James Llanos y el encuentro con lo ancestral

n Cecilia Caicedo Jurado

Investigadora cultural y escritora. Egresada de la Universidad Complutense de Madrid.

Un puente peatonal elevado, atraviesa el río. La contemplación del menguado cauce provoca la creatividad del artista. James Llanos propone a su grupo de creadores pintar de rojo unas piedras grandes que las ubican en el lecho del río, ahora fangoso y de circulación precaria.  James recuerda que en su niñez lo atravesaba nadando o correteando peces multicolores, que en tamaño iban de renacuajos en las orillas hasta excelentes presas de pesca que circulaban en medio de la corriente.

Las colocan como piedras ancestrales. Miradas obligadas para incitar a los pueblos para atender las ritualidades de cosecha, siembra, guerra o paz, etc.  James pinta los totem del siglo XXI para la Colombia que en rojo intenso obliga a posar la mirada en el deterioro de las aguas, para nada cristalinas como en antes, ahora rojo sangre, rojo violencia, que a fuerza de tan roja produjo el efecto contrario: volverse invisible. Ahora, roja la piedra los ojos transeúntes se preguntarán por qué.

Y en eso consiste buena parte de la visión del artista. La seducción de la mirada de la que tan bellamente habla Lipovetsky, asumimos con Llanos que es necesario y pertinente que la direccionalidad dada a los nuevos totem tienen justamente la misión de incitar a una reflexión. No solo existirán miradas cómplices hacia los nuevos objetos del deseo, de la acumulación de cachivaches (coches, viviendas, vacaciones por club, todo en marca comercial de la comida a la ropa, de la ropa a las emociones), sino procurar que los ojos vayan mas allá del resplandor efímero, hacia lo interior e intrínseco. Del “decir y lo dicho” de la lingüística a lo pintado y manifiesto en el arte, es por sí mismo el salto necesario. Junto al rojo de la piedra está la violencia de las aguas de un río atestado con colchones, latas, envase, todo lo que encubre el ansía del comprar y del tener.

De esa primera llamada pasa James Llanos en los dibujos posteriores al totem. Elemento sagrado de las culturas primigenias al que ahora le insufla fuerza e importancia.  Es el grito a la fuerza   de las épocas fundantes qué, siguiendo con la idea del cauce del río, tenían la transparencia de lo propio, lo no espurio comercial únicamente. El totem en los dibujos de Llanos recurre a la propuesta de Gilles Deleuze y Félix Guattari, que desde el concepto rizomático, utiliza las vulvas que siguen creciendo en el trasfondo de la vida, para liberar nuevas formas de expresión. Los dibujos de Llanos logran ese efecto embrujador. Con tinta china, con parsimonia, con hondura, cada trazo es la continuación del otro, el rizoma crece a partir de cada nicho, lo interesante es permitir que lo rizomático se expanda. En efecto, el totem primigenio corresponde como señala Mircea Eliade a la repetición del signo que no es acumulación sino creación: “Cada año, en efecto, el hombre arcaico toma parte en la repetición de la cosmogonía, el acto creador por excelencia. Hasta puede agregarse que, durante algún tiempo, el hombre ha sido “creador” en el plano cósmico de la vida”  .

Cuando Llanos convoca la mirada del espectador – contemplador de arte – o simplemente del transeúnte viandante a focalizar la piedra – totem, o el dibujo totem es sin duda una provocación a la autoconciencia. No es volver al pasado sin escrúpulos sino asumir el presente, desde las bases ciertas que fundan la cultura de estos pueblos.

Siguiendo a Humberto Eco  el arte como texto se puede interpretar en la intención del autor, del lector, en el devenir del “deslizamiento de sentido”: Y es en ese deslizamiento de sentido en donde asumimos la comprensión de los dibujos en plumilla de James. Figuras totémicas que recogen los símbolos fundamentales de lo ancestral: obsidianas y lancetas, geometrismo y redondez en las figuras, corazón y ofrenda en la figura humana. Pero fundamentalmente la insinuación del crecimiento de los rizomas que horadan y están danzando en nuestro sub-fondo cultural. Certeramente lo señala Eduardo Galeano HAY QUE RAZONAR Y SENTIR.

Y cada dibujo a su vez está enmarcado en otro texto pictórico porque cada dibujo es en si mismo un mundo con su propia cuadratura. Por eso el marco contiene ojos dibujados, que a su turno son miradas de otras caras, o son flores que se enuncian en definición geométrica. El marco cumple en consecuencia una función mayor que la de encerrar una figura. Su objeto es explicarla desde otras perspectivas para indicar que las fronteras son solo entelequias.

Voy a concluir de la mano de Fernando Viviescas, que a su turno desde Walter Benjamín se explica al hombre actual constructor de espacios urbanos desde la inmensidad del arte que nos explica todo:

El nómada urbano de nuestro tiempo, en sus ensoñaciones de paseante y en su deriva urbana, regularmente percibe en las instalaciones físicas de la ciudad mucho más que eso. Ir por la ciudad, vagar por ella, podría rememorar el ejercicio primario del paseante del antiguo bosque poblado de árboles por donde el caminante de hoy avanza ligeramente perdido del sendero y extraviado, acompañado tan sólo por el chasquido producido por el quiebre de las ramas y las hojas secas en el suelo. 2

Efectivamente los dibujos de Llanos son la brújula que recuerda el sendero, es la reinstalación no en el pasado “per se”, sino en el memorioso cultural que nos explica. Bienvenido ese trabajo del artista plástico que nos abre a otros cauces.

 

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