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domingo, octubre 2, 2022

La Aventura de los Libros, Algunos lugares de Pereira para evocar nuestra memoria literaria

Mauricio Ramírez Gómez

Se puede recorrer Pereira y evocar en ella momentos de su historia literaria. Un recorrido puede comenzar en el Cementerio San Camilo, en el mausoleo de la familia Cano Grillo. Allí se encuentran los restos del poeta Julio Cano Montoya, fallecido en 1929, autor de la letra del Himno a Pereira. Cano fue hasta la década de 1940 nuestro poeta insigne y de su libro “Brotes de rebelión y voces sumisas” (1914) solo se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Colombia. En ese mausoleo también reposan los restos del cronista Rafael Cano Montoya, asesinado en enero de 1930 por el comandante de bomberos, por una columna en su contra publicada días antes en el periódico El Diario.

En la Iglesia El Claret están los restos de Lisímaco Salazar, Emilio Correa Uribe y otros escritores.

A pocos metros, en la carrera séptima, entre calles 22 y 23, se sabe que quedaban los consultorios y casas de habitación de Eduardo Martínez Villegas y Julio Cano, ambos fallecidos en 1929, en mayo y diciembre respectivamente. De su encuentro con estos poetas, escribió Lisímaco Salazar: “Había conversado con don Eduardo, pues más de una vez visité el gabinete de Odontología que tenía en la carrera séptima entre calles veintidós y veintitrés, cerca al gabinete de don Julio Cano. (…) Don Julio Cano se extendía en los dioses del Parnaso, en la Guerra de Troya, en las nueve musas del Olimpo en Tesalia, en los castigos de Zeus, uno de los cuales pagaba Prometeo en los peñascos del Cáucaso, encadenado. Don Eduardo hablaba del Renacimiento, de la invención de la Imprenta por Gutenberg, del descubrimiento del nuevo Mundo por Cristóbal Colón, de las pinturas de Miguel Ángel, Rafael, y Leonardo da Vinci, de la arquitectura de Brunelleschi, de la reforma de Lutero y Calvino, de la poesía de Dante y de Petrarca, de la manera de pensar de Maquiavelo y de Erasmo, de Copérnico con su sistema astronómico heliocéntrico, es decir de todo lo que había surgido con la venida del Renacimiento. Yo ponía atención a todo, pero nada comprendía”.

En la carrera sexta, entre calles 20 y 21, está la casa de Luis Carlos González. Por la misma carrera, una cuadra más adelante, funcionó en una casa ya desaparecida, la Sociedad de Amigos del Arte, lugar de numerosas conferencias y encuentros literarios.

 

 

 

 

 

En la Plaza de Bolívar, en la casa Marulanda de la calle 20 (donde es hoy la pastelería Venecia), a pocos pasos de la catedral, funcionó la primera sede de la librería Quimbaya, emblema de la cultura en Pereira durante el siglo XX. Allí, a comienzos de la década de 1960, las jóvenes Rosina Molina, Albalucía Ángel y Diola Gallo, se encontraban los viernes para conversar y soñar con grandes realizaciones. En la esquina del frente, en la casa que reemplazó el edificio Braulio Londoño, en la calle 19 con carrera octava, funcionó entre las décadas de 1880 y 1920, la primera biblioteca que tuvo Pereira, la colección personal de libros de don Clotario Sánchez. “Se sabe, pues, -escribe Lisímaco Salazar- que don Clotario llegó a Pereira en el año de mil ochocientos ochenta y cinco, con una familia que no era numerosa (…). Aquí se instalaron y trabajaron desde entonces en bien del pueblo que crecía aceleradamente. Don Clotario fue el progenitor de Martín, quien trajo a este pueblo la primera máquina de retratar. ”Daguerrotipo” llamaban en ese entonces esta clase de aparatos y con ella entusiasmó a los que habitaban en Pereira. Don Clotario fue también el padre de Ricardo Sánchez, célebre corresponsal de los diarios de la Capital y colaborador de los semanarios que circulaban en Pereira”.

En la esquina de la calle 18 con carrera octava, quedaba el café Blanco & Rojo, abierto al público en la década de 1920, y junto con el café del Gran Hotel, los sitios de reunión de los escritores durante la primera mitad del siglo XX. También en la calle 18, pero entre carreras sexta y séptima, quedaban las oficinas del periódico El Diario, dirigido por Emilio Correa Uribe. En la casa de al lado, abrió sus puertas, el 22 de agosto de 1938, la Biblioteca Pública Municipal “Ramón Correa Mejía”.

En la carrera séptima, entre calles 16 y 17, en la segunda sede de la Librería Quimbaya (donde hoy queda un almacén de zapatos), estuvieron los Nadaístas en la década de 1960, recién expulsados de Manizales, y allí pronunció Eduardo López Jaramillo, a su regreso de Europa en 1968, su primera conferencia sobre el Marqués de Sade.

Y el viaje termina en el parque de La Libertad. Allí, en la década de 1910, se realizaron veladas literarias con la participación de los escritores notables. Y en la Iglesia La Valvanera reposan desde septiembre de 1944 los restos del cronista antioqueño Luis Tejada, el gran vanguardista colombiano. En Pereira comenzó a publicar sus crónicas, contrajo matrimonio y aquí quedó la huella de su padre, el escritor y pedagogo Benjamín Tejada Córdoba, director de Bien Social, uno de los mejores periódicos que circularon en la ciudad entre 1917 y 1922.

Cada época, cada grupo y cada individuo construye su memoria, a partir de recuerdos y anécdotas que presencia o recupera. Mientras los evocamos, el presente sigue fraguando un nuevo pasado.

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