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lunes, agosto 15, 2022

Ejército de civiles

James Llanos Gómez

El Tórculo espera en mi taller y en silencio las chapas con los gestos, líneas y texturas: los “Tótem”, que tanto daño me han hecho desde todo punto de vista.

Una propuesta llena de recuerdos y rasguños en el corazón y el cerebro, señas en la piel de los colombianos gracias a la violencia y sus métodos oprobiosos de gobernar; asimismo y como antítesis de lo anterior, agradezco a las convulsiones sociales que me han permitido, y en general, revolcarnos en nuestras conciencias, despertando reacciones con perdón y sin tregua, para recuperar la dignidad y el valor del ser humano en sociedad.

El joven protagonista en los acontecimientos mundiales de la última centuria y sobre todo el colombiano en los últimos 78 días de refriegas y choques brutales que, por parte de la fuerza pública hemos recibido las descargas y métodos de sumir y humillar, asesinar y mutilar, violar y desaparecer a jóvenes en lo fundamental, incluyendo también, los muertos y heridos graves por parte de la fuerza pública.

La violencia no trae nada positivo; no hay muertos malos ni buenos.

La Primera Línea, un gran ejército de civiles que los ha movido la indignación y la falta de oportunidades, la ira por ver perdidos sus sueños y la falta de progresar, como también la reacción por los desmanes con el pueblo colombiano por parte del ESMAD, estos líderes valerosos están armados con ARTEfactos y cubiertos con capas y máscaras de héroes: la música, la poesía, el teatro, la danza, la plástica y la felicidad entre otras, los transforma y empodera como héroes hollywoodenses, para defender a otro grupo, que podríamos llamar la segunda línea, la más gruesa y nutrida de todas las capas de esta sociedad, que arenga, marcha y hace carteles contra el fascismo y el gobierno, una multitud que todavía ve, cree en las esperanzas, las metas, la vida y su libertad colgada en una de las puntas de la luna de cuarto menguante.

Esta es la Colombia del siglo XXI, la de los jóvenes, un torrente sanguíneo social lleno de la adrenalina necesaria como aliento para lograr por fin llegar a puerto seguro, con garantías democráticas del respeto por el otro, la empatía , la paz y el desarrollo del capitalismo social.

La provocación y sinergia social que nos permita saltar a la era de la luz, la evolución de la conciencia, la ciencia, las humanidades, la cultura y sobre todo ver el horizonte despejado para la nuevas y actuales generaciones, y, sí acaso nos encontremos con la mula muerta darle cristiana sepultura, no más y el resto, que sean las contradicciones que podamos resolver con el diálogo y no por medio de la violencia.

Qué duro es ver gastar todas esas energías de nuestros jóvenes en rabia, en tristeza, en venganza, en cólera, en dolor y sobre todo en desazón, pues frente a la injusticia que la rodea, del corazón no brotan fácilmente cosas bellas, esas que el arte tiene reservadas en los sitios más recónditos del alma y que afloran muy fácilmente cuando la tranquilidad y la justicia nos cobija. Uno se pregunta y se cuestiona infinidad de veces, ¿nuestros gobernantes no tienen ojos ni brazos que puedan señalarnos un mundo mejor?, ¿es tanta su obsesión por mantenerse en el poder manchado con tanto veneno, que no les asusta el triste color de la sangre? Ojalá esta generación que ahora convive con nosotros, antes de morir, vea en un ocaso vespertino, escrito en las nubes con cromos cálidos y luminosos la frase ¡LIBERTAD Y PAZ!

 

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