LA AVENTURA DE LOS LIBROS, Defensa de las bibliotecas personales

Mauricio Ramírez Gómez

En toda comunidad humana hay coleccionistas de libros. Llegan a esa pasión por herencia o por el hábito de la lectura que comparten con otros, propensos también a la soledad de unas horas dedicadas a descifrar esas combinaciones que algún inconforme secreto se imaginó en el delirio. Esas colecciones de libros que llamamos bibliotecas dan cuenta de la pasión por conocer otras ideas y comprender las diferentes ‘lógicas’ que han poblado los días del mundo. Existen bibliotecas temáticas, debidamente organizadas, pero la mayoría son consecuencias de una pasión desordenada por la lectura. Cada quien lee lo que le place y adquiere los libros que su economía le permite.

Si se quiere conocer el alma de una persona, basta con que esta permita organizar o al menos echar un vistazo a su biblioteca. No tiene que haber en ella miles de volúmenes ni conservar a los ‘clásicos’. Un par de docenas de libros son suficientes para hacerse una idea de los temas y los autores a los que esa persona dedica su tiempo y que le son imprescindibles. Porque se me dirá: ¿para qué acumular libros ya leídos en una biblioteca? Para recuperar en ellos la sensación maravillosa de la primera lectura y para compartirla con amigos o amantes. ¿Para qué comprar libros si para leerlos existen las bibliotecas públicas? Precisamente los libros que hacen parte de nuestra colección personal son aquellos que hemos encontrado en otra biblioteca y que nos resultaron imprescindibles. Por eso los hemos conseguido.

 

 

 

 

 

 

Por razones de economía y quizás de sensatez, ya nadie tiene grandes bibliotecas –grande es una biblioteca de más de mil volúmenes-. Los lugares de habitación a los que podemos acceder la mayoría no permiten tener bibliotecas numerosas y el costo de los libros hace que debamos escoger y quedarnos con lo que podemos comprar. Esa escasez de bibliotecas personales hace temer por un empobrecimiento del alma de la colectividad y convierte a los coleccionistas en insensatos rebeldes a los que bien podrían volver a entregar al fuego los herederos de los invasores de Alejandría.

La muerte de cada persona que posee una biblioteca es semejante a un naufragio y las librerías de usado hacen las veces de ese fondo del mar adonde van a parar los restos que se salvan de la basura o el fuego. Es en las librerías de usado donde se percata uno de que los libros que tenemos hoy en casa pertenecieron a otros, y a otros antes de estos, con quienes sin saberlo acabamos compartiendo ideas y conceptos que expresamos como si fueran novedades y que no hacen otra cosa que avivar el fuego de esa alma colectiva en torno a la cual nos reunimos.

Leemos libros subrayados por otros o dedicados a amores o amistades de toda la vida, que los venden sin piedad, luego de cualquier desavenencia. Eso mismo ocurrirá con nuestra biblioteca personal, la leerán otros que advertirán apenas las razones por las cuales compramos cada uno de esos volúmenes y qué ideas nos motivaron.

En las librerías de usado aprendí que venimos leyendo los mismos libros que leyeron nuestros antepasados y en esa medida, compartimos unas mismas concepciones estéticas que no cambiarán a menos que introduzcamos nuevos referentes y ‘actualicemos’ nuestro canon personal. Por eso es tan importante que haya nuevas bibliotecas de nuevos lectores, porque ellas ampliarán los horizontes de otros cuando lleguen a las librerías de usado o en donación a una biblioteca pública. Es un hecho inexorable.

No hay resistencia cultural donde no hay memoria y las bibliotecas –públicas o personales- salvaguardan esa herencia que pasa de una generación a otra, casi siempre a través de las librerías de usado. Pretender que las bibliotecas personales son una forma inocua de consumismo y capitalismo es no comprender que quien dedica su vida y sus recursos a hacer una colección, lo hace siempre con la intención de que sus ideas o al menos sus libros, contribuyan a forjar o fortalecer la cultura de una comunidad. ¡Larga vida a los coleccionistas y a las librerías de usado!

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