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sábado, julio 2, 2022

Gonzalo Arango, poeta de una nueva era

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Todas las lágrimas

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Francisco Javier López Naranjo

A raíz del reciente IX Encuentro Internacional Nadaísmo en Todaspartes Eje Cafetero, celebrado en Pereira, con proyección a otros municipios, en el marco del natalicio de Gonzalo Arango, voy a hablar un poco de la producción literaria del fundador del nadaísmo en la última etapa de su vida, en la que predicó un misticismo que se encuentra reflejado en el libro “Todo es mío en el sentido de que nada me pertenece”, en el que se encuentra recopilada la producción literaria de Gonzalo de dicha etapa (1971-1976), por lo que estoy convencido de que además de haber sido el fundador de un movimiento literario que “no dejó una fe intacta ni un ídolo en su sitio”: el nadaísmo (1958), también fue precursor de la poesía colombiana de una nueva era.

Dice Gonzalo Arango en su poema “Portadora de antorchas”: “Evidentemente estamos pisando el umbral de una nueva era religiosa, donde la poesía es gestadora y dadora de luz, portadora de divinidad en el hombre… El nadaísmo preparó el advenimiento de Cristo en nuestros corazones…”, palabras aparentemente extrañas y contradictorias en un revolucionario que en su época de nihilista e irreverente se pronunció en contra de la religión, como madre de la idolatría, la hipocresía y explotación.

Inclusive un ilustre amigo mío le criticó que hubiera terminado escribiendo oraciones limosneras, ¿pero a qué clase de nueva era, religiosidad, divinidad y Cristo se refería Gonzalo Arango? Sin duda no a charlatanerías seudoesotéricas o subesotéricas de moda, que ahora se les denomina “Nueva era”, ni a ese dios dogmático, a ese cristo estatua de sectas petrificadas. Pero veamos lo que el mismo Gonzalo expresa en el citado libro: “… Ser Cristo es un estado del alma, un estado por el cual el hombre manifiesta la divinidad… No preguntes por Dios. Todo lo que ves es Dios. ¡Ámalo!… Vivir a Cristo en obras, no en limosnas ni en oraciones pordioseras que nacen de la idolatría, no en el corazón… La perfecta oración es acto de amor… Cuando el hombre encuentra a Dios en su alma, ya no necesita iglesias ni religiones… Cada hombre es Diablo y Dios.  El cuerpo es el templo de Dios si lo habita el amor.  Pero es templo del Diablo si lo habita el egoísmo… Cielo es amor, egoísmo es infierno… El fin del mundo es el fin del amor en el corazón del hombre”. (La auténtica nueva era sería, entonces, el nuevo despertar del amor en el corazón del hombre). 

¿Y cómo lograr ese florecimiento del amor? Gonzalo poetiza: “… Cuando te apegas al ego pierdes el reino y te esclavizas al mundo… Mata el ego para vivir realmente… Cierra el ojo y mírate por dentro, afuera muere el ego, en ti nace el universo… Matar con armas es una cobardía heroica. Pero matar el ego en sacrificio voluntario es la muerte de la resurrección, el encuentro de Dios en uno mismo”. Y, según él, ¿cuál es la finalidad de la poesía?: “Poesía es metafísica de las palabras y alquimia de las imágenes… Tea para iluminar la conciencia del hombre y guiar la vida a la grandeza y dignidad de sus más altas cimas en la Divinidad…”.

Me parece que para próximas celebraciones del natalicio de Gonzalo se debiera reeditar “Todo es mío en el sentido de que nada me pertenece”, donde está lo más elevado de su producción literaria. En mi turbulenta adolescencia fui un pichón de nadaísta que, con algunos secuaces iconoclastas, devoré poemas de Gonzalo Arango, Jota Mario Arbeláez, X-504, Amílcar U. y escandalicé a mi pueblo con escritos e irreverencias, hasta cuando toqué fondo en las tinieblas. Conocí la “sapiencia del pecado”, y ahora anhelo la luz. Un proceso semejante al de Jota Mario Arbeláez, quien confiesa que ahora le sigue los pasos a Gonzalo Arango en su amor por Cristo: “Trece años le metimos a la misión satánica y tanto nos ejercitamos en volear el alfanje que en pleno campo de batalla le rebanamos la cabeza a nuestro aliado Satanás y volvimos a Dios las miras… Con Dios se han hecho muchos chistes y Él no ha dejado de reír…”.

Algunos califican a Gonzalo Arango de profeta; otros, de magnífico escritor, poeta y filósofo. El Dr. Alberto Lleras Camargo lo denomina “El Khalil Gibran hispanoamericano”. Y es considerado uno de los cincuenta personajes del siglo XX en Colombia.  Para mí es un iniciador de la poesía colombiana de una nueva era a la que le hacen falta cantores, un nadaísta consecuente con sus principios (“Ser nadaísta es también dejar el nadaísmo si ya no sirve a los poderes de la vida y el arte”), que tocó fondo en las tinieblas hasta llegar a la luz. Un vate que cumplió bien con la vibración para la cual fue destinado en una determinada instancia del suceder histórico.

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