Icopor: entre la practicidad y el caos

Julian Alberto García Lozano

La gran mayoría de alimentos que llegan en blancas y prácticas cajitas térmicas, los protectores de muchos equipos que son embalados desde las fábricas, cientos de trabajos para el colegio, laminas para cielo rasos, pisos y paredes e incluso los vasos en los que se toma el café en muchos establecimientos son hechos con una espuma ligera de poliestireno expandido a base de aire y partículas de petróleo que en Colombia lo llamamos Icopor.

Como nos podemos dar cuenta, su uso es generalizado en muchos campos de nuestra cotidianidad dado que es un producto liviano, económico y versátil, lo que constituye una importante fuente de ingresos para miles de personas.

Sus bondades no pueden cegarnos al punto de no reconocer el daño tan grande que le hace al planeta, su porcentaje de degradación es del 0%, su casi nula posibilidad de reciclaje que en Colombia no llega al 1%, la terrible contaminación de ríos y mares, donde es confundido por los peces, aves, tortugas e incluso ballenas que lo ingieren como alimento y mueren.

Muchos de los niños son felices con él haciéndolo trizas y arrojándolo al suelo donde después se hace casi imposible recolectarlo e irremediablemente ira a parar a los drenajes de aguas lluvias donde empieza el verdadero problema, esas partículas jamás desaparecerán de la faz de la tierra y nos acompañaran por siempre en rellenos sanitarios, en los ríos, en el mar, en las zonas verdes como testigos mudos de nuestro grado de cultura donde preferimos nuestra comodidad a la vida sana del planeta.

Algunos países han tratado de limitar su uso sin buenos resultados, pues alrededor de él se mueven muchos intereses económicos y en nuestro medio esto tiene mas relevancia que la vida misma. Este llamado no pretende cerrar las fábricas de este producto, solo invocar a la conciencia ciudadana, a la sensatez, al sentido común, llamo a esa parte de su corazón donde viven los recuerdos de días soleados, de tardes calmas, de vivificante lluvia, del hermoso verde de la naturaleza limpia, de los cristalinos arroyos donde se bañó un día, tocó la puerta de su alma para decir que así como la gente disfrutó de ellos sus nietos querrán hacerlo, otros seres humanos cercanos o distantes también tiene todo el derecho de gozar ese privilegio que esta extinguiendo poco a poco.

La próxima vez que tenga que solicitar productos empacados o servidos en icopor, piense por un instante: ¿podría utilizar otro elemento diferente a éste?… Talvez ¿podría tener su propio termo?… ¿Podría mejor llevar la comida en recipientes reutilizables?… ¿Acaso es estrictamente necesario hacer uso de este producto que utilizará solo una vez y nos acompañará toda la eternidad?. Por favor, cortemos el circulo que así un vasito o cajita sea reciclado, regresará mañana para no morir jamás y estorbarnos toda la vida.

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