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martes, febrero 7, 2023

Evangelio según San Mateo 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Palabra del Señor

Reflexionemos juntos

“¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? Con psicosis mesiánica en aquellos días de Israel, era necesario el discernimiento. El mismo Juan suscitaba sospechas sobre si era o no era el Mesías. Y por el Libro de los Hechos sabemos de un tal Teudas, y de Judas el Galileo, presuntos salvadores de Israel, que también arrastraron masas. Tal vez Juan no acababa de ver claro el mesianismo de Jesús: podía desconcertarle su estilo de vida, asistiendo a banquetes, mientras él se alimentaba de saltamontes; o no acertaba a encajar el Mesías anunciado por él, que “Ya tiene el hacha amenazando a la raíz, y el fuego a los árboles que no dan fruto”, en la figura de un Jesús rodeado de pecadores y misericordioso con ellos. O tal vez le costaba traspasar su fe en Jesús a los propios discípulos. Sea lo que fuere, es el caso que Juan envía desde la cárcel a unos discípulos con la pregunta: “Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?”.

-”Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído”. Jesús apela a los profetas que hablaron del Mesías: Restaurador de la vida y pregonero de una Buena Noticia para los pobres. Con esta alusión a los oráculos de Isaías, está diciendo que sus obras inauguran ciertamente los tiempos mesiánicos; pero con modos de bondad y salvación, no de violencia y castigo. El Evangelio de este domingo, en pleno Adviento, nos hace presente al mundo de hoy que busca remedio a sus males: “¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?”, parece preguntar -si todavía le quedan ganas- el hombre de hoy a su Partido, su Sindicato, su Banca, su Raza, su Lengua, su Ideología, su Escuela.

Es curioso ver cómo se suceden modas y generaciones. Apenas se pone en boga un movimiento juvenil presuntamente renovador, ilusión de las nuevas generaciones; apenas nos hemos acostumbrado a su vestimenta y cabellera, ya nos hablan las revistas de cómo, más allá de nuestras fronteras, hace furor en la juventud otra filosofía, otra vestimenta, otro peinado desconcertante… “¿Eres tú el que ha de venir?”… Y generación tras generación, vuelven sus ojos desencantados al Adversario más poderoso del Dios de Jesucristo: el becerro de oro. Olvidados sus sueños redentores, son atrapados por la sociedad del bienestar: la generadora del tráfico de armas, del emporio de la droga, del hambre en el Tercer Mundo. !Dulce morfina anestesiante! “La sociedad es así, y no podemos salir de ella”. Es como proclamar: “¡No existe salvación!”.

-¿Es la Iglesia la que hace presente hoy la salvación de Jesús?, se preguntan muchos desencantados del momento.

-Pues mira: hemos hecho un templo nuevo, tenemos un 5% de asistencia, grupos de esto y de lo otro, un curso de Teología y un plantel de catequistas.

Pobre respuesta. Mejor fuera testificar: aquí se curan la avaricia, la lujuria y la ira; entran en comunión los matrimonios; se borra de nuestro diccionario la palabra “enemigo”; se cargan de esperanza los jóvenes; se restauran personas rotas por el alcohol o la droga; se celebra la reconciliación y el perdón de los pecados; entran los hombres en diálogo con Dios; vienen a la puerta, buscando la salvación del Evangelio, los maltrechos de la sociedad; los pobres son de la familia a todos los efectos. Aquí encuentran redención los marginados modernos: prostitutas, desintegrados, homosexuales, expresidiarios…

¡Dichoso quien no se sienta defraudado por la Iglesia!. Encontró en ella lo que necesitaba: respuesta a su vida.

Para estar informado

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