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domingo, octubre 2, 2022

El cronista Ricardo Sánchez Arenas

Mauricio Ramírez Gómez

Un libro de obligatoria consulta sobre la historia de la ciudad es el que Ricardo Sánchez Arenas publicó en 1937 con la editorial Zapata, de Manizales, con el título “Pereira”. Este volumen, reeditado por la Academia Pereirana de Historia en 2002, reúne una serie de datos históricos, entremezclados con crónicas cotidianas que dan cuenta de la transformación del pequeño caserío en una ciudad. Son emblemáticas las historias sobre ‘El fantasma de la calle del miadero’, ‘Las Semanas Santas en Pereira’ o ‘Los mercados de antaño’. Durante años lo más llamativo de este volumen ha sido precisamente la recopilación de datos, y por supuesto, el talento del cronista. Sin embargo, poco se ha reparado precisamente en la importancia de la crónica y en el método usado por don Ricardo para su libro.

Cronistas hubo gran cantidad en Pereira durante la primera mitad del siglo XX. Así lo confirma el número de ellos que colaboraron en los primeros periódicos que se publicaron en la ciudad y sobre todo en ‘El Diario’, donde hay crónicas de Emilio Correa Uribe, Rafael Cano Montoya, José Ramón Albán (J.J.), Urbano Montes Cadavid, Lisímaco Salazar y Ricardo Sánchez, entre otros. La inclinación por el género pudo provenir de la influencia de los ‘Cuadros de costumbres’, tan en boga en Colombia durante la segunda mitad del siglo XX, pero sobre todo de las narraciones orales a las que eran tan efectos los arrieros y los labriegos que habitaron inicialmente este territorio. La ausencia de cuentos o novelas por entregas en la prensa pereirana de esa época, la compensan las crónicas sobre hechos cotidianos, como espantos, viajes, hechos judiciales, enfermedades, etc. Vale la pena mencionar que a comienzos del siglo XX ya circulaban entonces en la ciudad libros de maestros del género, como Chesterton, Mariano José Larra y Azorín. En una opinión muy personal, considero que si bien el talento y los referentes culturales de Luis Tejada ya le pertenecían desde antes de su arribo a la ciudad, esa propensión a narrar, patente en los periódicos pereiranos, debió ser un estímulo para incursionar en este tipo de escritura. La crónica en Pereira no surge con Tejada ni con Ricardo Sánchez, pero sí son ellos, junto con Emilio Correa, sus mejores exponentes. Está pendiente la gran antología de la crónica en Pereira, dispersa todavía en periódicos y revistas de esa primera mitad del siglo pasado.

Para su libro sobre la historia de la ciudad, Ricardo Sánchez se valió de sus recuerdos y los de su familia, pero en realidad su método principal consistió en entrevistar a los ancianos, algunos de ellos simples personas del común, quienes le compartieron sus peripecias y sus evocaciones. En dos crónicas publicadas en ‘El Diario’ revela este ejercicio de reportero. La primera, publicada el 30 de agosto de 1937, tiene como protagonistas a tres ancianos que en ese entonces pedían limosna en el Cementerio San Camilo. Sánchez, conciente de que son fuentes de historias cotidianas, va en su búsqueda. Escribe: “Antes de que la piqueta del progreso eche a rodar las tapias y el portalón del “Cementerio viejo” y antes de que la guadaña de la muerte eche a rodar las cabezas de los tres viejecitos que acaban sus días pidiendo limosna en la entrada principal del Cementerio de “San Camilo”, hemos ido a documentarnos para relatar episodios que se quedarían inéditos si estos viejos desaparecieran”. En la segunda crónica, publicada el 30 de agosto de 1943, publica una fotografía suya de su encuentro con cuatro ancianos comerciantes –Manuel Echeverri, David Echeverri, Andrés Martínez y Joaquín Marín-, para entonces ya olvidados o sus fortunas venidas a menos. A todos ellos les preguntó qué acontecimientos habían presenciado a su llegada a Pereira y su reportaje es el resumen de lo más llamativo de sus respuestas.

Este método de Ricardo Sánchez, si bien no tiene nada de particular, sí da cuenta del olfato periodístico de este hombre, a quien se ha encasillado como historiador, ignorando que esta faceta es apenas una consecuencia de su gusto por el periodismo, evidente en la serie de crónicas sobre el conflicto colombo-peruano en 1932, publicadas por la Secretaría de Cultura en 2019 con el título de “Un corresponsal en la selva”; y así mismo, en otra cantidad de sus escritos que permanecen dispersos en los periódicos.

Una constatación de la eficacia del método empleado por Ricardo Sánchez, puede deducirse de las palabras póstumas escritas en 1946 por el también cronista Ricardo Ilián Botero: “En Pereira nada era un misterio para Ricardo Sánchez que conoció la ciudad en sus albores y que la vio también convertida en este emporio de primicias y de riquezas que es ahora la ciudad moderna, orgullo de la república, gloria de su cultura, paradigma de su civismo. Como escritor de costumbres, como historiador, como ciudadano, Ricardo Sánchez era un guión de la vida pereirana”.

Y a su vez, el contertulio y amigo de don Ricardo, Raúl Echeverri (“Jorgito”) escribió: “Ricardo Sánchez era uro de los exponentes más autorizados de la cultura de Pereira. Cronista magnífico, en serio o en broma daba a sus escritos el colorido de su conversación siempre amena. Como gran lector que era, tenía conocimientos generales de arte y literatura y recitaba con exquisita propiedad versos selectos o trozos escogidos de buena prosa. Conoció los mejores espectáculos teatrales al mismo tiempo que los bajos circos y las galleras de los guapos”.

Ricardo Sánchez es otro de los capítulos inconclusos de nuestra historia literaria.

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