Walter Herrera Moncada, poesía para colorear sentimientos

Ángel Gómez Giraldo

Hoy por hoy es el maestro que forma alumnos en la pizarra del desarrollo humano en una escuela con un nombre tan bello que parece  sacado de uno de los poemas suyos: “Compartir-Las Brisas”. De la comuna Villa Santana donde las nubes son más blancas.

Sí, este pereirano tiene la poesía en la fuerza de la mirada. Sus ojos poseen esa luz que necesita  la inspiración para hacer metáforas. Fue que Walter llegó a este  mundo en medio de un intenso verano. Cómo sería la sequía en Colombia en 1991 que algunos observadores del acontecer local se atrevieron a señalar que hacía sonar las campanas del templo de La Trinidad de Berlín, sector popular de la capital de Risaralda.

Su abuela Cruz Elena Molina, flor de los guayacanes de Belén de Umbría y mujer que al conseguir esposo salió con el de ronda para darse el gusto  tener un hijo en cada pueblo del departamento, asegura que desde que su nieto llegó a la edad de los tres años intuyó que iba a ser poeta ya que era un niño que no decía bobadas, “por el contrario hablaba con las palabras más bellas que tiene el español”.

 

La poesía

La adolescencia le vino con un chorro de poesía y a la Universidad Tecnológica  llegó con un recital que en algo le valió para salir del Alma Mater con el título de licenciado en comunicación e informática educativa. Pero fue más allá, hasta la Universidad de Santander para alzarse con una maestría en Gestión de la Tecnología Educativa.

“Es que la poesía me ha dado para todo”, afirma con gesto de agrado. Y es verdad. El título de poeta se le otorgó durante un recital colectivo en la Calle de las Letras, peatonal del Banco de la República, en evento programado por Mariela Restrepo, dama floral y directora de la Academia de Historia, Literatura y Arte de Colombia.

Walter como poeta es un abrazo en la distancia, igual al poema suyo que bautizó con este nombre como si hubiera sido  escrito a conciencia del tiempo de pandemia que estamos sufriendo:

Desde la reja involuntaria de mi encierro,/ me desespero / me angustio y me estreso. / Quiero darte un abrazo, un beso / sentir tu aroma y regazo. / No se si hay un mañana, pero desde mi libertad condicional/ desde la incomodidad del hogar / te dedico la caricia de mi soledad.

En otro de sus poemas se interroga con dureza: ¿Para qué negar el miedo? Quizás para volver a la soledad, sentimiento que parece estarlo moliendo y que describe de la siguiente manera:

“Es esa sensación de compañía en la soledad”, / ni la conciencia del ciclo permitido, / es la angustia en la deriva/ de empezar un nuevo camino.

Otras veces se arriesga
al recuerdo:

Lo mejor es no esperar, /cada paso evoca  la renovación / y si debo marchitar / nada evitará mi designio.

 

Vivido y sufrido

Se puede aseverar que Walter ha vivido y ha sufrido la poesía. Mejor aún, se santigua cada mañana  con ella. De lo contrario no hubiese encontrado el verso transparente como el cristal, con buen ritmo y ángel sentimental.

Walter Herrera Moncada, el poeta, el educador es persona ganancia para la población dicente de más de mil rostros angelicales que tiene el colegio Compartir-Las Brisas de Villa Santana que aunque no tienen las alas doradas con lujos materiales viven con la ilusión de ascender hasta la cima de la montaña.