Perdónennos, pero cometimos el error de pedirle ayuda a esa cosa que llaman Inteligencia Artificial, para hacer la tarea de, con nuestros corazones, redactarles una Carta Abierta, en la que consignáramos todo lo que de verdad les deseábamos decir, sin que nada se nos quedara por fuera. Le dimos un puñado de datos porque creíamos que íbamos a lograr lo mejor, y descubrimos que ella no tiene corazón y no saben absolutamente de todo lo grande que Ustedes son y ni idea de lo que, de verdad, durante todos estos años nos han brindado, que es mucho más que la posibilidad de reír para distraernos.
Este mundo era para nosotros, y para miles, perdón, millones de personas, antes de “País Paisa”, una cosa, y después de esta obra teatral, el teatro en nuestro país, y en muchos más, comprendió que debería ser alegre, vistoso, sensible, amable, elemental, así en todas y cada una de las obras que ustedes nos han mostrado, se desparramen en alegorías para el entretenimiento, incluyen en ellas trozos de historia, de ciencia, de conocimientos, de sabiduría, que entre otras cosas, nos deslumbran por la precisión que hay en ello.
En todas ellas hay amor, celos, intrigas, chismes, vida cotidiana, noticias, actualidad, picardía y conocimiento. ¡Qué barbaridad!
Hemos visto en escena, entre otras, estas fantasías: Mima-mame-mima; Tanto Tango; El sueño del Pibe; País Paisa; Pues Antioquia vos; Medio Medellín; Trapitos al sol; Colcha de retazos; Cosas de la Vida; La Patria boba; Chupe por bobo; Mañana le pago; Coma Callao; Gringolombia; La puntica no más; Lo que no mata, engorda- Bandeja paisa; No vuelvo a beber; Vida de perros; Coronavirus y Clase Mela, pero muchas de estas las hemos repetido sin vergüenza.
Hacer reír
Hacer Teatro para hacer reír es muy difícil y ustedes han dado mil ejemplos de que esa no es una ley, pues han demostrado que deben conjugarse la seriedad (parece raro, pero es así), con la disciplina, la lectura, el estudio y el rigor, para hacer feliz a la gente de aquí y de allá, a la gente común y corriente, a los ricos, a los pobres. Uno se sorprende del cómo llenan escenarios en diferentes partes del planeta, con otras creencias, otras maneras de ver el mundo, otras religiones y diferentes credos políticos y todos, de los colores y pensamientos más variados, ríen a carcajadas. Eso es talento y es enseñanza.
Gracias por ser el antídoto del estrés, por permitirnos el relax, por relajarnos, por hacernos dar cuenta que tenemos emociones.
Gracias por ser tan buenos artistas, poetas, cantantes, declamadores, hacedores de versos serios e inteligentes.
Gracias por darnos no solo la posibilidad de reír, sino de pensar y descubrir cosas. Por hacernos dar cuenta que la risa que se derrama por la sala con ustedes en escena, produce cariño, afecto, amistad.
Uno sale con aliento nuevo, amigos nuevos, sangre nueva y hasta con un alma nueva, cuando después de tres horas de verlos y escucharlos, se da cuenta que el mundo puede ser diferente, cuando se asiste a un espectáculo que lo demuestra.
Los admiramos
Los admiramos por lo cultos que son, por la malicia que ponen en escena e inspi- ra, por lo que conocen, porque tienen una memoria sin límites, por e s e conocimiento que almacenan y por muchas cosas más.
Antier que salimos de la nueva versión de “País Paisa”, mi cuñado Gonzalo nos preguntó que si ustedes usaban un “telepronter auditivo” que les soplara sin que nadie supiera, todo lo que recitaban todo el tiempo de memoria. Increíble que eso pueda pensar un espectador noble e inteligente como él, pero es que esa capacidad de un artista para manejar lo que tiene en la cabeza con tanta precisión y puntería, es aterradora.
Finalmente, amigos, admiramos la capacidad que tienen para burlarse de nosotros mismos, sin hacernos dar rabia.
Pareja en la vida, dupla en el escenario
Ustedes dos han logrado algo que pocas veces vemos: hablar de todo sin miedo.
De lo incómodo, de lo bello, de lo político y de lo íntimo. Y lo hacen desde el teatro, ese lugar donde se desnuda el alma sin quitarse la ropa.
Los admiro porque son exitosos, sí. Pero más admiro que ese éxito no los volvió silenciosos. Al contrario. Lo usan para abrir preguntas, para incomodar con inteligencia, para proponer en vez de solo criticar.
Son buenos. Se nota en cómo tratan a su público, en cómo cuidan cada palabra en sus obras. Son inteligentes. Porque no subestiman a quien los ve. Y son propositivos. Porque después del aplauso dejan una semilla: “¿y si hacemos algo distinto?”.
Como pareja, nos recuerdan que se puede construir juntos sin anularse. Que se puede disentir en escena y amarse fuera de ella. Que el arte y el amor pueden ser un proyecto en común.
Gracias por usar su voz para decir lo que muchos pensamos y pocos se atreven. Gracias por hacer teatro que no entretiene y ya, sino que mueve, que despierta, que obliga a pensar.
El mundo necesita más artistas como ustedes. Y nosotros, como espectadores, necesitamos seguir viéndolos arriesgar.
Con admiración y gratitud… Margarita María Martínez Germán Ossa


