“Jesús y la Samaritana”

Jesús, durante su corto ministerio, conversó con gentes sencillas y gentes importantes como Nicodemo y negó la palabra a Herodes.

La conversación más larga y más espiritual la mantuvo con una mujer cuyo nombre desconocemos, la samaritana, la mujer junto al pozo del patriarca Jacob. Conversaron sobre el agua, agua del pozo que no quita la sed y agua viva que sacia, la sed.

Carlos Santana, el famoso guitarrista mejicano, en una entrevista reciente hizo esta afirmación: “La espiritualidad es agua pura, la religión es Coca-Cola, un negocio”. Afirmación que nos puede molestar, pero que nos tiene que hacer pensar.

El domingo pasado robaron la colecta de una mega iglesia de Houston. Lo que los fieles dieron ese fin de semana ascendió a seis cientos mil dólares. La iglesia de Lakewood es pura Coca-Cola, un gran negocio. Sólo en colectas colecta más de 32 dos millones de dólares al año, sin contar otros muchos negocios.

Hoy son muchas las personas que se definen como “espirituales” pero no “religiosas”. La religión organizada la consideran como un montón de normas y mandamientos esclavizantes. Sólo ven lo externo, lo humanos, que siempre, siempre dejará mucho que desear.

El evangelio de hoy, Jesús conversando con una mujer junto a un pozo, encierra muchas enseñanzas, Yo quiero fijarme en una relevante para nuestro tiempo.

El hombre sentado junto al pozo no es un hombre cualquiera, es Jesús, el hombre libre y liberador, el hombre guiado por el Espíritu, descarado y atrevido, que vino a derribar todas las barreras y vallas que levantamos los seres humanos.

La barrera del género. Habla con una mujer en la calle, cosa prohibida.

La barrera de la religión. Samaritanos y judíos adoraban a dioses distintos, y en lugares distintos, los samaritanos en el templo de Garizin, los judíos en Jerusalén. La religión era la gran barrera que separaba y enemistaba a estos vecinos.

La religión, nuestro ligue con Dios, un Dios que tiene muchos nombres y se le da culto en muchos templos y de muchas formas diferentes, la religión verdadera da culto a un solo Dios, el innombrable y el Totalmente Otro.

Jesús a las 12, mediodía, ignora esa barrera religiosa y entabla conversación con la mujer que va a sacar agua del pozo.

Sí, Jesús vino a abolir la religión con minúscula, la que divide a los hombres en buenos y malos, en salvados y condenados, en católicos y cristianos, protestantes y ortodoxos…porque vino a religarnos con Dios Padre, a inaugurar una nueva alianza con los hombres.

Como los hombres de hoy critican a los Reverendos y a los curas, Jesús criticó despiadadamente a los profesionales de la religión de su tiempo, sacerdotes, escribas y fariseos. “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. No imitéis su conducta, dicen y no hacen, atan cargas pesadas a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quiere moverlas” Su vida pública la vivió enfrentado al aparato religioso d su tiempo y fue la religión oficial judía la que pidió su crucifixión.

Del “dame de beber” de Jesús pasamos al “yo te daré un agua que saciará tu sed para siempre que le ofrece Jesús.

Para los predicadores de la religión los tres versículos más importantes de esta conversación son los que se refieren al matrimonio de la samaritana. La religión necesita pecados para existir. La espiritualidad necesita conexión.

La samaritana no se hizo judía, no fue a Jerusalén, pero fue conectada con el agua viva del amor de Dios. (Olvidemos el número 5, símbolo de los cinco dioses samaritanos o consecuencia del cumplimiento de la ley del levirato)

“Créeme mujer, se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto a Dios. Ya está aquí la hora en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad”.

Adorar a Dios en espíritu y en verdad. Sólo el Espíritu autentifica nuestro culto, nuestra religión. Guiados por el Espíritu conectamos con la fuente de agua viva. Sólo el Espíritu puede llenar el cubo vacío de nuestra religión de obras muertas.

A Booker T. Washington le gustaba contar la historia de un buque que navegaba por el sur del océano Atlántico y hacía señas a otro buque que navegaba por allí: Ayudadnos. No agua, Nos morimos de sed. Los del otro buque les gritaron: Echen sus cubos donde están. Los del barco siguieron gritando: Ayuda. No agua. Nos morimos de sed.

La respuesta era siempre la misma. Desesperados decidieron seguir el consejo y llenaron sus cubos con agua clara, fresca y dulce de la desembocadura del Amazonas.

Estaban rodeados de agua dulce por los cuatro costados, sólo tenían que cogerla, peros ellos ignorantes pensaban que se encontraban rodeados de aguas saladas.