Una samaritana en apuros

Alonso Gaviria Paredes

Se cuenta en la retromarcha de tormentosa espera dos años y medio (o fracción como en los parqueaderos) el secuestro, retención (en lenguaje diplomático), prisión, cautiverio y mil yerbas malignas más en sufrimiento para la monja colombiana Gloria Cecilia Narváez tomada a la fuerza por un grupo de fanáticos matriculados como musulmanes rebeldes desobedeciendo los postulados caritativos de Alá y el profeta Mahoma.

El insurgente imbécil ni en momentos sagrados de las cinco oraciones diarias abandona su fusil Ak-47. Para colmos tiene otro historial de arrebatar un centenar de niñas escolares. Referencias de prensa en Europa informan que pide rescate en moneda internacional. El reducido grupo católico de ese lugar, Malí, no dispone de los recursos; y mucho menos las autoridades de El Vaticano.

Igual tratamiento han recibido religiosas misioneras y de clausura cuando algunas de esas regiones convertidas en países. Bien mal o mal bien, afirman citas de la civilización occidental: En la vida hay que temerle a un virus, a un ignorante con plata y a un bruto con mando. El terrorismo es el brazo armado del infierno, incluso en Colombia lo padecemos y tiene varias sucursales.

El periodista Adolfo Luziriaga corresponsal de la revista Más Allá dice de lo propuesto y a instantes de realizar en El Vaticano por cuenta de la banda Baadermeinhoff con dirección del terror en prisión: Carlos el chacal y con huella venezolana, planeó raptar al Papa Pablo VI en el mismo miniestado (1976) y coincidiendo con la cumbre de la OPEP (los ricos del petróleo reunidos en Viena) coincidencias a la par. Una grabación de los asaltantes: “Böse, Tiedemann, cuidado con los guardias suizos… esto es una misión histórica… sigamos Santidad…” Por fortuna, el dirigente radical palestino doctor Haddad desautorizó la operación. Francisco el argentino vaticanizado de por vida, valiéndose de sus excelentes relaciones con naciones respetables y representaciones en la ONU con militancia musulmana más la discreción y franqueza que tiene, puede pedir a sus colegas en el servicio exterior, mediar ante ese Alí Babá y sus cuarenta fúsiles. En Colombia, solo la prensa escrita, hablada y de televisión ha mostrado los reclamos y angustias de la familia nariñense de la samaritana en apuros. El oficio evangelizador en selvas colombianas y en países extraños es la profesión y devoción más dura.

Recordemos cuando vino a Colombia el poeta soviético Evgeny Evtushenko y amigo del poeta nadaista en su furor el antioqueño de Andes Gonzalo Arango. Éste a título quizás de turismo o contemplación arquitectónica por la altura, acompañó al ruso al templo de Monserrate, Bogotá.  Uno ateo y otro solo creía en su Manifiesto literario. Gonzalo dijo: “Encendamos una veladora por alguien que no es creyente”. El soviético asintió. Se puede decir: París vale una misa y la hermana Gloria Cecilia Narváez por la más o lo menos, un sorbo de agua liberadora.

Hace algunos años, las monjitas también ejercían como enfermeras y acompañantes en los hospitales (hoy la reforma de salud exige “dizque” trasnochador civil familiar). Una de las acciones más bellas que valió una poesía del versificador pereirano don Luis Carlos González Mejía fue La Hermana María. Ella atendía con diligencia clínica al compositor maestro Enrique Figueroa quien aliviado musicalizó unos versos Gonzalistas y suenan a dulce de alegría.

El comportamiento samaritano sin horas extras ni dinero de sacristía de la Hermana María lo interpretan con arpa diamantina mensajeros de las alturas. Una monja colombiana misionera y enfermera de África de Watusis pacíficos y también en sitios de guerrilla totalitarista piloteaba avioneta. Era camellar por los aires.

En Colombia por finales de los años sesenta y primarios de los setenta unos bandoleros con supuesta ideología parasitaria, asesinaron dos monjas y un campesinito que se transportaban en un campero. Con armas desiguales no se puede luchar. A título de biblioteca dos libros de Evtushenko: Los exploradores del porvenir, Avenida de los entusiastas. El pontífice suramericano y hoy universal converse con amigos de gobiernos africanos o un delegado que hable árabe. Colombia tiene tres embajadores en el área de coordenadas religiosas: Ana Milena Muñoz embajadora en Egipto, Jorge Mario Eastman Robledo (hijo) en la Santa Sede, Jaime Amín Jefe de la Misión en Emiratos Árabes, Catar, Kuwait, Barein, Yemen, triangulando los buenos oficios.

Hermana Gloria Cecilia Narváez: Usted si es una mujer de hábitos tomar, ofrézcale una gota de agua del tinajero que el Galileo africano le reclama. “O es la arcilla la que contiene el cántaro milenario, o éste, su acercamiento refrescante” (Según poema medianamente recordado de un poeta colombiano).