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sábado, noviembre 26, 2022

Dos poemas de Adriana Lorena Robledo

“NIÑA BRUJA, NIÑA ESTRELLA…”

El poeta, niño viejo…
Pilotea un asteroide…
Lejos, bajo el efecto de la anestesia…

Yo la niña bruja, la niña estrella…
De bufanda de terciopelo de bruma…
Yo la infante perversa de botines negros
para subir a brincos hasta el ático por la escalera de la buhardilla del miedo.
Yo, la que dibujaba y escribía sobre el lomo de animalitos obscenos.
La que liberó de la jaula los pájaros de tinta de fuego.
Yo, la pasajera a los destinos hallados en mapas de
geografías tachadas una y otra vez
como viejos palimpsestos sobre mapas polvorientos.
Yo, la muy espigada…
La jugadora en la selección de basquetbol. La apática a los juegos de salón.
La que no encajaba en las cuadriculas del liceo.
Las de las geometrías sagradas salpicadas de limaduras de oro y plata.
La que reía de todo…lo humano y lo sagrado…
Pero consagraba una flor sencilla con risas que cantaban en las campanas del cielo.
La que perdía el horizonte
cuando cruzaban las palomas salvajes con sus rutas agrestes.
Yo, la joven blanca y ebria.
La bailarina cerca a la hoguera del Sabbat; la que dejó crecer sus
grenchas negras como lianas tinturadas de luminosa oscuridad…
La que danzaba descalza sobre la hierba y flotaba aérea con los gnomos y los duendes.
La que en un sueño y cruzó hipnotizada la ciudad azul
como una dama de Paul Delvaux.
La que quiso morder la oreja mutilada de Van Gogh.
La que hubiese sido madame de Toulouse Lautrec
para amamantarlo en mis ubres de loba.
La que vadeó las pestes de este siglo entre el miedo y la apatía…
La que en la filas de la primera línea bocetó una paloma sobre un midori, travel book.
Las que camina de prisa en las noches bajo el smog pesado del tiempo…
Sobre mis ojos escribo este poema
mirando desde una ventana que el vino del sueño destila contra la noche
hacia la calle, mientras la lluvia cae en la ciudad
y moja las alas de un ave misteriosa que lentamente alza el vuelo…
Cuervo acerado que agita sus alas bajo una luna de hierro triste.

El poeta al que escribo esta carta sin norte…
Está con su corazón conectado a una máquina
y viaja en la noche bajo lámparas de tungsteno…
sueña que puede pilotar un asteroide…
Yo, solitaria espero
a que regrese de la correría celeste…
Para sellar con mi boca un beso
sobre su frente iluminada bajo el heráldico escudo de la luna.

“MUCHACHAS OBRERAS”
Muchachas obreras…
Haciendo fila en las madrugadas frente a las puertas oxidadas de la rutina…
Saliendo a los almuerzos con el lunch reverberante del sol.
Con los cabellos negros y brillantes como espadas de níquel y petróleo.
Danzando en los fines de semana cuando el alcohol de alguna manera aparecía…
Y era la luz de las copas y el brillo de la noche que embriagaba
como una música pesada y rítmica
que les llevaba a otra parte, a otro estado del mundo.
Dueñas de senos densos bamboleándose en orgiásticas sesiones de sexo con obreros de la metalurgia; con estudiantes de la nocturna;
con viajeros poetas de leyendas lisérgicas.
En garajes urbanos, encendidas fiestas del arrabal
bailando sobre la línea blanca de la noche roja.
Muchachas obreras, refocilándose en alcoholizadas jornadas de motel y carreta.
Viajantes eróticas de la luna como si esta fuera el santo grial de la belleza…
Adoratrices únicas de las noches del carnaval.
Muchachas obreras, con pesados overoles de cal y cemento.
Iluminadas hieródulas del proletariado.
Aceitando las maquinarias de los telares multicolores.
Haciendo girar luminosas ruecas sobre las poleas de la eternidad.
Artesanas azules de las jornadas de mi juventud.
Grandes y bellas, robustas y risueñas.
Estilizadas y ahusadas como princesas humildes
y duras como flores secas de un jardín en el verano.
Muchachas obreras tinturando lonas de índigo y añil…
Columnas cerámicas; pétalos de porcelana en los altos hornos de la industria.
Ventanas ardiendo en llamaradas azules de alcohol sobre estufas de la primavera.
Muchachas de jornada y peso…de barricada, mitin y huelga
De aire denso… y lluvia y luna fiera…
Pagaron las cervezas en las barras de los bares…
Con ellas mi poesía comenzó a latir
En sus caras y en sus besos tristes
una razón de estar y ser y luchar… apareció de repente
bajo la noche cantando.

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