Jonas Mekas: el crítico como artista

Omar Ardila

Nacido en Lituania en 1922, Jonas Mekas es uno de los más importantes directores de las segundas vanguardias cinematográficas, las cuales tuvieron su principal desarrollo en Nueva York desde mediados del pasado siglo y hasta los años setenta del mismo. Aunque se lo ha exaltado usualmente como director, poeta y artista, en pocas ocasiones se le ha reconocido su importancia como crítico y promotor del cine experimental norteamericano a través de su columna “Diario de cine”, publicada en el periódico Village Voice desde 1958. Asimismo, fue cofundador en 1954, junto con su hermano Adolfas, de la emblemática revista Film Culture, que tuvo su existencia hasta 1996 y por la que pasaron importantes plumas como Rudolf Arheim, Peter Bogdanovicch, Manny Farber y Annette Michelson.

 

En el XXI Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas de Cine estaré realizando una revaloración de Jonas Mekas como crítico de cine, honrando su vocación como gestor, difusor y animador de los espacios alternativos para la circulación de la cultura fílmica. Por ahora, y como adelanto, les dejo algunas citas de este importante director sobre su particular manera de entender la crítica de cine:

 

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Cuando empecé a escribir mi Diario de cine, el Nuevo cine americano estaba en sus principios. Cassavetes acababa de terminar Shadows (1959), Robert Frank y Alfred Leslie estaban filmando Pull my daisy (1959). El insecto del cine ya nos había mordido y el aire estaba cada vez más cargado de energía y esperanzas. Presentíamos que el cine sólo estaba empezando -¡con nosotros!-. De manera que, a pesar de que mi intención era, en mis primeras columnas, convertirme en un “serio” crítico de cine y hablar “seriamente” de cine de Hollywood, descubrí muy pronto que mi distintivo de crítico no me era de mayor utilidad. Debía, en cambio, armarme de una espada y convertirme en un auto designado ministro de defensa y propaganda del nuevo cine. Nadie tomaba en serio al nuevo realizador. El cine no-narrativo no era considerado como cine. Mis colegas lo ignoraban o lo atacaban. El mejor momento para atacar algo es cuando es demasiado frágil para defenderse. Los que están dando luz, ya sea vida u objetos de arte, son vulnerables en el momento del alumbramiento. Es por eso que los animales se esconden en los lugares más inaccesibles cuando dan a luz: intentan huir lo más lejos posible de los críticos de cine establecidos.

 

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Quizá se hayan dado cuenta de que, de un tiempo a esta parte, he estado escribiendo sobre películas que no se pueden ver. Las cosas están mal cuando lo mejor del cine contemporáneo no puede ser visto por el público…Como crítico de cine, tengo una pregunta: ¿debo ignorar este cine porque los críticos y las salas lo ignoran? ¿Debo escribir sólo sobre cine comercial, como otros críticos?

 

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Si el crítico tiene alguna función, es la de buscar lo bueno y lo bello a su alrededor, lo que ayude al hombre a crecer dentro de sí mismo; interpretarlo, y no aferrarse a trozos de basura, a errores, a imperfecciones. Como si esos errores e imperfecciones tuvieran realmente importancia.

 

Termino esta breve reseña reconociendo la disposición de Mekas y los demás creadores del cine experimental, de hacer una propuesta ética antes que estética, centrada en el hombre y su realidad. De allí la frontal lucha que sostuvieron contra el Establecimiento y contra todo lo que representaba Hollywood como uniformización de las formas y las ideas. A manera de respuesta digna y honesta, propiciaron su propio círculo de creación, distribución y exhibición. Se movieron con un espíritu cooperativo para crear y sentirse libres, al margen de las formas preestablecidas y denunciando el peligro de los autoritarismos.