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lunes, septiembre 26, 2022

El Caro y Cuervo, una vida dedicada al español y a la diversidad lingüística

Jaime Ortega Carrascal


El Instituto Caro y Cuervo (ICC), cuya obra cumbre es la terminación del monumental “Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana”, iniciado por Rufino José Cuervo, cumple 80 años como protector del patrimonio lingüístico de Colombia y referencia en la investigación de la lengua española.

El Caro y Cuervo fue creado el 25 de agosto de 1942 y desde entonces funciona en la Casa Cuervo Urisarri, una bella construcción del siglo XVIII con dos plantas y tres patios interiores situada en el centro de Bogotá, que alberga exposiciones y fue la casa natal de Cuervo (1844-1911), escritor filólogo y lingüista.

El pasado 7 de agosto, con ocasión de la investidura presidencial de Gustavo Petro, el Rey de España, Felipe VI, visitó la casona donde se reunió con la comunidad española y dejó en el libro de honor un mensaje que destaca los vínculos del Caro y Cuervo con su país y “la labor de cuidado y promoción de nuestro gran patrimonio común, la lengua de Cervantes”.

“El Instituto tiene una naturaleza única en el país y es que somos un establecimiento público adscrito al Ministerio de Cultura porque nuestra tarea es salvaguardar el patrimonio lingüístico y literario del país, pero también somos una institución de educación superior y le respondemos al Ministerio de Educación”, explica a Efe el director encargado del ICC, Juan Manuel Espinosa.

DICCIONARIO COLOSAL

Según Espinosa, el Instituto nació con la misión de divulgar todo el conocimiento lingüístico del país, “completar el trabajo comenzado por Rufino José Cuervo del ‘Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana’, interrumpido por su muerte en 1911, y contribuir a las investigaciones lingüísticas y filológicas del patrimonio inmaterial de Colombia”.

El “Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana” es una colosal obra de ocho tomos que Cuervo comenzó en 1886 y que el Instituto terminó más de un siglo después, en 1995, trabajo por el cual recibió en 1999 el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

“Este es un diccionario donde está prácticamente toda la historia del español desde los inicios en España hasta la manera como se construye, como se articula, como se organiza la lengua en todas partes de Hispanoamérica”, afirma Espinosa, y añade que a este diccionario Gabriel García Márquez lo llamaba “la gran novela de las palabras”.

Subraya además que el Nobel de Literatura de 1982 “nunca quiso un cargo público en Colombia”, pero aceptó ser “miembro del Consejo Directivo del Caro y Cuervo por el respeto y la pasión que tenía por ese diccionario y por otro de los grandes trabajos que hizo el Instituto desde los años 50 hasta los 80, el ‘Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia’”.

“Ese atlas muestra cómo se usa el español en cada uno de los lugares del país”, explica Espinosa, y pone como ejemplo la palabra niño, a quienes “en ciertas partes se les dice guámbito, en otras se les dice chino, en otras se les dice pelado”.

Ese trabajo de cartografía aplicada al lenguaje “es un insumo de investigación y de inspiración para artistas, músicos, lingüistas y literatos”, afirma.

HERMANDAD CON ESPAÑA

El ICC, que también debe su nombre al escritor, filólogo y expresidente Miguel Antonio Caro (1843-1909), quien con Cuervo escribió otra obra clásica, la “Gramática de la Lengua Latina” (1867), ha sido galardonado además con el Premio Bartolomé de Las Casas (2001), el Premio Elio Antonio de Nebrija (2002) y la Real Orden Isabel la Católica (2020).

Los vínculos del Caro y Cuervo con España se remontan a sus orígenes pues, según relata Espinosa, fue dirigido en los primeros años por el filólogo y lingüista español Pedro Urbano González de la Calle, un republicano exiliado que, junto con el jesuita Félix Restrepo, “montó y dejó las bases de lo que era la investigación en dialectología y en lexicografía del Instituto”.

El ICC también tiene entre sus misiones salvaguardar la diversidad lingüística del país compuesta por el español, 65 lenguas indígenas, dos lenguas criollas de afrodescendientes (el criollo sanandresano o creole y el palenquero), además de la romaní y la lengua de señas colombiana.

“También trabajamos con el Instituto Cervantes para pensar e investigar los diferentes aspectos y la manera de enseñar el español como lengua extranjera y como segunda lengua para personas de países hispanohablantes, como las comunidades indígenas, o la comunidad sorda, que no tienen el español como primera lengua”, agrega.

El Caro y Cuervo es además un centro de educación superior para la formación de investigadores en campos como la fonética española, gramática histórica, etimología, lexicología y lingüística de la literatura y de la cultura hispanoamericana.

“Tenemos cinco programas de maestría en Lingüística; Literatura y Cultura; Estudios Editoriales; Enseñanza del Español como Lengua Extranjera y Segunda Lengua, y en Escritura Creativa”, explica el director. El Instituto tiene también una sede campestre en las afueras de Bogotá, la Hacienda Yerbabuena, donde funciona la Imprenta Patriótica, una fábrica manual de libros con técnicas artesanales.

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