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miércoles, julio 6, 2022

La aventura de los libros, Apuntes para un estudio sobre la creación literaria. Parte 2

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Mauricio Ramírez Gómez

Durante las últimas décadas, en los estudios literarios se han impuesto dos conceptos que ofrecen perspectivas novedosas sobre la incidencia de las obras y los autores. El primero de ellos es el de sociabilidad, referido a todos aquellos espacios en los cuales los escritores interactúan y que les permiten crear redes para la circulación de sus obras, así como para el intercambio de nuevas ideas. El análisis de esas sociabilidades tiene en cuenta los espacios que frecuentan los escritores (cafés, bares, centros académicos, clubes, tertulias, etc.) al mismo tiempo que las orientaciones estéticas, políticas y religiosas, o incluso, la procedencia de clase. La importancia de este concepto está en que obliga al investigador a pensar en cómo el autor se incorpora o no a instancias de legitimación, sean estas formales o no, para alcanzar el reconocimiento de su obra. Esto obliga, igualmente, a tomar conciencia de que la literatura es un hecho eminentemente social. En su libro ‘La institución literaria’, Jacques Dubois afirma: “El análisis de la institución revela que la literatura en cuanto tal no existe, sino toda una serie de prácticas especiales y singulares que se llevan a cabo tanto en el lenguaje como en el imaginario y cuya unidad se realiza, únicamente, en ciertos niveles de funcionamiento y de inserción dentro de la estructura social”.

La afirmación de Dubois resulta todavía provocadora. Sin embargo, vale la pena preguntarse si dicha negación de la existencia de la literatura no supone más bien la afirmación de la existencia de múltiples literaturas. Es decir, no hay una sola literatura, en tanto unidad estética, sino tantas como espacios de sociabilidad. Esa supresión de las jerarquías literarias expone al lector a la mediocridad, sin duda, pero también somete al escritor a la pregunta por el sentido de lo que ha dado en llamarse ‘éxito literario’. Tener o no lectores puede ser un hecho pasajero, pues el gusto cambia y con él la aceptación o negación de una obra. De la misma manera, el olvido puede ser más una consecuencia de la falta de interés del escritor por incorporarse o crear espacios de socialización que legitimen su obra.

Precisamente, el segundo concepto es el de legitimación, que se refiere al conjunto de instancias que consiguen que una obra sea reconocida por un grupo humano. Dice Dubois: “las producciones estéticas se vinculan, por ineludibles mediaciones, a sus determinaciones socioeconómicas. En un examen de este tipo, pueden intervenir variables como el origen social del escritor, sus posiciones filosóficas y políticas, o las condiciones materiales de su trabajo de escritura. En lo que respecta al grupo, su papel es determinante, en la medida en que usa los textos y les concede un valor, así mismo se encarga, en cada etapa de su circulación, de fijar los usos de la literatura”.

La legitimación sucede cuando los ‘pares’ del escritor –es decir los otros escritores- comienzan a resaltar las obras de sus ‘colegas’ y las incorporan a sus prácticas y discursos cotidianos. Tras ellos van los lectores, quienes atraídos por las cualidades de esas determinadas obras, comienzan a demandarlas, activando la cadena de producción editorial.

Todo lo anterior lleva a pensar que con los escritores sucede como en la historia según la cual los dioses antiguos perdieron sus poderes con la última persona que profesaba su fe, convirtiéndose en simples referencias retóricas. Hay escritores cuya incidencia ha decaído con la muerte del último de sus más fervientes lectores. Pero quizá sea más reconfortante compartir la idea del escritor Roberto Calasso, para quien esos dioses antiguos están escondidos en el aire, a la espera de alguien que crea de nuevo en sus potencias creadoras y destructoras. A lo mejor, lo que algunos escritores del pasado y del presente aguardan es una especie de cenáculo que se reúna en torno a sus obras, sin veleidades ni prejuicios, para conversar y encontrar en ella sus poderes transformadores.

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