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lunes, junio 27, 2022

Félix Ángel, un expresionista crítico radical

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El eje roto del alma

Todas las lágrimas

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Carlos Arturo Fernández*

Nacido en Medellín en 1949, arquitecto de la Universidad Nacional, Félix Ángel fue una de las figuras más destacadas de la generación de los llamados “Once antioqueños”, quienes fueron los verdaderos protagonistas de las transformaciones del arte en esta parte del país, tras las Bienales de Coltejer (1968, 1970, 1972). Reconoce que aquel fue un momento muy emocionante para el arte en Medellín, como no se había dado antes ni se ha repetido después. La obra “Figura parecida a un espectador”, de 1974, en la Colección de la Biblioteca Pública Piloto, se sitúa justamente en ese momento.

Profundamente crítico de la situación cultural y artística de una Medellín que le cerraba todas las puertas, llegó a entender que aquí nunca podría desarrollarse como artista y como ser humano. Desde 1977 se radicó en Washington donde vive y trabaja. Félix Ángel es una de las figuras más polifacéticas de la historia del arte colombiano, con intensa actividad en numerosos campos: pintor, grabador, arquitecto, crítico de arte, novelista, poeta, diseñador de exposiciones, curador, conocedor de la historia del arte, gestor cultural y editor. Mantiene una presencia constante a través de numerosas muestras individuales y de la participación en colectivas en muchas partes del mundo. Desde sus primeras exposiciones a comienzos de los años 70, 

Félix Ángel parte de figuras de deportistas que han sido convertidos en héroes venerados por las masas, quizá no tanto por su evidente esfuerzo sino por la manipulación de intereses que quedan siempre tras bastidores. Esas imágenes, a veces multiplicadas en su estructura básica, son transformadas con pinceladas violentas y aparentemente accidentales que crean un clima de angustia y de distanciamientos. Es claro que no se trata de exaltar o de representar al personaje que se agrede y desenfoca, como “Cochise” o “Maravilla Gamboa”, sino de crear una imagen con sentido propio que plantea la explotación y profunda  soledad a la que están sometidos estos modernos ídolos.

En otras oportunidades se dirige a personajes, quizá no identificables como los anteriores, pero que pueden vincularse al mismo contexto. En “Figura parecida a un espectador” apenas se insinúa el paisaje en el cual se encuentra, pero resulta bastante claro que se trata de un espacio deportivo. 

Trabajada en lápiz y acrílico sobre papel, la imagen se inscribe en la llamada neofiguración, con un acercamiento que recuerda ciertos procedimientos de Francis Bacon: formas desdibujadas e intervenciones de color que generan un clima onírico, en cierto sentido surrealista. Un personaje que está 

definido en un espacio de color rojo sangre que parece llenarse a partir de la línea roja que sale de su boca, como si fuera una especie de gordo vampiro. Espectador sin alma o explotador, se vuelve hacia nosotros con una mirada vacía, 

totalmente inexpresiva, frente a la cual no es posible dejar de recordar la deformación de la serie de imágenes de Cochise Rodríguez, del mismo año, progresivamente transformado en la realidad misma del sufrimiento y la tortura.

Como señalaba el mismo Félix Ángel en esos años, esta neofiguración es la de un expresionismo que ya no es romántico o irónico como el de la primera mitad del siglo XX, sino que se lanza a una crítica cruel y radical. Por eso son obras que siguen teniendo vigencia, en una época como la actual que ha intensificado todavía más la violencia de aquellos estereotipos.

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