Sin año nuevo en la cantina

Ángel Gómez Giraldo

Ahí me la encontré descuadernándose con el sol de la tarde: no era una mujer, era una imitación, pura bisutería, pero eso sí, le brillaba la feminidad.

Todo un canelazo de piel morena y cabellos lacios, oscuros y recogidos hacia atrás.

Blusa de monja novicia, cerrada hasta el cuello. Sin embargo los shorts ¡ay Dios! No eran “chorcitos” por lo diminutos ocultando, tal vez, poca cosa.

Esto de frente, por detrás si era una desgracia porque no tenía nalgas que levantar el mini pantalón. La flacidez era piel colgada por fuera de esta prenda de vestir que más que esto parecía un pañal.

Pero eso sí, el bolso de mujer bien puesto sobre el antebrazo de la mano derecha como solo saben hacerlo las mujeres distinguidas.

¿Y el rostro? Parecía de Monalisa criolla.

Al percatarse de que estaba a su lado, sus labios se distendieron levemente a imitación de la Gioconda de Leonardo de Vinci.

Voz de jadeo suave, muy sutil como sirena de cuento infantil, apenas como para amortiguar este calor y esta sed de verano en las calles de Pereira.

Loca, la joven travesti, loca mirando a lado y lado con la ansiedad de la mujer que pierde uno de sus aritos en la calle.

Graciosa al mover el cuerpo, ellas son modelos naturales.

Llegó el momento en que hice las del matador de toros con el astado en la arena: me le acerqué con el cuerpo templado y la decisión a muerte para una faena de muletazos.

¿Dime “niña”, de que te ocupabas el 31 de diciembre a las 12 de la noche?

(… casi se le sale el corazón pero me respondió con voz de Geisha):

-Nada. A esa hora me encontraba sentada en un parque de la ciudad de Manizales.

Me conmovió. Cómo puede ser. ¿Una travesti cenando soledad en la fiesta de año nuevo? ¡Son tan alegres!

El diálogo no fue más, y ella desapareció arrastrando cierta nostalgia y angustia existencial.

Más adelante

Caso contrario el de María Elena, con todas las hormonas de mujer bailando al frente de su humilde puesto de ventas reducidas y de mucho ajetreo diario.

Dientes grandes como Dios se los hizo para una sonrisa blanca, muy alegre.

¿Qué hacía terminando el año?

Dicharachera que lo es, primero me dijo que era oriunda de Guática (Risaralda). Después que comiendo.

Pasé así mismo a la ferretería que hace 3 meses abrieron dos muchachas de emprendimiento y empoderamiento de fierro, allí mismo, en la carrera 9 frente a esa bella edificación, que tiene nombre de artista pereirana, Lucy Tejada.

Ellas con tanto emprendimiento y empoderamiento… ¿Qué hacían?

“Rumbiando”, contestaron en dúo. El adiós fue con sonrisas del mismo tamaño del Lucy Tejada.

El frutero

De otra parte, el frutero con una edad en que ya nadie le saca los jugos puesto que el tiempo se encarga de tumbar el fruto más alto y vuelve musito lo que una vez fue firme, sacó fuerzas de donde no las tenía para responderme:

“Viendo televisión”.

¡Qué soledad tan sola es la que carcome al viejo! Sin embargo conserva el buen humor: “me llaman el mosco, no lo vayas a olvidar”, agregó.

Nadie puede estar más solo que una persona que no tiene a otra a su lado un 31 de diciembre.

Conmovido hasta los huesos, abracé al “mosco”.

Al hotel

Así y todo, de una, al Hotel Sirena, difícil fue llegar hasta la recepción de un negocio en lugar sórdido y de tristeza gris, de gradas oscuras y empinadas.

Lo paradójico, al llegar a la reja desde donde se pide el servicio casi siempre de rato, me recibieron dos mujeres, empleadas como hechas en el mismo cielo.

Amables. Se identificaron como Lucerito y la mamá.

Después de la pregunta, respondieron: “En casa preparando la cena de año nuevo”.

Al abandonar este local, me llamó la atención el aviso pegado en la fachada sobre lo más alto de la puerta de acceso:

“Hotel la Sirena, espectaculares habitaciones. TV, baño privado y wifi”.

Todo esto en un lugar donde abundan la ventas de frutas, las papas y las arracachas y otros productos agropecuarios.

restaurante

En el restaurante de por aquí mismo si me fue mal. Como a perro en festival de juegos pirotécnicos.

Le pregunté a la propietaria, y en vez de responderme me miró como hormiga cachona y guardó silencio.

Adelante tuve mejor suerte porque me encontré con dos puticas y como las puticas son más abiertas que un zanquero corriendo por la calle, abrieron la boca al tamaño y una me dijo que comiendo chorizo y bailando, y la otra que ni comiendo ni bailando. Vaya y póngalas pues de acuerdo.

En la sala de belleza las modas, donde dos peluqueras cortan años en cabeza de los adultos, con muchas otras personas recibieron el año nuevo en un centro comercial de la ciudad ya que estos se convirtieron en sitios de recreación y diversión.

cantina desolada

Como los establecimientos donde se consume licor y mujer sacan fuego del infierno para prender la fiesta, me presenté en el Bar y Cantina la 15, donde el paisaje urbano es bastante gris.

Así, la cantina es lo que permanece del pueblo que una vez fue Pereira.

En el primer piso con poco espacio para el erotismo, mesas de madera, música rural a todo volumen para hombres rústicos.

Ángela, mujer con vida de unos 30 chontaduros, cotidiana allí, arrinconada en una mesa con dos viejos comiéndose sus propios tedios.

El cantinero quien manda la parada en este establecimiento de puertas abiertas como las de un dragón chino haciendo de las suyas tras la “barra”:

– Soy Uriel David Orozco, 20 años sirviendo a los borrachitos.

Le gusta más que lo llamen por el remoquete de “El Chamo pereirano”.

Hombre “Chamo”, ¿qué tal la cantina a la media noche del pasado 31 de diciembre?

– Cerrada… contestó.

Resulta que El Chamo cuando faltaban 5 minutos pa’ las 12 de la noche cerró la cantina y fue a casa a recibir el nuevo año con la familia.

Quedé como con hambre y sin qué comer. Fue una situación de shock.

Hasta rabia me dio saber esto de una cantina que permanece abierta día y noche. Cerrada en plenas fiestas de fin de año.

Sin embargo un transeúnte, al pedirle que me diera su opinión de una cantina cerrada el 31 de diciembre, me inquirió:

– Bien porque el 31 no es para abrazar puticas alborotadas ni queridas zalameras; solo la familia y los amigos.

En Ganemás

A pesar de tanta fiesta en hogares y clubes, en el Almacén Ganemás no encontré señas de excesos de las fiestas. Toda la mercancía bien puesta y los 5 maniquíes de la vitrina, mujeres y hombres jóvenes, esbeltos, rozagantes y sonrientes.

Cómo se ve que no amanecieron “enrumbados” el primer día del año 2020…