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lunes, agosto 8, 2022

Invitación no aceptada

Es tendencia

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´Levante los brazos y ponga las palmas de su mano hacia arriba: Zaz, Zaz´ ¡Qué dolor! ´Llegó dos minutos tarde, hoy como castigo se queda sin almuerzo´, y para validarlo se queda encerrado en un salón, sin derecho a comunicarse con nadie. Esto era parte del modelo pedagógico. Si por alguna razón se reiteraba la llegada tarde a clase, entonces el castigo era ir todo el día sábado al colegio, a encerrase en un salón, haciendo hincapié que en esa época no existía internet ni celulares.

 

 

Campaña de pintura del colegio.

 

 

 

 

Y el ejercicio memorístico tampoco podía fallar: después de recitar más de tres hojas de palabras con determinada condición gramatical, si olvidaba alguna, la frase contundente era:  ´usted solo sirve para coger café´ – como si eso fuera tan deshonroso-. Hacer fila milimétricamente recta, durante dos o tres horas, en absoluto silencio, era otra de las opciones comunes que se consideraban correctivas. 

Las comentadas ´nalgadas´ es decir la exposición de nuestra parte trasera para que el corrector de conducta la emprendiera con su regla de madera de varios centímetros de espesor sobre esa zona de nuestro cuerpo, eran un componente esencial del menú disciplinar.

 

 

Fotografía el Dr. Juvenal Mejía Córdova. Conocido con el remoquete de Vacabrava.

 

 

 

La corbata, ese aderezo que se inventaron no se para que, era otra de las torturas preferidas. Este es el contexto para su uso en un colegio del que, ya pronto y fácilmente los cogeneracionales pereiranos  van a relacionar. Realice usted dos horas de ejercicios. Luego y SIN darse una justa ducha, usted deberá cambiarse la ropa deportiva por la ropa de diario incluyendo el aderezo de la corbata y, eso si, acompañado del saco y de nuevo al salón de clase a escuchar las diatribas matemáticas o filosóficas del momento.

 

 

Aquí apartes de un comentario de un exalumno: “Si pudiese borrar de mi vida los años que estudié en ese rancho y con las más mínimas condiciones de salubridad, lo haría. Muchas veces denunciaron ese colegio ante el Ministerio de Educación, pero todo quedaba igual. 72 estudiantes en un solo salón de los cuales muchos con el pupitre en el corredor”

Esas son algunas de las anécdotas que permiten contextualizar un modelo pedagógico que se trabajaba en el colegio Liceo de los Andes, por allá en los años 60 e inicios de los 70. Colegio regentado por el Dr. Juvenal Mejía Córdova (Q.E.P.D), también conocido por el remoquete de un ´bovino fuera de control´ o sea ´vaca brava ´ 

 

 

Parte interior del colegio.

 

 

 

Algunas de sus frases colaboran con la comprensión de su pensamiento y actuar pedagógico:

“Usted debe utilizar el castigo de dolor para que se cree un hábito”, “el hábito en un niño hay que romperlo violentamente y no con consejos que es hacer ruidos que no entiende”, pero de igual forma retomaba la tan repetida frase de la letra con sangre entra.

Ese modelo del castigo físico – validado aún hoy en día por algunos sectores de la sociedad – utilizado para tratar de condicionar el cerebro del niño, a través del miedo y el terror, para “domesticar” esos comportamientos ´indómitos´, para inculcar las “buenas costumbres y valores”, es un modelo que tiene de trasfondo el propósito de castrar el pensamiento, fundamentalmente el crítico, es decir, una violencia practicada para crear servidumbre.

 

Modelo de castigo utilizado en el Liceo de los Andes.

 

 

 

 

Violencia que aleja al niño de sus entornos soñadores, lúdicos, de libre pensamiento y actuar. El proceso formativo se torna indeseable y también imposible. Bien lo decía Bertrand Russell: “Ha sido costumbre de la educación favorecer al Estado, a la religión, al sexo masculino y a los ricos”, es decir una educación que busca engranar la transmisión de saber solo para conservar el statu quo del poder.

Ese modelo pedagógico sustentado en la violencia, pregonado y puesto en marcha por “vaca brava”, en su colegio Liceo de los Andes, deriva de una de las épocas más oscuras de la humanidad como lo fue la Edad Media, cuando el derecho a pensar no era un derecho, donde la presencia de la discriminación de ciertos grupos humanos frente a otros era lo peculiar, periodo histórico en el que la mujer es marginada frente a los hombres,  los blancos privilegiados frente a los negros, el terrateniente favorecido frente al campesino. Esas eran algunas de las particularidades del sistema social y educativo. Lo peor de la condición humana salió a flote durante más de cinco siglos y sus raíces han sido recogidas por algunos fieles admiradores como el Dr. Juvenal Mejía.

Pero bien lo expresaba Goethe en el sentido que da más fuerza el sentirse amado que saberse fuerte. Copérnico, Galileo, Diderot, Rosseau, Da Vinci, Voltaire, – estos si referentes válidos – entre otro gran grupo de pensadores humanistas así lo confirmaron. Un modelo de educación debería partir de otros componentes, cobijados por una mirada humanística, como mejores espacios para el debate, para la libertad de opinión, para el esparcimiento de ideas universales, en el que la inclusión y la equidad sean los dos primeros principios que deben practicar todas las instituciones educativas. La violencia no debe tener espacio en ningún modelo pedagógico.

 

Otro modelo de castigo.

 

 

 

El jueves 2 de diciembre el columnista – y docente universitario – Lisandro López Martínez, propone en su columna realizar un “gran homenaje in memorian” a Vacabrava.

Lo siento, pero no acepto la invitación, que con seguridad la gran mayoría de exalumnos del colegio también la declinarán. Porque no puede ser que debamos exaltar esas malsanas tradiciones de la cultura de la violencia y la represión para educar, cuando hoy en día existen modelos que pregonan y practican todo lo contrario a lo sucedido en aquel colegio. Tal vez el homenaje debería hacerse a los docentes que no acolitaban esas prácticas, como Bonnel Mejía, Manuel Mesa, Esteban Murillo, entre otros. O tal vez realizar homenajes para los   excelentes docentes que existen en nuestro medio, quienes en realidad si han tenido respeto por el humanismo educativo, hacedores reales de cultura solidaria, que han construido proyectos pedagógicos dignos de cualquier espacio de aprendizaje.

No tiene ninguna validez que se nos venga a proponer un evento de homenaje a quien, desde su posición como rector, impulsó tan malas costumbres educativas.

*HAROLD SALAZAR ARBOLEDA

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