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viernes, septiembre 30, 2022

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario Ciclo C, Lectura del santo evangelio según San Lucas (14,25-33)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío»

Palabra del Señor

 

Reflexionemos juntos

Nos encontramos ya en el mes de septiembre, todo empieza a volver ya a la normalidad. Pronto se pondrán en marcha todas las actividades normales del curso. Entre esas actividades que se ponen en marcha, hay una que a veces me ha hecho reflexionar y que hoy nos puede servir para darnos cuenta de lo que quiere decirnos el evangelio que acabamos de escuchar.

Se trata del hecho de que, dentro de pocos días, numerosos jóvenes empezarán a ir a la universidad, para hacer el primer curso de la carrera que hayan podido escoger. Y lo que me hace reflexionar es que, de estos jóvenes, sin duda que un buen número va porque lo desea, porque son capaces de sacar bien los estudios, y porque quieren aprovechar esta oportunidad de una mejor formación. Pero, al mismo tiempo, hay otros que van porque eso es lo que hacen los jóvenes de su ambiente, o porque la posición social de su familia casi obliga a ello, o porque si no lo hicieran les parecería que son menos que los demás… Esos jóvenes que empiezan sus estudios universitarios en esas condiciones, probablemente lo pasan muy mal para superar las pruebas de acceso a la universidad. Y luego, cuando están dentro, suspenden y repiten cursos, y todo lo que están haciendo les sirve de muy poco. Estos jóvenes, probablemente, serían mucho más felices poniéndose a buscar trabajo en lugar de estudiar tanto.

Digo que este ejemplo nos puede servir para entender mejor lo que Jesús quiere decirnos en el evangelio. Jesús nos dice: “Si queréis ser mis seguidores, si queréis ser cristianos, pensadlo bien. Porque para ser cristiano hay que tener realmente ganas de serlo, hay que ser capaz de hacer lo que mi evangelio pide, hay que escogerlo personalmente”. No se puede ser cristianos sólo porque de pequeños nos bautizaron y toda la vida lo hemos sido.

Para ser cristianos hay que querer serlo. Y si no, mejor sería borrarse. Y luego Jesús termina con una sentencia clara y definitiva, que explica las condiciones que uno debe ser capaz y estar dispuesto a aceptar: “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”. Así como para entrar en la universidad, si uno no tiene ganas de estudiar o no sabe, es mejor que no entre, para ser seguidor de Jesús uno tiene que estar dispuesto a renunciar a todo, a ESCOGER A JESÚS Y SU EVANGELIO POR ENCIMA DE TODO. Hay que amar a Jesús por encima de toda cosa; hay que aceptar la cruz de Jesús. Y si no, mejor no meterse. ¿Qué significan esas condiciones que Jesús pone a los que quieran seguirlo, las condiciones de amarlo a él por encima de toda cosa, y llevar su cruz? La primera condición es ésa: amar a Jesús por encima de toda cosa. Es decir -explica el Evangelio con dureza- hay que posponer al padre y a la madre, a la esposa y a los hijos… Amar a Jesús más que todo lo que uno pueda amar.

Jesús nos está diciendo que no podemos convertir a nuestra familia en lo más importante de nuestra vida, ni tampoco nuestro trabajo, ni nuestro partido político, ni nuestro amor a la patria, ni ninguna otra cosa. Y menos aún, claro está, nuestro dinero, o el fútbol, o la tele. Que por encima de cualquier cosa que amemos debemos ponerle a él, debemos poner la salvación que él nos da, y debemos poner la llamada que él nos hace a seguir su evangelio. Debemos saber que todas las cosas -todas- son relativas, porque la vida plena sólo Dios la da. Y debemos saber que el camino de esta vida es el camino del Evangelio, con todo lo que el Evangelio implica de apertura a todos -los que no son de nuestra familia, o los que no piensan como nosotros, por ejemplo-, de entrega y atención a los demás, de preferencia por los pobres… Todo lo que amamos debemos amarlo teniendo muy en cuenta eso que nos dice Jesús. Si no, difícilmente nos podremos llamar cristianos.

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