Y el aroma del sancocho hecho de plátano verde se riega por los corredores mientras las chapoleras hacen su siesta del mediodía. Es un paisaje con olor a café, a plátano, a ciruela.
José Miguel Alzate
¿Cómo es el paisaje cafetero? el tema surge como consecuencia de la declaratoria por parte de la Unesco del Paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad. y uno como escritor puede decir que es un paisaje grato a los sentidos, que motiva la inspiración. ese verde intenso que se extiende como una sábana por el campo, ese azul pálido que a veces aparece en el horizonte, ese rojo encendido que en ocasiones asoma coqueto entre los cafetales son muestra del encanto de una naturaleza pródiga en belleza. en los atardeceres las nubes semejan grandes copos de algodón que penden del cielo, sostenidos apenas en el aire.
¿Qué decir de esas casas blancas y azules, rojas y blancas, blancas y verdes, amarillas y blancas, que aparecen de pronto en un recodo del camino? esas casas, asomadas sobre los precipicios, columpiadas encima de los abismos, que parecen paradas sobre zancos de guadua, desafían las bocas oscuras de los desfiladeros. son casas que conservan su esencia campesina, su olor a guadua recién cortada, su aroma a café molido. en sus amplios corredores, casi siempre arreglados con azucenas y begonias, adornados con chambranas de colores vivos, se advierten enjalmas y costales, aperos y canastos, zurriagos y cinchas de amarrar.
El camino, ese que serpentea entre cafetales y plataneras, está bordeado por cultivos de moras o plantas de higuerilla. a veces, en enormes cuestas que parecen dispararse hacia el cielo, o en espesas planicies que conducen a un potrero, o en oscuras hondonadas que llevan hasta el nacimiento de un río, los caminos son como un pincelazo intenso sobre el majestuoso verde. de otro lado, los atardeceres tienen un color como entre lapislázuli y ocre desteñido. es como si de pronto la primavera jugara golosa en la sábana azul del cielo, saltando de nube en nube, como escondiéndose del sol. o como si el arco iris se diluyera en diminutas partículas de nácar.
Naturaleza en flor
Cuando el turista se interna en las fincas cafeteras descubre una naturaleza en flor, apenas despertando a la vida. a lado y lado de las carreteras veredales, rústicas casitas levantadas en bahareque, engarzadas en la tierra, con jardines florecidos, brindan una imagen romántica del campo. sus tejas de barro, casi negras, se asoman al alero, protegiendo los corredores. y a un lado, frente a la pesebrera donde se ordeñan las vacas, la infaltable helda hecha de zinc donde se seca el café recién lavado. en este entorno rural donde a toda hora ladran los perros, el silencio se rompe cuando retumba en la cuesta el motor de un jeep willyz cargado con bultos de café.
En las mañanas, cuando el sol apenas pespunta en el horizonte, un bullicio de garzas surca el cielo, embelleciendo con su presencia fugaz el entorno. si la casa está cerca de una quebrada, se escucha el rumor del agua que corre entre piedras grises, romántica, como entonando una canción de amor a la naturaleza. y si está arriba, en lo alto de la montaña, el viento silva mientras en el corredor una hermosa campesina acaricia con sus manos de aurora las cuerdas de una guitarra. en las noches se escucha, a lo lejos, el ruido de los grillos que silban como ahuyentando a los búhos. observado desde lejos, el cielo es una pizarra negra donde brillan los luceros.
Así es
Así es el paisaje cafetero. Un paisaje con sabor a fruta fresca, a manzana madura, a naranja verde. cuando los pájaros se encaraman encima de una tupida ceiba para entonar su canción de invierno, una como alborada de sueños se desprende de entre el ramaje que cubre de sombra los cultivos. el perro que ladra alegre mientras mueve su cola, está brindándole al turista un saludo de bienvenida. desde la cocina invade el patio sembrado de hortensias ese sabor que tienen las arepas de maíz cuando empiezan a dorarse sobre el fogón de piedra. y el aroma del sancocho hecho de plátano verde se riega por los corredores mientras las chapoleras hacen su siesta del mediodía. es un paisaje con olor a café, a plátano, a ciruela.


