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lunes, diciembre 5, 2022

Escrito desde el olvido o el viaje a lo profundo del inconsciente colectivo

Texto leído en la sede de la Corporación Encuentro de la Palabra, con motivo de la presentación del libro Escrito desde el olvido: poemas, de Conrado Alzate Valencia, Riosucio, Caldas, agosto 14 de 2020.

Sergio Leonardo Alzate Hoyos

Quiero comenzar este escrito con algunos versos que están en la obra que esta tarde voy a presentar: “Anoche caminé serenamente por los recuerdos. / Discurrí por las cosas que amaba mi padre / y en mi viaje dichoso, vi sus maizales de oro / devorados por las aves hambrientas de la tarde. // Me detuve un rato en el misterio de sus sueños, / en las auroras que despertaron con sus pasos, / en la genética perfecta de sus cabellos undosos. // Me detuve a contemplar la hondura de su silencio”. Y hoy deseo caminar serenamente por la poesía de mi padre para intentar interpretar aquellos silencios divinos que se convierten en voz poética.

En el presente libro, Escrito desde el olvido, sin recurrir a la palabrería, el poeta consigue la cortesía que debe tener todo poeta, según José Ortega y Gasset: la simplicidad. Pero ojo, no es simpleza; la perfección se alcanza no cuando ya no se tiene nada que agregar, sino cuando no se tiene nada que quitar. En efecto, sus poemas tienden a lo epigramático, es decir lo que el alma ansía y necesita con el mínimo de palabras. Porque está claro que el arte más tedioso es el arte de decirlo todo, pues la buena literatura tiene como principio el valor de la sugerencia. Al lector le corresponde pues, descubrir lo indecible del creador.

En Escrito desde el olvido se puede vislumbrar la obra más madura del autor. A pesar de la variedad de temas que esboza en sus 58 páginas: la desmemoria, el silencio, el olvido, la nostalgia, conserva unidad temática. No es extraño que el presente libro comience con una mención al gran Borges: “Mis cosas las cargo en mis manos / y en mi frágil memoria como / llevaba Borges sus amados libros”. Tan amados eran los libros para el viejo Borges que en su cuento celebre La Biblioteca de Babel construye una biblioteca donde existen todas las formas posibles de literatura.

El poeta construye su casa en los libros y la inteligencia, sabe que: “El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente”, como señala Marguerite Yourcenar. Y los libros no son solamente patria, también son defesa personal: “Mis armas en cambio son las palabras y los sueños. / Soy tan ingenuo que siempre llevo un libro de poesía / en mis manos. Pienso que con este escudo, el asesino / que habita estas calles violentas nunca me va a disparar”.

A modo de tratado el poeta expone con Borges que: “…el olvido / es una de las formas de la memoria, su vago sótano, / la otra cara secreta de la moneda”. Dice en su texto poético A propósito del olvido: “Olvidamos, o creemos haber olvidado, pero todo / está ahí, esperando una nueva exploración”. También agrega en Arenga de los memoriosos: “El hombre hundió en el olvido lo maravilloso / y lo esencial, llenó su mente de cosas inútiles, / pero archivado en algún lugar de su interior / yace lo perdido, lo que aprendió en el origen”. Yo diría que su poética es un psicoanálisis que lo puede resumir perfectamente Elías Canetti: “Todo lo que hemos olvidado grita en nuestros sueños pidiendo ayuda”.

El poeta siempre tiene mapas, consejos y respuestas: “El espejo de tu interior posee maestros, / secretos, mapas y dioses olvidados / que te mostrarán el arquitecto de tu destino / de tus sueños y de tu verdadero rostro”. O: “Todo está escrito en el libro de tu destino. // No eres un producto del azar. Fuiste meditado / profundamente por el ángel de tu destino”. En consecuencia, Escrito desde el olvido es la brújula que nos demarca el camino del guerrero, la senda a Ítaca o el retorno al jardín del Edén. Porque sólo en las memorias profundas y el viaje interior está la respuesta de a lo inefable. Del mismo modo el bardo venezolano Eugenio Montejo lo describe con vehemencia: “Vuelve a tus dioses profundos; están intactos, / están al fondo con sus llamas esperando”.

El presente libro también intenta desentrañar los misterios del mundo antiguo; aquí la mujer de Lot expresa que fue la nostalgia la que la convirtió en estatua de sal y no la imprudencia, y la esquizofrenia de Juana de Arco es explicada bellamente con palabras poéticas. En ese viaje al pasado el poeta busca encontrar el reverso de la historia, no sólo la voz de los vencedores hace resonancia, sino de los vencidos, porque para los vencidos el relato dominante de la historia les ha sido suficiente. Algo muy parecido hizo Carlos Héctor Trejos Reyes con Judas, el diablo y Caín. Sin duda alguna, estas son las bondades de la literatura, mientras que desde la historia conocemos los relatos, a través de la poesía y la novela podemos vivirlos, sentirlos y llorarlos.

El poeta es un historiador de lo subjetivo, allí donde sólo hay vacíos, él construye dramas desgarradores para explicar la condición humana, como hizo Saramago con su novela El Evangelio según Jesucristo o Caín. Las creaciones del poeta analizado son un viaje a lo profundo del inconsciente colectivo para intentar desentrañar los arquetipos milenarios, que desde que el hombre era recolector y cazador, lo han acompañado. Porque el misterio y la fascinación por la muerte que amaban los vikingos y los sacerdotes egipcios son los mismos que nos vigilan todas las noches en el oscuro sueño.

El poemario es también un recorrido filosófico por la angustia, donde el poeta sentencia: “Somos el vacío del átomo que explica la desazón / y la tristeza que a veces golpean con saña nuestro corazón”. No sólo aquella angustia que inquietó a los filósofos existencialistas, sino aquella que también constituye lo inanimado como las piedras: “Esta piedra elemental y sensitiva llora / la enorme herida de nos ser siquiera vegetal”.

En un mundo donde el silencio se ha vuelto un artículo de lujo, Escrito desde el olvido nos enseña que hasta el silencio mismo tiene algo que callar, porque sólo cuando se suspende el ruido vertiginoso de la mente, se puede responder las preguntas del pensamiento. Por eso el poeta menciona: “El silencio es el lenguaje de los sabios’’. Sólo queda decir para terminar que estas páginas son netamente borgianas, porque podemos encontrar en ellas algunas figuras literarias que utilizaba el escritor argentino como los espejos, los ciegos y el olvido. Sin duda alguna, si un estoico de los primeros siglos como Séneca, Epicteto o Marco Aurelio tuviera este libro en sus manos se identificaría perfectamente con él, porque contiene los elementos más profundos que han estremecido al hombre a lo largo de la historia.

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