un hecho banal si no hubiera sido en los periódicos pereiranos donde comenzó a publicar las crónicas que lo hicieron famoso.

Luis Tejada Cano nació en Barbosa (Antioquia), el 7 de febrero de 1898. Su padre, Benjamín Tejada Córdoba, fue un reconocido educador antioqueño a quien algunas familias pereiranas contactaron, junto con su prima María Rojas Tejada, para crear instituciones educativas laicas –el Instituto Murillo Toro y el Centro de Cultura Femenina-, a comienzos de la década de 1910. Desde su llegada a Pereira, Tejada Córdoba se vinculó también a causas cívicas y a la incipiente vida intelectual de la llamada “Villa de Cañarte”, donde fundó periódicos como El Instituto (1914) y dirigió otros como Bien Social (1917), gravitando siempre alrededor de la Imprenta Nariño, que dirigía Ignacio Puerta. Tras él llegaron a la ciudad su hermano, José Tejada Córdoba, padre de los artistas Lucy y Hernando Tejada, y más tarde su hijo, Luis Tejada Cano.

Luis vivió en Pereira, con algunos intervalos, entre 1916 y 1922. Sus primeras crónicas las publicó en El Martillo (1916), dirigido por Ignacio Torres Giraldo; El Glóbulo Rojo (1917), dirigido por Valerio Mejía, y Bien Social, que dirigía su padre, Benjamín Tejada. Desde aquí envió después sus colaboraciones para El Espectador, antes de trasladarse a Bogotá, luego de contraer nupcias con Julieta Gaviria Jaramillo, en la catedral Nuestra Señora de la Pobreza, el 22 de septiembre de 1922. En esa época, fue famosa la tertulia literaria a la que asistían, entre otros, además de Tejada, Sixto Mejía, Carlos de la Cuesta, Eduardo Correa Uribe y ocasionalmente, Adel López Gómez y Luis Vidales.

Tejada falleció a los 26 años, el 17 de septiembre 1924, en Girardot (Cundinamarca). Poco antes, publicó Libro de Crónicas, que recoge algunas de sus colaboraciones en periódicos hasta esa fecha. Sin embargo, en cada nueva reedición aparecen crónicas nuevas, rescatadas por investigadores y biógrafos, como Gilberto Loaiza y Jhon Galán Casanova. Inicialmente sus restos fueron depositados en el Cementerio Universal de esa ciudad, pero al parecer su viuda hizo gestiones para trasladarlos a Pereira, en septiembre de 1944. Publicaciones aparecidas en el periódico El Diario dicen que los restos de Tejada se encuentran en la Iglesia de Nuestra Señora de La Valvanera, en el osario familiar de Julieta, pero esta al parecer fue sepultada en el Cementerio San Camilo, luego de su fallecimiento, el 17 de septiembre de 1946.

 

 

 

 

 

 

Un hecho tan aparentemente sencillo de corroborar como la veracidad de esta noticia sobre los restos de Luis Tejada, se vuelve incierto debido a que en la Iglesia La Valvanera los osarios no están marcados con nombres sino con números y los datos de quienes permanecen allí solo se pueden verificar si se pertenece a las familias propietarias de los mismos o se tiene autorización de ellas. En el caso del Cementerio San Camilo la dificultad es mayor, pues los listados de las personas sepultadas en ese lugar se perdieron en un incendio ocurrido a mediados de la década de 1970. Cabe también la posibilidad de que Tejada se encuentre en el Cementerio Libre.

¿Por qué es importante corroborar esta información sobre un difunto del que ya se consigue publicada su obra y a quien nadie en Colombia le importa que haya tenido relación con Pereira? Porque su paso por nuestra ciudad es un capítulo de nuestra historia cultural, a la cual no nos hemos acercado de manera juiciosa, excepto por los estudios del escritor Rigoberto Gil Montoya. Existen textos de Luis Tejada dispersos en los periódicos pereiranos, que no han sido recogidos en las diferentes antologías de su obra. Existe una versión según la cual sus papeles inéditos fueron entregados por su viuda, junto con algunas pertenencias como su pipa, al director de El Diario, Emilio Correa Uribe. Existe una propuesta, que no se llevó a cabo, de erigirle un monumento el Parque La Libertad. Existe el interrogante sobre la motivación de Tejada para comenzar a escribir y publicar sus crónicas, un género que predomina en los periódicos pereiranos de la primera mitad del siglo XX y no necesariamente por el influjo de este autor antioqueño.

Los muertos, aun los lejanos en el tiempo, pueden ser motivos para alimentar nuestras preguntas y construir nuevas certezas. De esos gestos se alimenta la memoria y así nos resistimos de alguna manera a la peste del olvido que acecha siempre a toda comunidad humana. Constatar el destino de los restos de Luis Tejada puede ser un motivo para iniciar una nueva conversación con nuestro pasado literario.

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