24.4 C
Pereira
viernes, agosto 19, 2022

El fetichismo de la felicidad

Gonzalo Hugo Vallejo Arcila*

La felicidad se ha convertido en un fetiche promocionado por una industria morbosa y multimillonaria que oferta un amplio catálogo de mercancías cognitivas y motivacionales que algunos autores han llamado “pornografía emocional”. Se le ha hecho creer a una masa ingenua y crédula de “prosumidores” que la riqueza o la pobreza, el éxito o el fracaso, la felicidad o la desventura son opciones personales que actúan independientemente de circunstancias histórico / sociales, socio / económicas o político / culturales. El valor de la felicidad se ha convertido en un instrumento ideológico eficaz para justificar las andanzas ruines de la economía de mercado (neuro – liberalismo) y “excusar sus excesos y maquillar sus locuras”.

Así lo afirman Edgar Cabanas y Eva Illouz en su obra “Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas”, publicado en 2018. En su último libro (“La tiranía de la elección”), una invectiva contra los libros de autoayuda y la ideología de la felicidad cuyo boom se dio en los años ochenta, la filósofa eslovena Renata Saleci, hace una relectura de los carteles que encuentra dentro de su vagón en un viaje corto en tren. En ellos se publicitan algunos productos y servicios. Una universidad proclama “Sé lo que quieras ser”; una marca de cerveza sugiere “Sé tú mismo”. En la portada de la revista “Cosmopolitan” que hojea allí, se exhorta: “¡Conviértete en ti misma, pero en tu mejor versión!”.

En nuestra vida cotidiana nos encontramos con un cúmulo de frases que forma parte de una narrativa cuya premisa fundamental se sostiene en el axioma de que no hay problemáticas socio / económicas estructurales, sino profundas falencias psicológicas que se dan en el ámbito exclusivo de nuestra individualidad. “Aprovecha tus prerrogativas” … “Confía sólo en ti” … “Sé lo que quieres ser” … “Sé tu propio jefe” … “Todo depende de ti” … “Véncete y vencerás”, … “Confía en ti” … “Sé tu propio jefe” …  “Cree en ti y todo será posible” … “Valora tu fuerza interior” … “Todo depende de ti” … “Sé feliz” … “Gestiona tus emociones” … “Gobiérnate a ti mismo” … “Mejora siempre” … “focalízate” … “Sé optimista” …

“Sé tú” … “Sé positivo” … “Autocontrólate” …  “Sólo tú decides estar bien” … “Nunca es tarde para volver comenzar” … “Lo mejor está por venir”. La economía cartelizada de la felicidad a través de sus agentes ideológicos, instaura la individualización; legitima la reinvención personal; circunscribe toda posibilidad de mejoramiento organizacional al mundo almibarado del crecimiento interior; establece un divorcio entre las dimensiones intra e interpersonales; psicologiza la sociedad y expulsa de sus lares las disciplinas sociales y humanistas al ser consideradas como disidentes y peligrosas. Se opta por agenciar el terrorismo de la armonía; instaura el régimen despótico de la eudemonía y la positividad;

Proscribe, además, de su mundo “felicista”, la angustia y la incertidumbre como factores de crecimiento; se promueve el aislacionismo y una fobia aguda por los asuntos socio / económicos y políticos. Allí no tiene sentido alguno luchar por trasformar circunstancias, estructuras y relaciones de sumisión y poder y propender por el bienestar comunitario… Sólo el apetito voraz del individualismo termina por devorarlo todo. Nuestra dramática realidad signada por el rebusque y el escarceo; con altos índices de desempleo, injusticia y desigualdad, donde se criminaliza la pobreza, se subliman las ansias de riqueza y se justifican las mentirosas bondades del capital financiero y usurero, nos sigue interpelando a diario.

Los libros de emprendimiento y autoayuda forman parte de esa nueva teología y liturgia gerenciales ante cuya magia seductora, resiliente, esotérica y “sanativa” caen mucha gente postrada en un último intento por salvar su existencia contrita y paranoica, su matrimonio fracasado o su empresa quebrada. Aquí no tienen validez alguna apelar al análisis epistémico, fenomenológico, ético o socioemocional. Profesionales de todos los pelambres, mercaderes de la felicidad, expertos en coaching, psicoterapias alternativas y positivistas, manuales de autoayuda y filosofía motivacional, han convertido la felicidad en una de las mercancías emocionales de mayor demanda. Este fetiche está siendo ofertado por una industria multimillonaria.

Su clúster mercadológico comercializa un amplio catálogo de maquillaje y cosmetología axiológica, todo un ethos terapéutico que coloca la salud emocional y la necesidad de la autorrealización personal en el centro gravitacional del progreso y el bienestar social, afectado muchas veces por la indolencia gubernamental y la ausencia de políticas públicas e intervenciones institucionales en materia de salud integral y prevención bio – psico – social. Este mercado terapéutico se dirige no solo a personas con problemas, deficiencias, desadaptaciones, carencias y debilidades, sino también a sujetos sanos y triunfadores, instalados en aquellas zonas reservadas para el consumo adictivo de bienestar y confort.

Recreamos nuestra contradictoria realidad con algunas “frases de cajón”, en un vano intento por develar desde el absurdo, nuestra lucha contra la mismidad. “No es una señal de buena salud estar bien adaptado a una sociedad enferma”, escribió el filósofo indio Jiddu Krishnamurti. “Si sientes que no encajas en el mundo -decía la escritora inglesa Virginia Woolf-, quizás no deberías preguntarte qué problema tienes tú, sino qué problema tiene el mundo”. Sigue allí, el testimonio memorable de Steve Jobs: “Debes ser como una clavija redonda en un agujero cuadrado (…). Las personas que están lo bastante locas como para creer que pueden cambiar el mundo son las que lo hacen (…). ¡Piensa diferente!” (…) ¡Sé feliz… A tu manera!”. 

* gonzalohugova@hotmail.com

Artículo anteriorLos pueblos nuestros
Artículo siguienteParece una tumba, pero es el mar

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -