17.3 C
Pereira
miércoles, septiembre 28, 2022

“Frente a nuestras múltiples violencias, la literatura colombiana ha sido tímida”

En entrevista con el escritor Octavio Escobar Giraldo, hablamos de Cada oscura tumba, su más reciente novela, en la que revive uno de los capítulos más dolorosos de la violencia de nuestro país.

 

Ileana Bolívar

“Siempre le gustaron los disfraces, por eso está tan emocionado con el juego que propuso Jefferson. No le molestan las voces que lo apuran, ni desnudarse en un galpón que huele mal, lleno de grandes bolsas de abono. Le molesta no hallar el mueble limpio en donde poner la ropa que se está quitando”.

Así arranca Cada oscura tumba (Seix Barral, 2022) y continúa con el desgarrador testimonio de Anderson, un joven que es engañado al creer que va a jugar a los disfraces, esos que tanto le encantan. Se lo llevan los militares y nunca más regresa. 

Desde que empezamos a conocer los testimonios de las familias que buscaban a sus hijos, hermanos, sobrinos y nietos que desaparecieron sin dejar rastro, nunca imaginamos que el Ejército colombiano era el responsable del asesinato de miles de jóvenes, de diferentes partes del país, a quienes hacían pasar por guerrilleros. Este oscuro capítulo de nuestra reciente historia es tomado por el escritor Octavio Escobar Giraldo en su nueva novela. En ella los personajes de Melba Lucy, una mujer desplazada que vive en Bogotá y trabaja en un restaurante, y Gabriel Álvarez Cuadrado, un abogado defensor de derechos humanos, buscan hacer justicia; cada uno desde orillas diferentes nos enfrentará al dilema personal de elegir entre lo “bueno” y lo “malo”. 

Escrita con un lenguaje ágil, duro y conmovedor a la vez, cada oscura tumba tiene una influencia fundamental del género negro y el lenguaje audiovisual, nos invita a no olvidar, les da voz tanto a víctimas como a victimarios y se publica en un momento trascendental con la entrega del informe de la Comisión de la Verdad. 

¿Por qué decide escribir una historia sobre los falsos positivos?

Porque en un determinado momento de la década pasada, comencé a sentir que era un tema que, como muchas otras tragedias colombianas, estaba pasando al olvido, y me pareció inconcebible que eso ocurriera con una violación tan infame de los derechos humanos. Por fortuna la JEP se está encargando de desmentir esa impresión mía de hace unos años.

¿Cómo fue la investigación y el proceso de escritura?

Leí, oí y vi muchos materiales, pero sin un libro en particular, Construcción de memoria, Estado y medios. Cinco perspectivas de análisis, editado por la Alcaldía Mayor de Bogotá en 2011 y coordinado por Patricia Linares Pietro, mi novela no existiría. Los trabajos que lo componen me dieron los elementos necesarios para avanzar, para estructurar una trama y alimentarla. De allí en adelante fueron los personajes, algunos de ellos provenientes de novelas mías anteriores, los que dieron vida a un pequeño rincón de Bogotá, al que complementan algunos momentos en Pereira, Barranquilla y el Magdalena medio. Después de un primer borrador, pude desprenderme del material investigado y los personajes comenzaron a crecer. Ya de lleno en el campo de la ficción, el proceso fue, por lo menos para mí, mucho más natural, al punto de que Cada oscura tumba tiene hoy muchas más páginas de las que proyecté originalmente, y una estructura mejor definida, plenamente literaria.   

¿Ha tenido o tuvo algún temor al publicar el libro por tratarse de un tema tan vigente y complicado de abordar?

Siempre que se hace ficción desde alguna de las violencias colombianas se tienen temores, pero Cada oscura tumba es, con toda propiedad, una ficción. Nadie puede sentir que se le denuncia y está muy lejos del panfleto o el informe puntual. Es una novela y debe leerse como tal.

¿Cómo surge el título de Cada oscura tumba?

El título se deriva de unos versos del himno del ejército, y llegué a él porque me parece que si Colombia quiere lograr la paz y la prosperidad, tienen que ser cada vez menos esas tumbas oscuras, muchas veces anónimas, fruto de la violencia y la desigualdad, descansen en ellas soldados, guerrilleros, campesinos, mujeres, niños… Víctimas de cualquier tipo. Oscuras tumbas que nos convierten en víctimas a todos y de las que todos somos, en alguna medida, responsables.

¿Cómo se planteó el manejo del lenguaje para lograr una historia ágil, precisa, dura y conmovedora?

Cada oscura tumba tiene una influencia fundamental del género negro y el lenguaje audiovisual, de allí su ritmo, la precisión de las descripciones y los diálogos, la forma en que se van enlazando las situaciones. Al tratar un tema tan actual y que puede generar polarización, para mí era importante que el interés del lector no decayera, que a pesar de tener en mente el contexto de la realidad colombiana, se sintiera en una novela hasta llegar al punto final. Por fortuna la lectura va más allá, y vendrán las reflexiones, las tomas de conciencia, los dilemas personales que se deriven de las decisiones de los personajes, de los giros de la trama. 

Los personajes de Cada oscura tumba están en diferentes orillas, ¿cuál fue su intención al ponerle voz tanto a las víctimas como victimarios de las ejecuciones extrajudiciales?

Ser respetuoso. Con un tema tan delicado como el de las ejecuciones extrajudiciales había que extremar las precauciones, huir de los juicios fáciles, de esquemas maniqueos. En la novela están los hechos, sin maquillajes ni ocultamientos, discutidos desde lo jurídico y lo ético, y hay culpables, como no puede ser de otra manera, pero el lector es el que tiene la última palabra o, para decirlo de otra manera, quien juzga la conducta de Melva Lucy, el talante de Cuadrado, el pasado y el presente de El Suave. Nunca quise que fuera una novela ofensiva, pero tampoco una novela cómoda para el lector. 

Artículo anteriorYAKY EN LA ASAMBLEA DEPARTAMENTAL
Artículo siguienteOasis

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

No pudo esquivar al peatón

Ley 100 de 1993 (2)

A rey muerto, rey puesto

- Advertisement -