20.4 C
Pereira
martes, noviembre 29, 2022

Galán, ganador del premio “José Emilio Pacheco”

En esta edición, dedicada a la poesía, se recibieron 188 trabajos provenientes de quince países.

El escritor salvadoreño Jorge Galán es el ganador del Premio de Literatura “José Emilio Pacheco 2022” por su libro Equinoccio, que “atestigua cómo la naturaleza persiste a pesar de tener todo en contra”.

“Por la expresión personalísima de una naturaleza dolida y celebrante, y de una ciudad demencial que se embiste a sí misma”, el libro Equinoccio, presentado con el seudónimo Balfalás, del escritor salvadoreño Jorge Galán, fue elegido de forma unánime como ganador de la séptima edición del Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco. La ceremonia de entrega se realizará el sábado 3 de diciembre, durante la celebración de la edición 36 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Dotado con diez mil dólares estadounidenses y la publicación del libro ganador, el Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco, que nació en memoria del escritor mexicano como un espacio para incentivar la creación literaria y la apreciación estética de la naturaleza, es convocado por la Universidad de Guadalajara, mediante el Museo de Ciencias Ambientales del Centro Cultural Universitario, en colaboración con la FIL Guadalajara.
En esta edición, dedicada a la poesía, se recibieron 188 trabajos provenientes de quince países: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, México, Nicaragua, Nueva Zelanda, Países Bajos, Perú y Venezuela.
En el libro Equinoccio, “mediante un oleaje rítmico, épico y atemporal, la voz propone, a su modo, una teoría lírica del caos”, consideró el Jurado del premio, que además decidió otorgar una mención honorífica al libro Cascajo, con el seudónimo James Osterberg, Jr., del escritor Manuel Ignacio Illanes Díaz, “por su rijosa, aunque refrescante propuesta con tintes narrativos, tan urbana como circular”. A lo largo de siete ediciones del Premio han participado 923 obras de 24 países de América, Asia, Europa y Oceanía, así como trabajos de toda la república mexicana.

El ganador
Jorge Galán (San Salvador, 1973). Es narrador y poeta. Entre sus obras destacan La ruta de las abejas, Ruido Noviembre, Medianoche del mundo, El estanque colmado, Los otros mundos Breve historia del alba, entre otros. Ha obtenido diversas distinciones como el Premio de la Real Academia Española; el Premio Casa de América de Poesía Americana; el Premio Iberoamericano para obra publicada Jaime Sabines; el Premio Internacional Antonio Machado; el Premio Adonáis, y el premio nacional de su país, tanto en poesía como en novela corta. Sus novelas han sido traducidas a diversos idiomas.

POEMAS CIUDAD

La piedra creció como un árbol y un poco más,
creció en un día o dos, se enfrentó al cielo
y siguió creciendo, llegó a los diez, a los cien metros
en un solo día, y luego se combó
hasta convertirse en una cúpula repleta de salientes.
Era como la armadura de un animal
y quizá era en verdad un animal
que nos engulló mientras dormíamos,
mientras soñábamos la muerte,
y nos encontrábamos en su estómago.
A trechos gris, a trechos blanca, a trechos
dorada y brillante como una inmensa pepita de oro,
creímos que la piedra no era una sola sino muchas
que habían crecido juntas, una multitud
de piedras, a veces menos blandas, otras
menos hermosas. Y algunos trataron de escalar
sus inmensas paredes, sin conseguirlo.
Dentro murieron los insectos, las flores.
Murió sobre todo la luz. Y un aroma de lámparas
llenó todos los espacios vacíos.
Cada vaso y cada boca y cada oreja
se llenaron de humo. Y fuimos seres de humo.
Pero aprendimos a vivir así, en la oscuridad.
Pintamos la piedra con hermosos paisajes
y hermosos seres, pintamos la piedra
con todo aquello que recordábamos haber visto.
Escuchamos caer la lluvia. Escuchamos
la llegada de la nieve. Oímos
un bisonte subir y habitar más arriba de todo.
Una estampida de elefantes hizo caer
filosas estalactitas un octubre y otro noviembre.
Un enorme carro se posó el día de Navidad
y confundimos pisadas de reno con tambores lejanos.
Encendimos fogatas cada mañana.
Soplamos el fuego hasta calentar nuestro aliento.
Aprendimos a mirar en la falta de luz.
Nos volvimos siluetas que se movían en la sombra.
Un mundo de siluetas amaneció entre nosotros.
Nos dimos nombres distintos, nos llamamos
ruido, nos llamamos alto, bajo, nos llamamos
dientes de sable y oso de sombra y calavera.
Brisa era nuestra madre y Tornado nuestro padre,
creímos tener un padre y una madre comunes,
y fuimos los hijos de la oscuridad,
nuestro lenguaje se volvió parecido al del arroyo,
nuestros manos se volvieron enormes,
nuestros ojos aprendieron a encenderse y apagarse
como los cuerpos de las libélulas,
nuestro cabello imitó a las ramas de la encina
y olía como a trigo recién segado en verano.
Aprendimos a contar hermosas historias sobre los días de luz
y hablábamos de la luz como se habla de los sueños,
cómo se habla de una tierra remota del pasado,
un lugar en la tempestad más allá del continente de niebla,
más allá de los países del frío.
Pronto, nos olvidamos de esperar
y olvidamos también el nombre de los días.
Aves que no saben si no gritar fueron nuestras estrellas.
Lo son aún, pero todo está bien en nuestra casa;
en nuestra sombra, donde pertenecemos.

EL PEDIDO
Dame sesenta mil muertos y te daré un país,
eso me dijo. y su enorme oscura
inevitable voz, también era una ciénaga.
Dame un crucifijo y lo bendeciré y los bendeciré
y todo les será perdonado, y cada uno de sus muertos
vendrá a luí mino el rebaño de cabras
rodea al pastor cuya mano está repleta de sal,
y comerán lo que tengo para ofrecerles
porque la desesperación es más fuerte que la misericordia.
El alba será un trapo bajo las escaleras
semejante a una perra que agoniza. tan sucia
que ninguna de las aguas podrá separarla de su inmundicia
y sólo prevalecerá la oscuridad y sólo prevalecerán
los hijos de la oscuridad, por eso dame
lo que te pido y te devolveré algo genuino y más enorme.
Dame la campana sin forma y te daré una novia,
su vestido blanco será tan largo como un camino
sobre la nieve flanqueado por hermosos pinos nuevos,
y entre diciembre y enero volverás al campo
a recoger lo que un día recogieron tus padres.
retornarás al estanque y al río, y chapotearás en el agua
donde la luz vendrá de miles de monedas al fondo.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -