Con cerveza de jengibre y pan de centeno

José Fernando Ruiz Piedrahita

Cuando conocí a Enid Blyton ya era mayor. Lamenté no haberla conocido en los años escolares porque seguramente habría disfrutado mucho en ese entonces. Pero nunca es tarde para conocer a buenos escritores como esta mujer de origen inglés que dedicó gran parte de su vida a escribir para los niños y adolescentes. Su obra es grande, se cuentan alrededor de 100 libros escritos una vez terminó la segunda guerra mundial y ella se dedicó a escribir. Estamos hablando de una mujer nacida en el año 1897 y que murió en el año 1968, que se casó en dos oportunidades y que fue malísima en matemáticas.

Fue mi esposa la que me presentó a esta escritora. Trabajaba en RCN hace ya muchos años y hacía los turnos de control en Rumba Estéreo en Dosquebradas. Entraba a las 10 de la noche y salía a las seis de la mañana. Era una época en la que el computador aún no había llegado a las emisoras y mucho menos a nuestras vidas. El turno lo hacíamos completo sin tener mucho tiempo para hacer otras cosas, pues los temas musicales duraban en promedio tres minutos, y una vez terminaban, se ponían las cuñas radiales en cartuchos y se anunciaba el tema siguiente. En la madrugada solo se empataban los discos que giraban en los tornamesas. Pero mis turnos en esa emisora tuvieron la feliz compañía de esta mujer que contaba historias maravillosas de cinco personajes. Eran estos chicos dos hermanos: Julián y Dick con su prima Ana, con ellos estaba Georgina a quien todos llamaban Jorge y el inseparable e infaltable perro Tim. Estos personajes conformaban a “Los Cinco” y con estos niños imaginarios Enid Blyton escribió 21 novelas maravillosas, llenas de aventuras, misterio, intriga y suspenso no exento de algunas gotas de terror y villanos malvados muy variopintos.

A eso de las diez de la noche recibía de mi compañero el turno con las novedades de la emisora. Las novedades eran los registros que hacíamos para dejar por escrito lo que había pasado en el turno. Se incluían por ejemplo las nuevas promociones radiales, las salidas de ciertos clientes, las reposiciones de cuñas debido a retrasos en la programación. Se registraba también la entrada de nuevos discos, etc.… Dejar listo el turno ocupaba más o menos una media hora y luego a “moler” música y a leer, por lo menos en mi caso. Sé de muchos compañeros que dormían plácidos en esas horas de trabajo. Otros recibían visitas especiales y no faltaba el que remojaba la garganta con algún traguito extra. Pero yo, la única visita que recibía era la de doña Enid. Cuando salía de casa lo primero que ponía en la mochila era uno de sus libros. Los cinco en la caravana, una aventura de los cinco, un fin de semana de los cinco, los cinco van al circo, los cinco en vacaciones… fueron 21 novelas que disfruté mucho durante esos años. Claro que después que terminé la serie, seguí con las aventuras de los siete secretos. Era esta serie de aventuras detectivescas, otro espacio maravilloso para leer en la tranquilidad de las altas horas de la noche, descubrí a los Siete Secretos, un club de detectives conformado por siete niños que abordan investigaciones sobre desapariciones misteriosas. También tienen perro y una antagonista permanente que, aunque afecta la trama, no siempre es la mala en cada una de las historias. Los siete Secretos es una serie de 15 volúmenes que también tuve la felicidad de leer mientras sonaban los éxitos salseros, parranderos y demás ritmos tropicales en los tornamesas de Rumba Estéreo de RCN en la sede de Dosquebradas.

Una noche, a eso de las tres de la madrugada y en medio de una canción de Cuco Valoy, sentí una extraña presencia en la oficina de la emisora. Algo parecía que me observaba, pero no lograba descubrir qué o quién era. Dejé el libro de Los Cinco En La Caravana a un lado de la mesa donde estaba la consola de audio y me levanté lentamente esperando encontrar algún ser mitológico detrás de mí. No había nadie en las cercanías, así que retomé la emocionante aventura donde Tim, el perro, había descubierto una pista. Sentí una respiración agitada cerca de mi cuello. El coro de la canción salsera inundaba el pequeño estudio de la emisora:

“Juliana que mala eres… qué mala eres Juliana”.

Una sombra se movió detrás de mí. Me encomendé al altísimo, pensando que o era un fantasma que me iba a llevar a los profundos avernos, o un ladrón que aprovechando las altas horas de la noche iba a robar algo de la emisora. No, no era ninguno de los dos. Era el auditor de RCN radio que estaba de ronda por la ciudad y que miraba lo que estaba leyendo por encima de mi hombro. 

    

– Uyy… Don Hernando… qué susto me ha dado. — dije con el corazón galopando

     Ahhh… usted está leyendo.

      Si señor…

      Ahhh bueno. Pensé que estaba viendo revistas raras.

      No señor, me gusta leer.

      ¿Todo bien por aquí?

      Sí señor. “Sin novedad en el frente” *

      ¿Cómo?

      Que todo está bien. No ha pasado nada extraordinario.

(*Alusión a la novela Sin Novedad en el Frente de Erich María Remarque)

El auditor revisó, leyó por encima lo que yo leía y se marchó. Yo seguí con la aventura y pronto empezó a entrar la luz de la mañana. El turno terminaba y guardé el libro de Enid Blyton en la mochila. Así pasé algún tiempo en la emisora Rumba Estéreo. Oyendo salsa, vallenatos, tropicales y deseando tomar una cerveza de jengibre con pan de centeno como describía la escritora inglesa en las aventuras de los Cinco lo que comían los chicos.

Después de tantos años aún recuerdo a los cinco. Así que invito a los padres, tutores, educadores y adultos que recomienden a sus hijos conocer el mundo de estos niños y adolescentes para descubrir la magia y la alegría de una lectura sana y emocionante.

Quien mucho lee, tiene mucho que decir y quien poco o nada lee, poco o nada tiene para contar. En la biblioteca pública hay mucho para leer, así que les invito a visitarnos en el centro cultural Lucy Tejada tercer piso. Además, le podemos ofrecer talleres de lectura interpretativa todos los miércoles de 3:00 a 4:30 p.m. de escritura creativa los lunes de 6:00 a 8:00 p.m. De apreciación cinematográfica los jueves de 3:00 a 4:30 p.m. y cine foro a las cinco de la tarde después del taller de cine. Cada mes hacemos un conversatorio con un escritor de nuestra región quien tiene la posibilidad de presentar sus obras literarias e interactuar con el público. Cada uno de estos talleres tiene aplicaciones reales como en el taller de escritura donde hacemos una publicación de los trabajos realizados por los estudiantes en una colección importante de una editorial pereirana. En el taller de lectura interpretativa, los estudiantes participan en el programa radial “La librería Fantástica” de la emisora cultural de Pereira Remigio Antonio Cañarte y los del taller de cine realizan un cortometraje que se pone a circular en redes y al que se le hace todo el proceso del cine a pequeña escala. Si está interesado en hacer parte de estos espacios abiertos, puede informarse en la recepción de la biblioteca pública Ramón Correa Mejía. Todos los talleres son gratuitos y se entrega al final, certificación de asistencia. Los esperamos.

* Comunicador social y periodista. Gestor cultural y promotor de lectura y producción literaria.Biblioteca pública Ramón Correa Mejía. jofer62@hotmail.com

1 comentario en “Con cerveza de jengibre y pan de centeno”

  1. excelente relato, y gracias por recomendar a tan encantadora escritora. me ha dado un impulso al amor por la lectura y escritura.

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