Fisuras y cicatrices

Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,
el gesto que escondemos todo el día,
el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos
el día en que lo sepan todo las buenas gentes
y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.
ROQUE DALTON

Miguel Ángel Rubio Ospina

Me ha sido dado el privilegio de prologar la Antología Fisuras y Cicatrices, del colectivo cultural y poético Aquelarre. Un grupo de trece poetisas nariñenses, diversas en voces, territorio, cultura y contextos, pero iguales y hermanadas en la lucha y la palabra. Ellas se han reunido al fragor de la literatura, el verso, el poema y la herida cicatrizada a través del canto sanador de la poesía, que más que ocultar revela lo insondable.

Es difícil definir como poeta y profesional de la literatura una aproximación teórica y crítica de un poemario, que parte esencialmente de lo vital, de la experiencia, de situaciones que al ahondar más allá de la palabra se nos podrían revelar profundamente reales y humanas; hablo del dolor, del desamor, de la perdida, de la derrota, de la melancolía, de la que apenas el poema, es punta de iceberg en el que el lector, embebido en la profundidad del verso, decide sumergirse o pasar de largo.

La magia de la poesía consiste en eso, no es para todo el mundo, no es para la masa, no es un artilugio popular que merodee por los pensamientos más cotidianos de la gente, inmersa en la necesidad imperiosa del sobrevivir y en la ambición desmesurada del acumular. la poeta es un ser cotidiano, a la que la vida se le revela en algunos momentos de modo extraño, esa poeta, levanta entonces una piedra, corre una cortina, da un abrazo, mira profundamente y encuentra poesía donde antes veía una piedra, donde antes corría una cortina, donde solo detenía su vista.

¿Pero qué pasa cuando la poeta se mira a sí misma? ¿Cuándo desde la palabra se apalabra, e intenta leerse, decirse, encontrarse, hacer comunión con su silencio? Aparece lo impredecible, la poeta una vez inmersa en sí misma, es Teseo en el laberinto de Creta, luchando contra el Minotauro de una realidad, que se le presenta terrible, dura, una realidad de lucha, de desengaños, de dolores propiciados por otros, de angustias, de horrores, de muerte.

La poeta entonces, no es Teseo peleando a muerte con el Minotauro, es aquella sobreviviente a la lucha, vencedora o vencida, herida, vapuleada, pero viva. Ser al que la vida le ha dado una segunda oportunidad de vivir y le ha entregado otra arma de lucha, no el hilo de Ariadna, no. Le ha sido dado el poema, le ha entregado el verso, le ha propiciado la revelación divina del decir lo indecible, de nombrar el silencio, de conjurar el dolor.

Hace un inventario de cicatrices, de cada una recrea detalles, da significados, las nombra, a cada cicatriz le otorga un espacio en su vida y anda con ellas como se anda con la sombra, duerme con ella, desayuna, hace el amor, siente placer y la cicatriz está allí, es más cicatriz que piel, porque el dolor le ha hecho fuerte, le ha hecho una nueva vida, le ha regalado el vestido de la temperancia, de la paciencia.

En cambio y aquí radica la paradoja, la palabra en ella, en la poeta, es fisura, orificio por donde se escapa, ala que nace en un momento y muere, silencio ataviado de sonido, que no obedece órdenes y danza, brinca, hace bulla, y dice, dice lo que esta cicatriz, lo que su inventario de cicatrices ha callado, ha contenido en tantos dolores signados, lo terrible, lo innombrable.

Sí, la poeta es cicatriz. Sí, el poema es fisura por donde se cuela en palabras, imágenes, percepciones, la lucha interna de su palabra.
Fisuras y Cicatrices, es una antología poética muy especial en el panorama literario de la actual poesía colombiana; trece mujeres que han encontrado en la poesía las fisuras para develarnos sus más profundas cicatrices, de la piel, del alma, de la mente, cicatrices del intelecto que las animan a sostener una lucha política necesaria para esta patria dolida, para esta sociedad que se revuelve en el lodo de lo terrible, poesía que reivindica la memoria de nuestros muertos por el conflicto armado, de ambos bandos, poesía que clama en el desierto por la reconciliación, el perdón, el encuentro, poesía que como una fisura, nos revela el secreto de los olvidados, de los marginados, de los que llevan la contraria, porque estamos cansados de ir en la misma dirección que nos ha llevado al fracaso como sociedad.

Poetisas de diversos estilos, unas más sutiles, edulcoradas, directas y crudas, místicas, filosóficas y arcanas, francas, discretas y panfletarias, otras que dejan ser el campo y la naturaleza en el verso, herederas del legado de Aurelio Arturo, a estas mujeres las define un común denominador, construir y hacer de Colombia un país donde el verde sea de todos los colores y que han encontrado en la poesía el motor que las anima a no darse por vencidas, a continuar en este raro laberinto de un país que cercena su futuro en guerras innecesarias.

Enhorabuena para Fisuras y Cicatrices, porque como diría ese gran poeta uruguayo
“El sur también existe”.