El riesgo de las emisiones del volcán La Soufrière

Agencia de Noticias Unal

Así lo explica el ingeniero químico Rodrigo Jiménez Pizarro, doctor en Ciencias Atmosféricas y profesor asociado del Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, al referirse a las emisiones de SO2 por la erupción del volcán La Soufrière, ubicado en la isla de San Vicente (nación de San Vicente y Las Granadinas, al sur del Caribe), que podrían afectar la composición atmosférica y la salud pública.

Según el experto, la afectación es mayor en la proximidad del volcán y en la región directamente impactada por los penachos de este, cuya nube de partículas y gases se desplaza hacia África y a lo largo del norte de Suramérica, según predicciones del CEPMPM.

La emisión de dióxido de azufre (SO2), una forma oxidada de azufre, es tóxica pero no tan peligrosa como el sulfuro de hidrógeno (H2S), la forma más activa de esta sustancia, que puede causar incluso la muerte.

Si las partículas emitidas por una erupción volcánica son inyectadas a grandes alturas –al tope de la troposfera–, como es el caso de La Soufrière, pueden viajar grandes distancias.

El CEPMPM prevé que todo el SO2 que hay en la columna atmosférica, desde el nivel del mar hasta debajo de la estratósfera, acumulará menos de 200 miligramos por m2. “Si uno usa esta densidad de columna y la distribuye en la tropósfera, la concentración media sería cinco veces menor que la norma diaria colombiana. Entonces, si algo del SO2 de La Soufrière llegara a la superficie del país, los niveles no serían preocupantes”, dice el profesor Jiménez.

Afectaciones en la salud y los vuelos

Sin embargo, la situación es distinta para las regiones cercanas al volcán La Soufrière, donde hubo grandes emisiones no solo de SO2 sino de cenizas, por lo que sus habitantes han respirado altas concentraciones de ambos.

El SO2 es un contaminante atmosférico importante, un gas por tendencia ácido y que produce irritación e inflamación en las vías respiratorias superiores, es decir, en la región de la laringe y nasal. Debido a que en la atmósfera se convierte rápidamente en partículas de sulfatos, puede tener otros efectos perjudiciales en la salud.

Por otro lado, las cenizas imposibilitan la navegación aérea y si la dispersión de esas partículas es rápida –lo cual depende de diferentes condiciones meteorológicas– forman una especie de “ríos atmosféricos” de partículas que los aeroplanos deben evitar. Los aviones con turbinas son particularmente vulnerables a las cenizas.

Como Colombia está lo suficientemente lejos del volcán, el nivel de cenizas sobre su territorio sería bajo.

¿Enfriamiento de la atmósfera?

De otra parte, y dependiendo de la altura a la que se inyecten las partículas de sulfatos, también tendrían efectos climáticos. Los sulfatos actuarían como “pequeños espejos” que reflejan la luz aumentando el albedo (porcentaje de reflexión de la luz) de la atmósfera, lo cual propiciaría un pequeño enfriamiento. Se trata de un “efecto sombrilla” en la atmósfera, que hace que llegue menos radiación a la superficie.

La intensidad del enfriamiento dependería de la cantidad de azufre que haya sido inyectada. En el caso del volcán La Soufrière, quizá las emisiones no han sido tan grandes como para generar un enfriamiento sustancial.

“Como estamos en una emergencia climática, se pensaría que es positivo que haya fenómenos que enfríen el planeta, pero esto no necesariamente es bueno porque en el sistema climático terrestre todo está conectado. Entonces, cuando hay menos radiación solar también hay menos productividad de la vegetación y efectos en el transporte de humedad”, aclara el profesor Jiménez.

Por último, menciona que, en la región impactada por estas erupciones se presentan otras problemáticas ambientales como la descarga de cenizas en el mar a través de los ríos. Además, la seguridad alimentaria de la región se puede ver afectada por la cantidad de cenizas, generando una disrupción total de la actividad económica.

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