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miércoles, septiembre 28, 2022

El infierno y la parábola de la transformación Una mirada a la obra William Cardona

Giovanni Rengifo López

En las distintas ocasiones que he tenido la fortuna de visitar el taller  del maestro William Cardona, en el corregimiento de La Florida,  siempre se ha presentado la oportunidad  de reconocer  nuevos elementos de su extensa obra pictórica construida a lo largo de los años y en el transcurso de distintos periodos de trabajo creativo.  Cada uno de estos recorridos esporádicos por las salas improvisadas de su acogedora residencia familiar, me ha permitido descubrir un catálogo maravilloso que no solo deja de sorprender por la fuerza creadora del artista, sino también por los hallazgos inesperados que se pueden aparecer de manera imprevista.

En lo personal, siempre me ha sorprendido la versatilidad del autor para encontrar la expresividad emocional a través de los trazos contundentes de su pincel y la coherencia tonal de sus composiciones. La naturaleza cambiante de sus personajes sigilosos que se mimetizan serenos entre la espesura de las hojarascas, la vegetación y tonalidades profundas.  Un juego de transformación constante entre los aspectos propios del ser humano y la acción envolvente de la naturaleza que todo lo rodea.

A pesar de lo diversa y prolífica que ha sido la obra del maestro, muchas de estos rasgos permanecen como trazos distintivos no solo de la elaboración técnica, sino también de la configuración conceptual y simbólica del trabajo.

Esa línea imperceptible pero unificadora, siempre me ha parecido un rasgo propio, una huella característica que invita a encarar la composición con un pausado escrutinio que necesariamente conduce a la interiorización y a la contemplación profunda.

Quizás por esto, no fue menos sorpresivo el toparme con una secuencia de lienzos, envueltos en un tubo portaplanos que no hacía mucho tiempo habían llegado del viejo continente, después de recorrer distintas salas y galerías de países como España e Italia.  La serie, compuesta por tres recuadros de 50 X 70 cm, estaba elaborada fundamentalmente en acrílicos con una técnica mixta de sobreposición de capas de papel. 

Tanto por la particularidad de la gama de colores utilizados, no muy habituales en las composiciones del maestro Cardona, como por la profundidad de sus pasajes psicológicos que se pueden empezar a concebir desde los primeros apuntes de mirada, la obra mencionada se presentaba como una posible ruptura conceptual, un paréntesis creativo en lo que hasta ese momento conocía de la producción del artista.

La obra refleja una serie de lugares dantescos, apocalípticos, envueltos en la penumbra de una opacidad indefinida que se asemeja a la subjetividad del sueño y de los paisajes oníricos. Cuerpos tendidos y amasijados que reposan sobre llanuras pantanosas y espesas. Ángeles justicieros acompañados de oscuros personajes mitrados que simbolizan probablemente la decadencia de lo sagrado y la fragilidad de lo que se proyecta como eterno.

Como era de esperar, la secuencia denominada Infierno por el autor, no pasó desapercibida y se convirtió necesariamente en tema de conversación en aquel momento y de la cual he querido rescatar algunos fragmentos.

Del apocalipsis al infierno ¿En qué momento nace este proyecto?

No es fácil para un artista escapar a los eventos y a las incidencias del tiempo, de alguna manera la obra es un reflejo de estas realidades, tampoco es posible enmarcar el trabajo de alguno de ellos dentro de un estilo único e inamovible. Los tránsitos y los altibajos emocionales, nunca estarán ausentes de la representación artística y   siempre serán vitalidad de la obra.

Esta propuesta en particular, nace en el año 2003 después de unos episodios personales marcados por la muerte y el cierre de ciclos vitales.

La muerte siempre será un tema para explorar, sobre todo cuando esta nos arranca de lado a personas y seres imprescindibles.  Las ausencias y los olvidos. Cada una de estas emociones, dejan el alma estancada en periodos momentáneos de padecimiento y dolor.  Esta transición es quizás lo que yo defino como infierno. Un estado avasallante pero transitorio.

¿Qué queda entonces después del infierno?

Las cosas no pasan por casualidad, sino por causalidad.  Como en la divina comedia, es necesario bajar al infierno primero para lograr ascender al paraíso. No es distinto en la vida. Todas las situaciones que se presentan, tanto positivas como negativas deben llevar al autoconocimiento y al aprendizaje.

En este sentido, el infierno no es un estado de permanencia, o por lo menos no debería convertirse en eso, todo lo contrario, es una instancia para la transformación y el cambio personal.

¿Cómo cambia la experiencia artística dentro de este proceso?

Todos los artistas han transitado por momentos o períodos personales que de alguna manera se ven reflejados en la obra.  Creo que esto no se da de manera consciente o intencional, es algo que surge por la fuerza que trae el momento.  En mi caso personal, más que una variación en el estilo o en el trazo, ha sido más el cambio de perspectiva. La necesidad de convertir el arte en una intervención física del espacio, del entorno y por qué no de la comunidad.  Asumir un compromiso por la tierra y la naturaleza, que en últimas es la esencia misma de mi propuesta artística.

Usted menciona un compromiso personal por la naturaleza y por el medio ambiente.  ¿Cómo moviliza estás prerrogativas desde el arte y como se ve reflejado este trabajo en su comunidad?

Tanto mi vida como mi obra están relacionados de manera directa a los acontecimientos que acompañan la cotidianidad del corregimiento de la Florida. Este ha sido el territorio de mis padres y mis ancestros cercanos.  No cabe duda que es los últimos años este sector de la ciudad se ha hecho cada vez más frecuentado por turistas y visitantes de todos los lugares del mundo. La vida ha cambiado bastante, sobre todo para los campesinos y los lugareños.

Desde mi lugar como artista he buscado preservar los valores y las tradiciones culturales que se identifican con esta comunidad y con este maravilloso entorno.   Conservar y divulgar el legado.  Esa ha sido fundamentalmente la tarea.

 

  

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