¡Enrique Pilozo, eres genial!

Gossa

Recuerdo hace unos años, muy pocos de verdad, que, a un encuentro de críticos de cine, de esos que se realizan aquí en Pereira, los organizadores trajeron a este personaje, lo cual se me hizo muy extraño, pues sé, que es un hombre polifacético, pero entre todas las cosas del arte que maneja, no tiene en su récord esta actividad que, entre otras cosas, me parece muy delicada y hasta peligrosa. No me imagino un disgusto con Steven Spielberg después de leer en un periódico una crítica suya, diciendo que “Jaws” (o “Tiburón”) es una porquería, porque este maestro, es una persona que destila calma de una manera impresionantemente aterradora y Spielberg, arremetería con sus grandes mandíbulas sobre este sensible dibujante, dejándolo como una diminuta caricatura.

Le seguí los pasos. Me senté con él durante varias horas y durante varios días y le escuché cientos de historias y, a decir verdad, me di cuenta que es un artista a carta cabal.

“Si alguna vez agacho mi cabeza…será solo para admirar mis zapatos”, nos dijo una vez, cuando hablábamos de otros dibujantes, otros caricaturistas, otros artistas, a los que el maestro respeta con una nobleza inimaginable (porque los conoce y conoció de cerca porque los visitó y entrevistó, cuando hizo sobre esa experiencia, una muy bella película documental, llamada “Los dibujantes”), pero entrometiéndose con disimulo, en el mismo paquete de ellos, de los grandes. Claro, con modestia y todo.
Pilozo es dibujante, caricaturista, cineasta, cineísta, pintor, guionista y escritor.
Es muy bueno ser su amigo, porque aún viviendo en Los Ángeles, aparentemente muy lejos, uno lo mantiene cerca, vigente, pues a cada rato le llegan al teléfono imágenes, ideas, textos y propuestas, que minutos antes llegaron a su imaginación y que obvio, comparte con sus amigos como si fuera una imperiosa necesidad.

Cierta vez le preguntamos, que de dónde sacaba tantas y tantas imágenes que se le ocurren y que sobre qué tipo de papel o tela es que las dibuja porque no alcanzamos a imaginar cómo es que le llegan tantas y tan buenas en tan corto tiempo y nos dijo: “dibujo a tinta y con acuarelas, sobre cualquier papel que caiga en mis manos…y a todas horas del día. Cuando me llega la musa, tengo cerca de 30 sketchs books o libretas para dibujar, llenas de garabatos”. Y se quedó tranquilo, como si eso fuera así de sencillo, sabiéndose que para que esa tal Musa le llegue a uno y esos dibujos que el dibuja en esas hojas de papel de todos los tamaños y colores y esos personajes que solo a él se le ocurren, visitaran tan fácilmente a todos aquellos que como nosotros, queremos a toda hora dibujar, los dibujantes todos, seríamos tan famosos, generosos, inteligentes, creativos y poderosos, como él.

Se necesita ser un genio maestro, para hacer lo que usted hace. Así de sencillo.
Las hojas de papel donde usted pone esas tintas y esas acuarelas que fabrican esas grandes industrias, se vuelven valiosas, solo por esas “manchas” que usted distribuye en ellas.