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jueves, agosto 11, 2022

La aventura de los libros, Invitación a la lectura de un libro de Cecilia Caicedo Jurado

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Mauricio Ramírez Gómez

La profesora Cecilia Caicedo Jurado ha reeditado recientemente su libro “Literatura Risaraldense”, impreso por primera vez en 1988. No he tenido oportunidad de leer la reedición, pero quiero referirme a ese libro, pionero en su género en la ciudad y el departamento.

Es saludable que este libro se reedite, no solo porque desde su aparición son muchos más los libros publicados en nuestro departamento –en parte, gracias a que imprimir es hoy más barato que entonces- sino al auge que supuso la aparición de las carreras universitarias relacionadas con literatura. Eso nos plantea un balance y ajuste de cuentas necesario, que no va en demérito del libro.

La profesora Cecilia comienza su estudio señalando la escasa figuración de los escritores risaraldenses en los estudios críticos que se realizan en el país, pese a que hay registros que bien podrían tenerse en cuenta. Este interrogante sigue vigente y quizá tenga relación con lo que la escritora señala más adelante como otro de los problemas de ‘nuestra literatura’: “iluminar el proceso literario desde las regiones a partir de estudios que superen los enfrentamientos y antagonismos que en general suscita el oficio de la crítica cuando de juzgar coterráneos se trata, podría contribuir de hecho a clarificar el panorama de la discutida “identidad nacional”. En efecto, más allá de los intereses académicos, faltan estudios, investigaciones, reediciones y sobre todo, una iniciativa potente de formación de lectores en la que se involucren diferentes instituciones públicas y privadas. Es muy difícil promover la lectura de ‘autores locales’ cuyos libros no se consiguen, porque sus ediciones son escasas, debido a que se hicieron hace muchos años o a su mínima cantidad. Para que haya lectores de las obras de nuestros escritores, estas deben ponérseles en las manos.

Creo que centrar la mirada en el libro de Cecilia Caicedo es positivo para todos, porque nos ayuda a tomar conciencia sobre la importancia de los referentes, tanto teóricos como históricos, a la hora de emprender un trabajo crítico. Considero que en ese ímpetu y preocupación por la crítica en la ciudad y el departamento, estamos obviando que son muy pocas las investigaciones que nos permitan tener un panorama claro de lo que ha sido la literatura. Así, cualquier tentativa crítica se convierte en parcializada y omite detalles que todavía no han sido documentados. Eso fue lo que le ocurrió, en parte, a Cecilia, aunque en su caso afortunadamente las consecuencias no fueron graves. Ella hizo su estudio a partir de lo que conocía, de lo que pudo leer, y lo dejó claro en el libro. Y así lo ha entendido bien Jaiber Ladino Guapacha cuando dice, a propósito del mismo libro: “La aparición de novedades editoriales sin un balance académico que dialogue con la producción anterior puede crear equívocos para el estudio sistemático de la escritura gestada en un determinado territorio”.

Creo que antes que crítica, primero debemos hacer un poco de historia literaria. Recuperar y reflexionar sobre la formación de nuestra memoria es lo que ha hecho Rigoberto Gil y es a lo que le apunta la Maestría en Literatura. Lastimosamente, el interés por la investigación todavía no es una impronta del ámbito literario local. Estamos enfocados en la creación y en desmarcarnos de un pasado que no comprendemos, simplemente porque nos huele a café, a tierra recién llovida y a bahareque. Es un paisaje de guadua, no de cemento. Pero tras esa imagen bucólica hay un panorama que desconocemos.

El libro de Cecilia Caicedo es un punto de partida, pero también un punto de llegada, pues es el primer signo de madurez de nuestro ámbito literario, pues es la primera reflexión académica y el primer intento por hacer un balance sobre nuestro acervo literario. El único error que no podemos cometer es creer que los balances posteriores a ese libro deben hacerse exclusivamente a partir de él. No, en efecto hay que tenerlo en cuenta, pero hay que remontarse en el pasado y arrojar luz sobre los fenómenos o las obras que la autora no pudo ver por la dificultad en el acceso a las fuentes.

“Literatura risaraldense” es un libro necesario y vigente. Lo que debemos preguntarnos es si su vigencia se debe a los juicios sobre las obras incluidas o a los problemas que señala como dificultades para el estudio de la literatura regional. Cualquiera que sea la respuesta a este interrogante nos puede llevar a avanzar con mayor decisión por el camino que la autora nos propuso en su obra.

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