Emisión de media noche

José Fernando Ruiz

Mi hermana me ha hecho sufrir mucho en la vida. Una noche me dijo que iba a perder el año y que no era capaz de decirle a nuestro papá que trabajaba día y noche para darnos una vida digna. Esa confesión me mantuvo despierta muchas noches, porque entendía el dolor que le iba a causar mi hermana a mi papá. Una semana después me dijo que un profesor le había propuesto algo para que no perdiera el año, pero ella no estaba segura de hacerlo. Se trataba de otra preocupación que me entregaba mi hermana y más noches de trasnocho pensando en sus problemas, más que en los míos, que por cierto no eran pocos.

Uno de esos problemas era un muchacho que había conocido en misa. Yo soy muy creyente y siempre me estoy encomendando a Jesús y a la virgencita María, pero ese muchacho me ha quitado tantas noches de sueño, como los problemas de mi hermana, y me distraigo en todo momento. Volviendo a los problemas de mi hermana, además de perder un año que es un problema muy grande, quedaba la insatisfacción de ella al ver a sus compañeros en grados superiores, sin contar los imprudentes que se burlan de una repitente. Jarto si es.

Mi papá nada sabía de las tribulaciones de mi hermanita, así que un día llegó a la casa con un regalo para todas nosotras incluida nuestra mamá: un televisor nuevo a color, pues ya por aquel entonces la señal se podía ver en colores.

Una noche, tarde ya, mi hermana se quedó conmigo viendo una película de terror. Aracnofobia de Steven Spielberg. Aún con el miedo que nos produjo, nos quedamos dormidas en medio de la película y al cabo de un rato, despertamos. En la pantalla se veía una enorme araña que se movía lentamente en la pantalla.

—Uyy Sara, es tan bonita la pantalla que ese bicho se ve real. —dijo mi hermana mirando al pequeño monstruo.

—Casi parece de verdad. —respondí yo mirando la fealdad del animal.

—¿Cómo es que se llama esa película? —preguntó mi hermana.

—Aracnofobia. —contesté, mientras el estribillo del comercial del banco Conavi que aparecía en el televisor, se me pegaba inconscientemente. Me levanté del sillón y fui a la cocina a buscar algo de beber, mientras iba cantando en voz baja para no molestar a mis padres que hacía rato se habían a acostado.

—Conavi quiere a la gente… La gente quiere a Conavi

Algo dentro, me dijo que esto estaba mal…

No podía ser. Me detuve en seco. Un temblor se apoderó de mí y un grito trataba de salir de mi garganta. La araña caminaba sobre la pantalla a color del televisor, mientras pasaban el comercial del Banco Conavi que estaba estrenando los primeros cajeros electrónicos en el país. Es decir, el arácnido no era parte de la película como llegamos a pensar.

Era real. Sí hubo un grito espantoso.

Mi hermana también había descubierto la verdad. A su grito se sumó el mío. Mi papá y mi mamá salieron en piyama a auxiliarnos.

—¡Una arañaaaa! —gritábamos como locas. Mi madre tomó una escoba, mientras mi padre había agarrado un periódico y entre los dos, lucharon contra la aparición que por arte de magia escapó. Nadie durmió esa noche, de solo pensar que “eso” andaba por ahí.

Mi hermanita y yo sufrimos aún hoy con la sola presencia de cualquier arañita. Sufrimos aracnofobia.

Finalmente, mi hermana confesó días después que el año lo iba a perder. Mi papá no la castigó como temíamos, pero le exigió que se aplicara más a ver si de pronto salvaba el año. Estudió mucho y con juicio. Pero los esfuerzos fueron inútiles, al final pasaron dos cosas malas: mi hermana perdió el año y la araña nunca apareció.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -