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viernes, agosto 12, 2022

El general José María Melo, el poder del pueblo

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Alfredo Cardona Tobón*

En la época colonial  se  compraban las dignidades  o se obtenían  por la  merced del soberano, por ello   durante siglos  los españoles y los criollos ricos detentaron  el mando sin la participación del pueblo que solo contó para pagar impuestos y servir de carne de cañón en las guerras.

En el bochinche del veinte de julio de 1810 los criollos hicieron a un  lado a quienes los habían  exaltado y  se burlaron del pueblo llano que se contentó con una junta en San Victorino  sin representación real  ante  el gobierno presidido por el virrey Amar y Borbón.

El 29 de agosto  de 1813  en el primer golpe de estado en la Nueva Granada  el pueblo raso le arrebató el poder a Jorge Tadeo Lozano y lo entregó a don Antonio Nariño que tampoco contó con la gente del común en un gobierno con los mismos  personajes  y las  mismas mañas coloniales.

La República continuó con ínfulas de democracia  y la invisibilidad de los nativos, los afros, las mujeres, los pobres y los analfabetas Pronto los herederos de los próceres crearon los partidos políticos  a los que no les importó la gleba arreada por militares, clérigos y latifundistas.

Socialistas

A mitad del siglo XIX  las ideas socialistas se extendieron por Europa y desembarcaron en nuestra costa caribeña. Fue cuando aparecieron en nuestra patria  las sociedades democráticas, los más humildes supieron que también tenía derechos, y que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley.

Los “guaches”  y ruanetas se hicieron sentir para oponerse al  libre comercio que arruinaba a los artesanos, se fueron contra los tratados ventajosos  que lesionaban la soberanía nacional,  se opusieron a la esclavitud,  dieron prestancia a la tierra y  hablaron de lo que  sigue siendo inalcanzable para  gran parte de los colombianos.

A las pretensiones del pueblo raso se opusieron los “cachacos”, los comerciantes y los filipichines que  deslumbrados por lo extranjero abogaban por una economía extractivista  negando el  apoyo a la naciente industria nacional.

Cachacos y guaches

Durante el gobierno del general Obando menudearon los choques entre cachacos y guaches, la violencia aumentó  y también la pobreza. Es entonces cuando el 17 de abril de 1854 el  general José María Melo con el apoyo del ejército y  el pueblo  derroca al presidente Obando y  asume el poder haciendo a un lado a la clase que  por siempre había manejado el país.

Fue un cambio radical, sin embargo el  general José María Melo figura muy poco en nuestra historia, pues quienes han retenido el mando lo han borrado del escalafón de los próceres no obstante ser uno de los héroes en la lucha contra España, un militar de escuela con estudios en Alemania y conocimiento de los  movimientos socialistas que agitaron a Europa. Melo fue un  personaje de amplia aceptación popular que limitó las tasas de interés, intentó una reforma agraria para incentivar los cultivos y  dar tierra al campesino y  allanó el camino para la libertad de los esclavos.

Las reformas e ideas de Melo no pudieron ponerse en práctica pues no le  dieron tiempo  de gobernar, ya que  los banqueros, los latifundistas, los comerciantes,  los contrabandistas y los intereses foráneos se   unieron  con los jefes liberales y conservadores en  un frente nacional que declaró la  guerra al general y sus seguidores.

El curtido militar se atrincheró  en la Sabana de Bogotá para hacer frente al enemigo que recibió armas de Estados Unidos y congregó  a los vetustos sobrevivientes de las luchas independistas. En los pocos meses al frente de la presidencia Melo  no tuvo otro oficio que la guerra, apoyado por los obreros y los militares que nada pudieron hacer ante la superioridad en armas y recursos del estamento tradicional colombiano.

Salvo algunas cartas, unas proclamas políticas y contados artículos de prensa, de Melo no se conservan suficientes documentos que permitan ahondar sus ideas y la motivación de sus actos.  Fue un rebelde que se opuso  al estado lamentable de los países latinoamericanos. Chocó contra el imperialismo español, luego contra Joaquín Mosquera y la camarilla bolivariana, luchó  contra Páez y Vargas en Venezuela, derrocó  a Obando en Colombia,  luchó  contra el gobierno del general Barrios en El Salvador y contra los enemigos de Benito Juárez en territorio mexicano.

Como fieras

Sin un proceso judicial  los vencidos de 1854 fueron conducidos como fieras a diferentes lugares del país en una represalia sin antecedentes, la furia de los vencedores se cebó contra los compatriotas  en desgracia, se reflejó así  el odio de las oligarquías contra quienes habían osado enfrentarlas con el fusil en la mano  al grito de Pan, Trabajo o Muerte. Se disolvieron las Sociedades Democráticas, se prohibieron las juntas políticas permanentes y en las selvas de Panamá pereció la flor y nata del artesanado colombiano. Mosquera  ordenó el fusilamiento de  Melo pero hubo amigos que lo impidieron y se cambió  la sentencia a muerte  por el destierro

El eterno rebelde viajó a Centroamérica y puso su espada al servicio de las causas liberales. En la madrugada  del primero de junio de  1860  los enemigos sorprendieron al escuadrón de caballería de Melo en la hacienda Juncaná en la Trinitaria de Chiapas, lo apresaron herido y sin  fórmula de juicio le arrebataron la vidal. Unos reclutas  se encargaron del  asesinato, tal vez como el rebelde  que nació en la imaginación de Gabo en “Cien años de Soledad”, el militar chaparraluno pudo  pensar en sus últimos segundos, “tanto joderse uno en la vida  para que lo  maten seis maricas sin poder hacer nada”.

* historiayregión.blogspot.com

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