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viernes, junio 24, 2022

La aventura de los libros

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Mauricio Ramírez Gómez

La investigación en literatura

Cuando se piensa en los orígenes de la literatura en Pereira, poco se repara en el hecho de que luego de su fundación este era un caserío incipiente, rodeado de guaduales, en el que sus primeros pobladores empleaban la mayor parte de su tiempo y energía en adaptarse a la naturaleza y el clima. Los primeros brotes de literatura debieron manifestarse en narraciones orales y en canciones.

Es factible pensar que la acumulación de tierras en unas pocas manos, el incremento de la producción agrícola y la llegada de cada vez más capitales, hicieron necesarios el comercio, el establecimiento de leyes, la educación y la medicina. Esa especialización de la vida cotidiana hizo posible la llegada de profesionales con inquietudes intelectuales, con tiempo libre y deseosos de incidir sobre el pensamiento y la vida de los otros. Así debió surgir el interés por mejorar los servicios públicos, las obras viales y de infraestructura, y sobre todo, por elevar el nivel cultural de la población. Esas nuevas actividades crearon también nuevas necesidades, como el comercio de libros, papel y periódicos. También la imprenta, para influir sobre las opiniones. La primera la trajo Emiliano Botero en 1904.

¿En las alforjas o el baúl de quién llegaron los primeros libros? ¿Qué títulos eran? ¿Cuántas personas los leyeron antes de hacerse trizas? ¿A quién perteneció la primera colección de libros privada? ¿Quién fue el primer comerciante a quien se le ocurrió incluir libros entre sus inventarios para la venta? ¿Quiénes fueron los primeros escritores reconocidos en el pueblo?

Sabemos que en 1886, aproximadamente, un hombre llegado de Cundinamarca, Clotario Sánchez, trajo consigo un puñado de libros que puso a disposición del público, en alquiler, en un local de la Plaza de Bolívar con calle 19, en la misma esquina donde se llevó a cabo la misa de fundación. También sabemos que en la miscelánea de Jesús Paneso se vendían libros. Ricardo Sánchez narra en una historia que a comienzos del siglo XX los intelectuales reconocidos eran Julio Cano Montoya y Antonio Isaza Palacio. Del primero, sabemos que es el autor de la letra del himno y de un libro, “Brotes de rebelión y voces sumisas”, del que solo queda un ejemplar que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Colombia. Del segundo sabemos que colaboró en los primeros periódicos que circularon en Pereira. Nada más.

 

 

 

 

 

 

Con los periódicos se hizo cotidiana la literatura y con ella el deseo de leer nuevos libros. Poco sabemos de ese comercio, en el que seguramente jugaron un papel protagónico los arrieros y luego el ferrocarril.

Escribir y leer se convirtieron en actividades cotidianas, pero no la impresión de libros. Las imprentas no se arriesgaron a imprimir libros. Quizá por eso la gran antología de la literatura escrita en Pereira durante la primera mitad del siglo XX se conserva en las revistas y periódicos de la época, algunos de los cuales tampoco se encuentran en la ciudad. Sin olvidar la cantidad de libros inéditos, algunos de ellos perdidos ya definitivamente, que los escritores de esos primeros años dejaron a su muerte en herencia a sus desentendidos familiares.

Olvidamos a menudo que escribir es un hecho individual en el que inciden circunstancias sociales, como la formación y origen de clase del escritor, las motivaciones históricas de la obra y las circunstancias económicas que condicionan la reproducción y la circulación. No es lo mismo ser escritor en un pueblo con vocación minera, comercial o agrícola, porque cada una de esas sociedades está mediada por principios que hacen más fácil o difícil a un hombre o una mujer dedicarse a la literatura. Tampoco podemos olvidar las circunstancias políticas.

La investigación en literatura en Pereira puede dar algunas respuestas, aunque sean parciales, a estos y otros interrogantes. Es un territorio por descubrir, quizá no tan emocionante y edificante como el estudio de los grandes autores colombianos y extranjeros, pero sin duda necesario a la hora de comprender lo que ha significado y significa crear en una ciudad como esta. Debemos aprovechar que es posible todavía encontrar vestigios de las obras de quienes dieron origen a nuestra actividad literaria.

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