Viento que gime entre las flores…

Ángel Gómez Giraldo

Decía Jorge Luis Borges que la poesía es algo tan íntimo, tan esencial, que no puede ser definido sin diluirse.

Y es totalmente cierto porque puede definirse con las palabras de una frase rítmica de un escritor estadounidense diciendo que “poesía es la aparición de un faisán entre la maleza”.

Sin embargo es nuestro deber tener siempre presente que el amor, la poesía y la pintura por ser expresiones de un sentimiento personal e intrínseco, no se definen, se hacen, y todo al final es  arte.

El mensaje

Eso sí, en la obra artística está el mensaje, que es subjetivo, porque con  el amor uno va hasta donde quiere ir, con la poesía siente lo que quiere sentir y con la pintura ve lo que quiere ver.

De todas maneras si hablamos poéticamente de la poesía si es como un ave hermosa porque se hace con las palabras más bellas del idioma, las que tienen ritmo que pone a hacer aeróbicos al corazón.

Palabras que se amalgaman para la metáfora.

O si no, estos dos versos iniciales del poeta risaraldense, John Fernando Córdoba correspondientes a su poema titulado Eres:

En la otra parte de mis días/ de mis horas.

Qué reafirmación tan desgarradora de un sentimiento de amor.

Este poema aludido hace parte de la recopilación de sus poemas en la publicación literaria Punto de Siembra antecedido por un editorial donde le da la bienvenida a los señores escritores de todas las edades y regiones en todos los géneros literarios a sembrar letras en el dulce sabor de la caña, del café y de toda la amalgama de  aromas y sabores de nuestra gran Colombia.

¡Qué bonita entrada para un libro que guarda sonoros versos!

Yo mezclo con estos olores los que perfuman a la trasnochadora y morena como son el del mango biche con sal, el chontaduro con limón y miel de abejas que día y noche aromatiza las calles de esta ciudad de sol caprichoso que también tiene poesía en el  bambuco y el tiple  de orfón.

Condenado

Estoy de acuerdo con Ana Rosa Valencia cuando al hacer la presentación del poeta John Fernando Córdoba afirma que es un escritor condenado al camino del poema, para agregar luego: “Y desde esa soledad lacerada de pasión, una esperanza nos susurra que en sus líneas como antiguo agrimensor de la palabra, el mismo, con un afán de elucubrar sus soliloquios, delimita, mide y se rectifica sin buscar un norte, reescribiendo, reestructurándose, reconociendo la grandeza del dolor del poeta, del hombre, del individuo que está atado al texto lírico, al viento que gime entre las flores”.

No miente porque en verdad el poeta Córdoba arde como leño seco en la fogata de sus propios versos y le pone encima mil lunas de ausencias, floridas mariposas, sonrisas, y hasta lágrimas, todo un arrume de sentimientos inspiradores que a la vez son deseos, fantasías para perderse en batallas de amor.

Pero al igual lo asaltan bandadas de renegados, palabras y frases que tienen la fuerza del galeote y hacen sus poemas.

Se leen en su poesía que ilumina la publicación con un nombre que parece haberle llegado con  carga de semillas: Punto de Siembra. Como para que los lectores entiendan que coser poesía es labor de iluminados.

Vida ardiente

Así y todo a este  nuestro vate le llega un momento en que su ardor de vida es tan fuerte que grita como un condenado que ha quedado en las manos del verdugo:

He cosechado demasiadas tinieblas/ desmedidas dudas/ he florecido álgidas espinas.

¿Qué dolor de adentro sufrirá un hombre que desde afuera nos anima con sus diabólicas carcajadas?

En el poema, siento Miedo señala que lo ha vivido:

Miedo de la angustia/ enamorado del silencio/ de las palabras que ignoro/ entre mis versos.

Llega un momento en que el voltaje de la inspiración lo envalentona y anuncia:

Reto a los poetas del apocalipsis/ para que me enfrenten un juicio moral/ por su soberbia/ sabemos del terror/ deshonrado por su propia tragedia/ Sembradores de angustia/ lúgubre/ cautivos/ de sus vacuas quimeras.

La poesía de John Fernando Córdoba dada a conocer ahora, es como su resurrección luego de haberse visto casi en el punto final de su existencia como causa de absurdo accidente.

Ellos me han conquistado además porque vienen de un músico y así le es fácil hacer el verso. Bambucos escritos para la agrupación musical Nostalgia.

Y, todo según él para la mujer y todo lo que simboliza la existencia.

Otros lo ven explotar en emociones y sentimientos humanos como lo hacían los llamados poetas malditos.

El poeta de los arreboles eróticos, Leonardo Fabio Marín, que lo conoce bien tanto cuando va a su labranza lírica como cuando regresa, se atreve a enseñarnos: “Es en esa prepotencia insoportable, donde el poeta toma visos de enviado de los dioses y dedica los pocos días de su existencia a transgredir todas sus percepciones para convertirse en un ser que asume la vida como un eterno retorno a la nada que le precede y a la nada que le espera sentada…”

La invitación es pues a leer este poemario de John Fernando Córdoba, todo poeta, todo humano, todo hombre.