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miércoles, abril 17, 2024

El centenario de José Consuegra y la Teoría Propia del Desarrollo

Ensayo del escritor risaraldense Jorge Emilio Sierra Montoya, exclusivo para Las
Artes, sobre la Teoría Propia del Desarrollo en América Latina, de la que fue uno
de sus principales exponentes el economista colombiano José Consuegra Higgins,
cuyo centenario de nacimiento se celebró el 28 de marzo.

 

Jorge Emilio Sierra Montoya (*)
La Teoría Propia del Desarrollo en América Latina es el corazón mismo del
pensamiento político, social y económico de El maestro José Consuegra Higgins,,
cuyo centenario de nacimiento celebramos el 28 de marzo.
No obstante, cabe preguntar: ¿En qué consiste esa teoría, tan influyente en
décadas anteriores, en especial a partir de los años sesenta y setenta del siglo
pasado? En realidad, se trata -como lo dice su nombre- de una teoría propia,
propia de América Latina y elaborada por los propios latinoamericanos, por
nosotros mismos, por autores como él y otros tantos que le acompañaron en tan
fascinante aventura.
Tratemos, pues, de darle un orden sistemático, riguroso, a tales ideas, contenidas
en numerosos libros que han sido textos de consulta en los países
latinoamericanos durante las últimas décadas.

 

El papel de la historia
Empecemos por señalar que para él las ciencias sociales, como la Economía (o la
Ciencia Política, entre otras), son ciencias históricas en sentido estricto, donde el
conocimiento de la historia es indispensable para comprender los fenómenos que
constituyen su objeto de estudio.
Dicho en otras palabras, si la ciencia es el conocimiento objetivo de las causas de
los fenómenos para explicarlos y controlar sus efectos, en el caso de la Economía
dichos fenómenos tienen causas históricas, que es lo característico del análisis de
las ciencias sociales frente a las demás ciencias.

Esa es una posición marxista, sin duda. Que nos recuerda las bases del
materialismo histórico y del materialismo dialéctico o, mejor, de aquella dialéctica
de la historia, concebida por Hegel, que Marx acogió para darle un contenido
materialista, resumido en la máxima ley que, en su concepto, rige a la historia: “La
historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, según expresa “El
Manifiesto del Partido Comunista”, escrito con Engels.
Para Consuegra, la Economía exige por naturaleza, por principio, el conocimiento
de la historia, una historia que en nuestro caso es la de América Latina y ante la
cual nosotros, los latinoamericanos, tenemos el compromiso ineludible de elaborar
una teoría propia, auténtica.

Latinoamericanismo
“La ciencia social de nuestro continente sólo puede ser formulada y escrita por los
latinoamericanos”, sostenía en forma concluyente, radical, que algunos
interpretaban como de carácter dogmático, con notoria influencia marxista.
Según él, la Teoría Propia, con su visión latinoamericanista, también tiene sus
raíces históricas que se remontan a Andrés Bello y el maestro de Bolívar, Simón
Rodríguez, quien reclamaba, con anterioridad a la independencia que alcanzaron
nuestros pueblos frente al dominio español, “ser originales, no imitadores serviles”.
Pero, se remontan especialmente a “El Libertador”, en cuya obra aparecen, a la
sombra de Montesquieu, los antecedentes de dicha teoría, por la cual propugnaba
al exigir que nuestras leyes fueran el fruto de nuestras condiciones sociales,
políticas y económicas, no la simple copia de normas extranjeras, concebidas para
resolver problemas de otros países.
En tales circunstancias, con su profundo espíritu bolivariano que encarnaba
principalmente su Universidad Simón Bolívar, de Barranquilla, El maestro
canalizaba todos sus esfuerzos hacia la elaboración de una Teoría Propia para
América Latina, la teoría del subdesarrollo y la dependencia que pretende ser
también válida para el Tercer Mundo en su conjunto. Veamos en qué consiste.

Dependencia cultural
Uno de los signos de la dependencia es carecer de una teoría propia y rechazar,
en cambio, lo autóctono, lo particular, nuestras raíces o identidad cultural, por

rendir culto a lo foráneo, a los valores e ideas provenientes de los países que
ejercen su dominio sobre los nuestros.
Más aún, la dependencia, que es ante todo una dependencia cultural, “impide
valorar lo propio”, al decir de El maestro.
¿Mera especulación, difícil de verificar en la vida real? De ningún modo. Si algo
caracteriza a su obra es el realismo, la aguda mirada crítica sobre nuestra
sociedad, que puede dolernos y hasta indignarnos, pero siempre sabemos,
aunque no se compartan sus posiciones ideológicas con tinte socialista, que
pintan con exactitud mucho de lo que somos los latinoamericanos.
Como cuando afirma, con ironía, que un economista subdesarrollado es sinónimo
de un loro que repite todo, en clara alusión a la típica enseñanza de nuestros
centros de formación universitaria, donde, por lo visto, la única función de
profesores y estudiantes, así como de los egresados, es repetir libros extranjeros,
escritos casi siempre en Estados Unidos.
O como cuando él, en compañía de su esposa Anita, tuvo ocasión de departir en
Atenas con un grupo de académicos, a quienes deslumbró por sus conocimientos
de historia, filosofía, economía, literatura y arte. “Los intelectuales
subdesarrollados somos así: sabemos más de lo ajeno que de lo propio”,
respondió con gratitud a sus elogiosos comentarios.

La nueva élite
Lo que hacemos, entonces, es imitar, copiar, al margen de la creación original que
es distintiva de la auténtica cultura. Lo nuestro, en cambio, es menospreciado por
obra y gracia de la misma dependencia, cuando no objeto de burlas en los más
encumbrados círculos académicos.
Es allí, en tales círculos, donde abundan los técnicos formados en el exterior, en
universidades extranjeras, que desde altos cargos del Estado desarrollan políticas
importadas, ajenas a nuestras condiciones sociales.
Proclaman, a su vez, la universalidad de dichas teorías y su absoluta validez para
aplicarlas acá, cuando un economista tan respetable como Samuelson (1915-
2009) llegó a declararse sorprendido, extrañado, porque sus doctrinas, concebidas
para países con elevados niveles de desarrollo, fueran seguidas al pie de la letra
en América Latina.

Son quienes encarnan la nueva élite intelectual latinoamericana, alineada en los
últimos años con los dogmas neoliberales y que se inclina asimismo ante las
modernas tecnologías, como los computadores, en forma similar a los indios
precolombinos, seducidos por los espejitos traídos por los conquistadores
españoles.

Lucha universitaria
Es una dependencia que se revela aún en el plano popular a través de las modas
(tan comunes igualmente en los medios intelectuales), la preferencia cada vez
mayor por la música “americana” o el correspondiente desprecio por nuestra
música folclórica y la historia latinoamericana en su conjunto, desconocida aún
entre los especialistas.
Hay que enfrentar esta situación. Y el escenario más propicio para hacerlo, para
librar tan dura batalla contra la dependencia cultural y el subdesarrollo
dependiente, no es otro que la universidad, donde debe impartirse una sólida
formación sobre nuestras culturas, las cuales se remontan al glorioso pasado de
los pueblos indígenas y de héroes como Simón Bolívar.
Donde se defienda la identidad cultural latinoamericana; donde se estudie nuestra
historia, para darnos luces en la solución de los graves problemas actuales; donde
nos sintamos orgullosos de las manifestaciones populares, folclóricas, de cada
región (el Carnaval de Barranquilla, por ejemplo), y donde, en síntesis, asumamos
el compromiso de una teoría propia, con cursos especiales para abordar la
problemática del subdesarrollo.
Esa teoría es el principal legado intelectual de El maestro.

Subdesarrollo a la vista
En líneas generales, América Latina forma parte del Tercer Mundo, una inmensa
zona del planeta signada por la pobreza que padece la mayoría de sus habitantes
y que él, Consuegra Higgins, condenaba como socialista, como liberal de
izquierda, con los recuerdos imborrables de Isabel López, su tierra natal, en la
costa caribe.
Pero, como analista económico, político y social, identificaba a nuestra región con
el concepto “Subdesarrollo” que expresa las condiciones de atraso con relación a

las imperantes en los países desarrollados, donde está resuelto, en gran medida,
el problema de la pobreza.
¿Significa esto que debemos aspirar a un ideal de desarrollo según el modelo
trazado en las naciones industrializadas, por lo cual el paso a seguir sería alcanzar
el desarrollo de aquellas, dando así el anhelado salto al desarrollo?
No, según los principios de la Teoría Propia, opuesta a la imitación en que hemos
insistido. Ni lo que se pretende formular es un modelo de desarrollo a la manera
del concebido en el marco de la globalización, como es la apertura económica.

Causas del atraso
No. El subdesarrollo tiene también causas históricas o, para ser exactos, está
presente en las distintas etapas de nuestra historia (desde la conquista española
hasta hoy, pasando por el mercantilismo colonial y el librecambio del siglo XIX que
ahora vuelve a estar de moda), siendo inseparable, en las condiciones presentes
del “desenvolvimiento desigual del capitalismo”, donde -subrayemos hasta el
cansancio- se da la terrible división entre desarrollo y subdesarrollo, países ricos y
pobres, contraria a las más elementales normas de justicia, especialmente la
justicia social.
Tales son las verdaderas causas del subdesarrollo, no las que suelen presentarse
desde afuera, desde los países desarrollados, como el aumento excesivo de la
población frente a un menor crecimiento económico que expone el
neomalthusianismo para justificar las políticas de control natal que atentan contra
la dignidad humana, contra la ética, como lo explicó ampliamente en “El control de
la natalidad como arma del imperialismo”, uno de sus libros más populares.
O atribuir a la raza, a la mezcla de razas, o a la religión, la religión católica traída
de España, el origen último del subdesarrollo, del atraso, para esconder la causa
estructural, de fondo: la dependencia, generada por el citado desarrollo desigual
del capitalismo.
“La dependencia es el fenómeno más agobiante del subdesarrollo”, precisaba,
enfatizando que dicho fenómeno es “el más digno de análisis” en este mundo
subdesarrollado de América Latina que presenciamos y padecemos a diario.

Dependencia estructural

¿Qué tipo de dependencia? Una dependencia estructural, reiterando así las
causas estructurales del atraso, aquellas en cuyo análisis -observaba con acento
crítico- se quedaban cortas las teorías de la Cepal (organismo adscrito a la ONU y,
por ende, sometido a los lineamientos capitalistas) o de autores como el peruano
Hernando de Soto.
“En la literatura económica latinoamericana aparezco como uno de los estudiosos
de la dependencia estructural”, aclaraba para definir, a continuación, qué es la
teoría propia del subdesarrollo dependiente y la dependencia estructural, columna
vertebral de su ideario político y económico.
“Es una teoría -dijo, en apretada y certera síntesis- que cuestiona los efectos de
una actividad productiva, financiera, tecnológica, cultural y hasta política, generada
en los grandes centros de poder de las áreas desarrolladas”.
(*) Autor del libro “El Maestro”, sobre la vida y obra de José Consuegra Higgins,
recién publicado en Amazon para celebrar el centenario de su natalicio.

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